¿Las pastillas v. el diván?

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31 de mayo de 2009  

País de fanatismos, la Argentina fue, también desde los años 70, el reino del diván. Y ahora que buena parte de la clase media está fascinada con los psicofármacos, la idea que circula es que existe un enfrentamiento entre psiquiatras que medican con psicofármacos y psicoanalistas que siguen a Freud y a Lacan.

A Germán García, miembro de la Escuela de la Orientación Lacaniana, le parece que plantear un cruce entre las dos posturas es caer en una trampa ideológica. "No es improbable que cualquier persona que se dedique al psicoanálisis se tome un ansiolítico si se siente mal, o porque le tiene miedo a los aviones. Una cosa no quita la otra. Yo conozco gente mayor que se analiza y que toma medicaciones contra la hipertensión; y tiene problemas sexuales por la edad, y por la medicación, y entonces toma Viagra. Pero por eso no deja de venir a análisis".

De todos modos, si bien desde el psicoanálisis no se le niega una pastilla a nadie, lo que se cuestiona es la tendencia a sustituir la historia por la biología (echando mano del medicamento que actúa sobre determinados circuitos cerebrales) y adscribir a una ideología del rendimiento que arma equipo con la concepción de que necesitamos mediaciones (una pastilla) porque ya no podemos hacer nada solos.

Las posturas que apuntan al enfrentamiento, como la que planteó Catherine Meyer en El libro negro del psicoanálisis destacan que Francia y la Argentina son los dos países del mundo en los que el campo de la salud mental sigue siendo, en gran medida, territorio del psicoanálisis. Y que, paradójicamente, en ambos países el consumo de psicotrópicos es creciente. En uno de sus capítulos, Antoine Pelissolo, psiquiatra del hospital de la Salpetrière de París, dice que la falsa dicotomía del "a favor o en contra" de los medicamentos contra la depresión y la ansiedad sería ridícula en cualquier otro campo médico. Que lo que hay que discutir es la forma de indicarlos más que adoptar una postura ideológica. Descontando que la píldora de la felicidad no existe, plantea que así como ningún diabetólogo demonizaría los beneficios de la insulina, ningún profesional que trabaje con un paciente con patologías como la depresión debería actuar de manera dogmática frente a los nuevos medicamentos contra la depresión.

El psiquiatra argentino Eduardo Leiderman, resume lo mismo en el nivel local: "Lo que debemos preguntarnos es si en este país todas las personas deprimidas que deberían tomar medicamentos antidepresivos efectivamente los toman. Yo no creo que sea así. Por el contrario, me parece que existen muchas personas que podrían beneficiarse con los tratamientos, que no están medicadas o están submedicadas".

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