
Las escuelas de Sarmiento
Por Jacobo Schneider Para LA NACION
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Cuando leemos la obra de Domingo Faustino Sarmiento, quedamos admirados frente a su particular percepción de las disciplinas vinculadas no sólo con la educación sino también con la arquitectura, el equipamiento y la construcción. Basta con hojear De la educación popular para quedar admirados con sus conceptos de cómo debía ser el edificio escolar de entonces, que, a pesar de los años y los tiempos, constituyen los fundamentos de lo que es el espacio educativo de hoy.
Profundo observador, Sarmiento escribió este libro en 1848, después de sus largos viajes por Europa y los Estados Unidos, en los que pudo observar minuciosamente las nuevas formas de la metodología educativa, junto con los espacios educativos que se estaban creando. Sus conceptos sobre la construcción de las escuelas, el diseño de las aulas, su orientación y mobiliario lo colocan hoy como el gran maestro de nuestra infraestructura escolar.
Algunos párrafos de su obra señalan distintas ideas sobre las escuelas de entonces que podrían aplicarse plenamente a los espacios escolares de hoy:
"Los pueblos bárbaros permanecen estacionarios, menos por el atraso de sus ideas que por lo limitado de sus necesidades y por sus deseos. Donde bastan una piedra o un trozo de madera para sentarse, la mitad de los estímulos de la actividad humana están suprimidos.
"Nuestras escuelas deben, por tanto, ser construidas de manera que su espectáculo, obrando diariamente sobre el espíritu de los niños, eduque su gusto, su físico y sus inclinaciones. No sólo debe reinar en ellas el más prolijo y constante aseo, cosa que depende de la atención y solicitud obstinada del maestro, sino también tal comodidad para los niños, y cierto gusto y aun lujo de decoración, que habitúe sus sentidos a vivir en medio de esos elementos indispensables de la vida civilizada."
En otro párrafo agrega conceptos sobre el edificio escolar:
"Antes de pensar en establecer sistema alguno de enseñanza, debe existir un local de una forma adecuada. La instrucción de las escuelas obra sobre cierta masa de niños reunidos; un sistema de enseñanza no es otra cosa que el medio de distribuir, en un tiempo dado, mayor instrucción posible al mayor número de alumnos. Para conseguirlo, la escuela se convierte en una fábrica, en una usina de instrucción dotada para ello de material suficiente, de los maestros necesarios, local adecuado para que juegue sin embarazo el sistema de procedimientos, y enseguida un método de proceder en la enseñanza que distribuya los estudios con economía de tiempo y de mayores resultados."
Más adelante, la obra de Sarmiento detalla con absoluta claridad y conocimiento cada uno de estos aspectos, desarrollando sus ideas referidas al edificio escolar con claridad y amplitud de un gran maestro. No sólo se refiere al espacio educativo en sí, sino a los detalles del mobiliario escolar, a las condiciones de los espacios internos y externos de la escuela y a sus condiciones de orientación y confort. En resumen, Sarmiento se transforma aquí en el gran arquitecto que quizá vivió siempre en él, y que aparece en esta obra cuando tiene que expresar su forma de pensar los espacios para la educación.
La labor constructiva de Sarmiento comenzó con el reacondicionamiento del antiguo edificio de Perú y Moreno, en la ciudad de Buenos Aires, para crear en 1858 la escuela de Catedral al Sud, ejemplo avanzado para la época en materia de edificio escolar, y donde por primera vez ubicó los clásicos pupitres modulados que serían los notables protagonistas de todas sus futuras escuelas. Pero la gran obra sería, sin duda, la escuela de Catedral al Norte, que inauguró en 1860 y que se constituyó en el primer edificio escolar construido especialmente para escuela en la ciudad de Buenos Aires. Allí se reflejaron todas sus ideas en materia de espacios para la educación, con aulas, mobiliario y confort de avanzada para las pautas educativas de la época. Ambas escuelas ya no existen tal como fueron concebidas, a pesar de que la actual escuela José Manuel Estrada guarda algunas formas heredadas de la original.
Las ideas que entonces sembró Sarmiento en materia de edificios escolares dieron origen a infinidad de escuelas erigidas en todo el país, y se constituyeron indudablemente en los espacios creados para hacer vivir la Ley 1420 de Educación Común, valientemente impulsada por el Congreso Pedagógico de 1882, y base de toda nuestra educación pública y popular.
Los clásicos pupitres
A partir de entonces, nuestro sistema educativo se apoyó decididamente en las concepciones sarmientinas, que fueron los pilares básicos de la educación que llega hasta nuestros días, y se mantienen vigentes a pesar de los cambios y avances de la estructura social del mundo y de nuestro país.
Todos los aspectos vinculados con el espacio educativo fueron profundamente analizados por Sarmiento, desde las condiciones y características del terreno donde debía emplazarse el edificio escolar hasta los detalles de su diseño y construcción. También detalló en su obra las condiciones mínimas que hacen al confort de alumnos y maestros en su tarea escolar, tratando aspectos básicos de asoleamiento, ventilación, iluminación y calefacción de las aulas, y su aplicación a las construcciones escolares de entonces, y que hoy seguimos utilizando en el diseño de nuestras escuelas, con todo el apoyo que nos brinda el uso de la tecnología actual.
El equipamiento escolar mereció también su especial atención. El particular interés por el aspecto ergonométrico del mobiliario lo llevó a analizar las más avanzadas expresiones de la época en materia de asientos y pupitres que se estaban empleando en las escuelas norteamericanas. En sus visitas a las escuelas de Boston, observó con detenimiento la calidad formal del mobiliario y pudo comprobar cómo respondía a los requerimientos de cada edad escolar. Los pupitres articulados con cada asiento se constituían allí en un excelente apoyo para el confort del alumno en particular y para toda la actividad escolar en general. No dudó Sarmiento en traer algunos prototipos de ese mobiliario, que luego desarrolló prácticamente para las nuevas escuelas que habría de construir. Ese equipamiento, con algunas mejoras que fueron realizadas con el transcurso del tiempo, se constituyó durante muchos años en los clásicos pupitres sarmientinos que todos recordamos y que con tanta eficacia fueron usados en casi todas las escuelas de nuestro país.
Las nuevas formas de la educación y de los espacios educativos que hoy tratan de apoyarlas muestran indudablemente grandes cambios formales con respecto a la metodología tradicional. Pero si analizamos en profundidad los propósitos y objetivos de la enseñanza actual, encontraremos mucho del pensamiento de Sarmiento, reflejado en los principios y fundamentos de nuestro sistema educacional.
El mismo criterio para los espacios educativos, que, evolucionando notablemente desde mediados del siglo pasado, nos muestran ahora expresiones marcadamente distintas de las de la escuela tradicional, pero que expresan en su contenido las ideas que Sarmiento nos quiso transmitir en sus libros, escritos a mediados del siglo XIX.
El autor es miembro del programa de trabajo Espacios Educativos y Culturales, de la Unión Internacional de Arquitectos/Unesco.





