Ley de Tierras, una experiencia personal
Se encuentra en debate la Ley de Tierras, siendo el punto más conflictivo eliminar las restricciones a las compras de campos por extranjeros. Solo quiero dar un testimonio de mi experiencia personal. Fui amigo y asesor de Douglas Tompkins, el filántropo que compró tierras en Argentina y Chile con propósitos de bien común. Ambos nacimos en 1943 y nos divertíamos con ello. Lamentablemente, nos dejó en 2015 por un accidente.
Hace 30 años comenzó a comprar campos linderos a los Esteros del Iberá. Los adquirió con plata contante y sonante a familias argentinas para crear un parque nacional. Cuando logró reunir 190.000 hectáreas y luego de trabajos de recuperación ambiental, su viuda las donó al gobierno nacional y hoy constituyen el Parque Nacional Iberá. Durante aquel período, Tompkins debió sufrir toda clase de críticas y agresiones pues se lo acusaba de querer “llevarse” el agua dulce de los esteros. El mismo Luis D’Elía viajó a Corrientes e hizo un show mediático cortando alambrados y violando tranqueras.
También adquirió campos en Santa Cruz, próximos al mar y los desarrolló como enclaves de vida natural(más de 60.000 hectáreas). Los donó al gobierno nacional y alli está el Parque Nacional Monte León. Lo mismo quiso hacer en el Impenetrable Chaqueño, aunque ignoro la situación actual.
En un campo lindero al Iberá se propuso hacer el primer acceso público a los esteros desde la costa oeste, pues hasta entonces, solo se podía acceder por Colonia Carlos Pellegrini. Hizo un camino con servidumbre de paso por su propio campo hasta la ribera, donde construyó un pequeño puerto y unas mejoras para los visitantes. Eso permitió, por primera vez, que los argentinos pudieran acceder a los esteros del Iberá desde el pueblo de Concepción. Luego generó la Ruta Escénica que bordea el perímetro de los esteros.
En uno de los campos adquiridos, había una forestación que Tompkins detestaba porque no era adecuada para una zona de conservación. Hasta que pudo deshacerse de ella, logró cambios normativos para limitar las forestaciones allí. También él mismo se preocupó por cambiar los hábitos alimentarios de quienes allí trabajaban. ofreciendo a su personal (además de familias y allegados) un menú diario variado y más saludable. Esto le valió las críticas de sus vecinos, pues modificaba las condiciones de trabajo en la zona. Agrego algo llamativo: las casas del personal nunca debían ser inferiores a las que él utilizaba.
Asimismo, fue propietario de un campo bellísimo en Entre Ríos llamado “Laguna Blanca” (buscar videos en Internet) donde se propuso experimentar con cultivos intensivos de distintas variedades en terrazas, aprovechando los desniveles. Solo utilizó métodos orgánicos e instaló sistemas de riego. También plantó muchísimos frutales. Por la naturaleza de su explotación llegó a emplear mas de 50 personas de forma directa y tenia un ómnibus que las llevaba y traía a La Paz.
Cuando falleció, muchos extranjeros conservacionistas quisieron comprarlo para continuar su legado. Pero estaba prohibido por la ley de tierras actual. De modo que sus posibles adquirentes fueron argentinos. Todos ellos valuaron el campo igual que las tierras vecinas, para cultivos tradicionales y algo de ganadería. Lo llamativo es que, al valor por hectárea resultante, todos deducían el costo que tendrían que asumir para remover los sistemas de riego, los árboles frutales y nivelar las terrazas para pasar la maquinaria agrícola. Además de reducir el personal a 4 o 5 personas. Afortunadamente, lo adquirió una familia que se propuso continuar ese legado dentro de los económicamente posible.
Mi experiencia fue lamentable. Como el “compre nacional”, esas prohibiciones son obstáculos para crear mercados cautivos que facilitan el accionar de la picardía criolla mas que el bienestar general. No me extenderé en dar nombres porque no es el propósito de esta nota y además, no cabrían en esta página.



