Lejía

Hugo Caligaris
Hugo Caligaris LA NACION
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21 de noviembre de 2010  

“No vinimos a escuchar una clase de moralina berreta. Hay que limpiarse el culo y lavarse la boca con lejía antes de criticar a un bloque de diputados que han soportado años de cárcel.” (Del diputado oficialista Alejandro Rossi, sobre las presuntas presiones a los opositores para que permitieran la sanción del presupuesto.)

Ahora que está llegando el verano, hay que cuidarse mucho de todas las porquerías que trae el calor. La diputada Camaño ya tuvo un acceso de cólera, y además están el dengue, los virus, el paludismo, la angina, el catarro, la fiebre tifoidea... Imaginemos por un instante el riesgo a que se exponen nuestros políticos: están todos los días cara a cara, gritándose cosas horribles, y en ese abrir las bocas el uno frente al otro intercambian bacterias que, al ser mutuamente inhaladas, los pueden dejar a todos de cama.

Por eso importa tanto la prevención. Y por eso es muy bueno que un miembro del tan injustamente bastardeado Congreso le hable al pueblo de higiene. No hay herramienta más efectiva que la higiene para la lucha cuerpo a cuerpo contra las enfermedades estivales. Los enemigos están por todas partes, incluso en el campo de batalla. Hemos dicho que la lucha será cuerpo a cuerpo, pero ¡cuidado con la gonorrea! Mantengamos, mínimamente, las distancias, para que no nos ganen las bacterias.

Con gran coraje cívico y llamando a las cosas por su nombre, el diputado Rossi levantó la bandera de la limpieza. Que haya invocado a la lejía muestra su inteligencia y su independencia de los intereses de las multinacionales farmacológicas. La lejía, señores, es decir el hipoclorito de sodio, es decir el agua de Javel, el cloro o, más popularmente, la lavandina, no sólo es un desinfectante que potencia la blancura de las prendas y aplasta los microbios, sino que es muy accesible. La lejía está al alcance de todos, porque es barata. Vamos, entonces, al supermercado más cercano a aprovisionarnos de lejía antes de que los codiciosos empresarios se den cuenta.

Una cosa, eso sí, para tomar en serio: si se la aplica directamente sobre la piel, la lejía debe ser administrada con gotero, no a chorros. Una cantidad excesiva, sobre todo en ciertos puntos sensibles, puede provocar ardores insoportables.

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