
Lassie
"Es más bueno que Lassie. Yo creo que hasta tendría que morder un poquito más."
(Del presidente Néstor Kirchner sobre su secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno.)
Dicen que los seres humanos se parecen a sus perros. Las mandíbulas del campeón de peso pesado que vive en la otra cuadra hacen pensar cada vez con más intensidad en su rottweiler y el peinado levemente ridículo de la vecina del cuarto piso coincide milimétricamente con el copete de su pomerania. El otro yo de hombres y mujeres es un otro yo perruno. No sólo por las semejanzas físicas, sino también por las espirituales, se puede decir con absoluto rigor que todos llevamos un perro adentro.
Esta regla, que no admite excepciones, incluye al gabinete de ministros y aun a funcionarios de distinta especie que a veces son comparados por error con otros bichos. A las pruebas me remito: ¿cuándo ha visto usted en sus excursiones por los mares del Sur un pingüino ladrando con la energía y la potencia del doctor Kirchner?
Por su presencia amable y su cabellera enredada, el ministro de Salud recuerda de inmediato a ese pastor inglés en que sin duda se convierte en las noches de luna llena. La risa socarrona del jefe de Gabinete las pocas veces que se ríe es como la de Muttley, el sinuoso compañero de Pierre Nodoyuna, conocido aquí como Patán. La ministra de Economía es, naturalmente, Reina, y el ministro del Interior, Golfo, la pareja protagónica del clásico de Disney La dama y el vagabundo . Mientras tanto, por su fidelidad ciega, conmovedora y cándida a su amo, son varios los que comparten el papel de Pluto.
Al flamante secretario de Comercio Interior, por nuestra parte, hemos visto que se lo compara sin sorpresa con animales de gran porte... literario, como ese mastín de los Baskerville de que dio cuenta Conan Doyle o, más precisamente, con el Cujo de Stephen King, que tenía los ojos inyectados en sangre. Nunca hasta hoy lo habíamos asociado con Lassie. Pero han pasado muchos años desde las hazañas de aquel collie bonachón y querendón. Uno nunca sabe qué sucedió después. A lo mejor sufrió un ataque de rabia.







