Las políticas monetarias de Brasil y las diferencias con nuestro país

Orlando J. Ferreres
Orlando J. Ferreres PARA LA NACION
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27 de febrero de 2019  • 00:51

En el mes de diciembre último la Paridad Teórica de Equilibrio de la moneda brasileña se ubicó en 3,79 R$/u$s, en tanto que el tipo de cambio efectivo de ese mes se cotizó a 3,80 R$/u$s. Si bien en enero y febrero de 2019 disminuyó algo el valor del real, igual coincide con la PTE de ese país, dado que la inflación mensual es muy pequeña, similar a la Estados Unidos. En otras palabras, hay paridad entre ambos conceptos, lo que no ha ocurrido siempre. Esto favorece mucho al sector externo brasileño a partir de este momento.

Desde diciembre de 1982 hasta diciembre de 1988, el tipo de cambio se encontró por encima de la PTE de la moneda brasileña. Dicha moneda fue sucesivamente, desde aquella época, el Cruzado, el Cruzado Novo, el Cruzeiro y ahora el Cruzado Real o Real. En ese período 1982-88 hubo un tipo de cambio real alto, es decir, como dijimos por encima de la PTE.

Desde 1988 hasta 1994 el tipo de cambio se atrasó pues el tipo de cambio nominal creció menos que la inflación, que fue muy fuerte en este lapso.

En 1994 se inició el real (R$). El proceso monetario finalizó con el cambio de moneda y, a partir de allí, a pesar de todo, el tipo de cambio monetario siguió apreciado por lo que el tipo de cambio real brasileño fue muy bajo. Esto coincidió con un tipo de cambio real bajo de la Argentina, el "peso convertible", así que los dos países evolucionaron bien, aunque con monedas atrasadas en ambos países respecto de la respectiva PTE.

A partir de enero de 1999 se produce una devaluación del 40 % para la moneda brasileña, pero la Argentina decidió continuar con el 1=1 $a/u$s, lo que atrasó mucho el tipo de cambio real nuestro. Carlos Menem, el presidente de la Argentina, vio que quizá no iba a llegar hasta diciembre de ese año soportando una corrida cambiaria, por lo cual, a los primeros síntomas de la misma, amenazó con "dolarizar la economía" si seguía dicha corrida con la divisa extranjera, lo que frenó los ánimos especulativos, pues se pensó que lo podía realizar. El propio Fernando de la Rúa, que ganó las elecciones de 1999, tampoco se animó a devaluar la moneda como primera medida de gobierno. Esto lo obligó a escapar del poder a los dos años de haber asumido, a pesar de que lo había designado a Domingo Cavallo como Ministro de Economía, quien tampoco pudo controlar la situación. Lo que era necesario para De la Rúa era devaluar el "peso convertible" igual que Brasil, es decir, alrededor de un 40 %.

Desde 1999 el tipo de cambio real brasileño fue alto en términos reales, con una tasa de interés que siempre fue positiva en términos reales. Sin embargo, a partir del gran aumento de los precios agrícolas en 2004/5, el tipo de cambio real se atrasó y volvimos a tener un tipo de cambio brasileño muy bajo.

En 2016, al concretarse las medidas para encauzar la corrupción en Petrobras, Odebrecht y otras empresas, que llevaron a la destitución de la presidenta Dilma Rousseff y también a que Lula da Silva cayera preso. También se agotó el alto precios de las commodities, y el tipo de cambio creció significativamente en Brasil y ahora se encuentra en su nivel de equilibrio. El presidente Michel Temer ha tenido una gestión correcta en materia cambiaria para Brasil.

Con Jair Bolsonaro las perspectivas de nuestro hermano brasileño son buenas y tiene un tipo de cambio actualizado, que lo va a favorecer en cuanto al comercio exterior de Brasil. El éxito de Brasil también será nuestro éxito, pues nuestra industria depende en gran medida de la demanda global brasileña.

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