
La vieja guardia comunista en Alemania
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BERLIN (The Economist).- A diez años de la caída del Muro de Berlín, y varios miles de millones de marcos inyectados por los alemanes occidentales, los ex comunistas de Alemania Oriental, otrora títeres de los rusos, deberían estar en decadencia. No lo están. En los comicios regionales celebrados desde la reunificación, el electorado de los cinco Estados orientales aumentó su apoyo al Partido del Socialismo Democrático (PDS), sucesor directo de los comunistas, de un 10 por ciento al 20-25 por ciento. En los últimos doce meses, el PDS ha integrado, por primera vez, la coalición gobernante de un Estado: Mecklemburgo-Pomerania Occidental. También por vez primera, ha relegado al tercer puesto al oficialismo socialdemócrata en otros dos Estados orientales: Turingia y Sajonia. Algunos encuestadores dicen ahora que los respalda hasta el 29 por ciento del electorado oriental, 7 puntos más que un año atrás. Al mismo tiempo, el apoyo a los socialdemócratas ha rodado cuesta abajo, de más del 33 por ciento a un escaso 20 por ciento.
Elecciones parlamentarias
El PDS empieza a hacerse notar en todo el país. En las elecciones parlamentarias del año pasado, rompió por primera vez la barrera del 5 por ciento y obtuvo 36 bancas, o sea, el doble de las que ganó en 1990 en los primeros comicios parlamentarios de la Alemania reunificada (con normas especiales para los orientales). Hace unos meses, ingresó por fin en el Parlamento Europeo con casi el 6 por ciento de los votos alemanes. Semanas atrás, recibió con los brazos abiertos al primer "desertor" de nivel nacional: un parlamentario socialdemócrata de Baviera. Espera que lo imiten otros diputados izquierdistas, desilusionados con las políticas del gobierno de Schroeder.
Busca llenar el vacío que dejó el deslizamiento de los socialdemócratas hacia el centro, marcado por la partida, en marzo, de Oskar Lafontaine, ministro de Finanzas, presidente del partido y portaestandarte de su vieja izquierda. Ahora, para deleite del PDS, Lafontaine ha puesto en aprietos a Schroeder con su flamante libro, en el que ataca sus políticas "neoliberales"y su presunta incompetencia.
El PDS también comienza a atraer a algunos verdes desilusionados, exasperados porque su partido, ayer tan furiosamente pacifista, apoyó la guerra en Kosovo y, como miembro de la coalición gobernante, respaldó su plan de austeridad. Pero, por sobre todo, se aprovecha del resentimiento de los estados orientales ante la penosa lentitud de su regeneración tras cuarenta años de comunismo.
De hecho, los niveles de vida han subido, y mucho, en el Este. El problema está en las flagrantes disparidades que aún dividen las dos Alemanias. En el Este, el índice de desocupación es del 20 por ciento, el doble del occidental. Los salarios son aproximadamente un 20 por ciento más bajos; en algunas industrias, los trabajadores traídos del Oeste ganan el doble a igualdad de tareas y en una misma fábrica. Los Ossis (orientales) aún cobran alrededor de un 15 por ciento menos de jubilación, si bien la diferencia va reduciéndose. Casi todos los cargos altos son ocupados por Wessis (occidentales). No es de extrañarse, pues, si algunos orientales, olvidando sus penurias pasadas, añoran los viejos tiempos en que todos tenían asegurado un empleo y una vivienda barata.
Pocos Ossis quieren volver a un Estado comunista segregado. El 66 por ciento se declara conforme con la reunificación. Para casi la mitad, todos los alemanes constituyen ein Volk, un pueblo. No obstante, muchos ven con resentimiento el modo en que son "gobernados" por los Wessis, quienes parecen creerse "superiores". Desean cada vez más manejarse solos, aun cuando fueren menos calificados y experimentados. El PDS empieza a presentar una imagen más plausible de partido reformado, con líderes hábiles, capaces de expresar los resentimientos de los orientales.
Por cierto, la inmensa mayoría de sus afiliados (más de 100.000) y unos dos tercios de su estrato superior pertenecieron al viejo Partido Comunista de Alemania Oriental, que supo tener 2,3 millones de miembros, incluida casi toda la elite dirigente. Pero, en su nueva versión, el partido se ha desembarazado de gran parte de su vieja guardia y su antigua doctrina comunista. Acepta la unidad alemana y la integración europea; defiende una economía mixta, aunque fuertemente regulada y, de a poco, es aceptado como un partido "normal" de izquierda... al menos, en el Este.
Incursión en los sindicatos
Los occidentales todavía le temen y odian; sólo obtienen un mísero 2 por ciento de sus votos. Aun así, va trepando lentamente: ha duplicado los votos que recibió inmediatamente después de la unificación. Hoy, 11 de sus 37 parlamentarios son Wessis. En las elecciones locales de Renania del Norte-Westfalia, celebradas en septiembre, ganó por primera vez bancas de concejales en dos grandes ciudades: Duisburg y Essen. Asimismo, comienza a incursionar en los poderosos sindicatos alemanes que tienen sus sedes centrales en el Oeste.
Su aspiración más audaz es reemplazar a los socialdemócratas como segundo partido oriental, después de los demócratas cristianos. Sueña con sobrepasar a los verdes y los demócratas libres (liberales socioeconómicos) y convertirse en la tercera fuerza nacional. Los tres corren cabeza a cabeza en las encuestas, cada uno con un 5 por ciento de los votos. Y, hoy por hoy, el más animoso es el PDS.
© La Nación (Traducción de Zoraida J. Valcárcel)




