
Las polémicas caricaturas de Mahoma
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La publicación de unas caricaturas de Mahoma en un diario danés, y posteriormente reproducidas por varios periódicos europeos, ha desatado una profunda polémica entre la libertad de expresión y el respeto por la libertad religiosa. No se trata de adecuar el mundo entero a las prohibiciones del Islam, que considera como una blasfemia las representaciones gráficas de su profeta.
Y no se puede hacer porque no todo el mundo profesa dicha religión. Pero tampoco se puede justificar dichos dibujos basándose en que la blasfemia no es delito en ningún Estado europeo. Lo que está en juego no es eso, sino el respeto por la libertad religiosa. La prensa escrita tiene el legítimo derecho a exigir su libertad de expresión, pero de ahí a querer usar unas caricaturas para ridiculizar, satirizar, y burlarse irónicamente de millones de personas que profesan la religión islámica; existe una gran distancia. Como muy bien lo precisó Kofi Annan: "la libertad de prensa no debería ser una justificación para insultar a las religiones".
Otra dimensión del polémico caso es un claro contraste entre la cultura occidental y oriental. Hay quienes consideran que es un debate entre dos visiones distintas del mundo, que occidente pondera la libertad de expresión como base de toda sociedad democrática y laica; mientras que oriente considera como un crimen la representación del profeta. Pero al margen de cualquier consideración simplista, debemos ser objetivos al momento de pensar que tanto la libertad de expresión como la libertad religiosa son dos tipos de libertades que merecen el mismo respeto y no se puede valorar una por encima de la otra.
Lo que ha pasado con esta situación es que se ha sobrepasado el límite del respeto y por tanto es legítima la protesta del mundo musulmán. Ambas libertades forman parte de la Declaración Universal de los Derechos Humanos y por tanto merecen el más profundo respeto. Una cosa es libertad y otra libertinaje. Tampoco podemos permitir el uso de la violencia por causa de estos evidentes insultos. Miles de musulmanes han organizado marchas de protesta legítima.
Sin embargo, es inadmisible todo tipo de amenaza o el uso de la fuerza, de ataques a objetivos europeos como consecuencia de esta delicada situación. Es verdad que los musulmanes han sido insultados, pero tampoco se puede sobredimensionar el problema y llevarlo a límites exorbitantes que amenacen contra la vida y la paz entre las naciones. Los musulmanes han malinterpretado las representaciones de su profeta aparecidas en la prensa y han generalizado pensando que la opinión de quien las dibujó reflejan la del diario, la de un país, la del continente europeo o la de occidente.
Esta inusitada situación no hubiera cobrado las dimensiones actuales, si quien hizo los dibujos hubiera pensado en el respeto a la libertad religiosa. Para algunos caricaturizar a Dios, quizás no represente una falta de respeto; pero tampoco se puede permitir equiparar a Dios como un terrorista. La realidad nos llevará a evidenciar que muchas veces "en nombre de la religión" se han cometido crímenes atroces como los de Londres, New York y Madrid. Dichos atentados se cometieron por un pésimo entendimiento de la religión. Hay que saber diferenciar entre un terrorista que justifica sus actos en la religión y los millones de musulmanes que legítimamente tienen derecho a profesar su fe.
Lo que no podemos hacer es generalizar pensando que todos los musulmanes son terroristas. Las generalizaciones no son buenas. Del mismo modo, tampoco se puede generalizar pensando que todo occidente insulta al Islam. Es necesario tener una cierta sensibilidad humana al momento de representar figuras que puedan transgredir el respeto por la libertad religiosa. Esta sensibilidad, como lo señalara el Papa Benedicto XVI, es muy escasa en la actualidad y a veces se puede convertir una clara provocación inadmisible. Lo importante es generar un clima de respeto mutuo que favorezca la paz entre los hombres y las naciones.





