
Leyenda patagónica
La historia del autor del primer secuestro argentino
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El telegrama de 160 palabras despachado desde la Colonia 16 de Octubre, en el oeste del Chubut, estaba suscripto por varios vecinos mayoritariamente galeses. Esa mañana del 28 de mayo de 1911, en Rawson, el secretario Manuel Pastor le alcanzó el telegrama al gobernador Alejandro Maíz. Lo leyó con cierto desdén: "Los infrascriptos -comenzaba con formalidad el texto- domiciliados en ésta, humildemente ruéganle a SS declare libre de procedimiento policial a Mansel V. Gibbon que huyó de la comisaría aquí hace como un año arrestado por causa de un telegrama diciendo de la muerte de dos turcos. Cuando él fue interrogado acerca de esto se perturbó de miedo y escapó. Hoy satisfecho que dicho telegrama no tiene fundamento, en vista lo expuesto y que la madre está lamentando por su hijo, rogámosle a SS en nombre de la afligida madre y los que suscriben, sea declarado libre el 25 de mayo pudiendo volver al seno de su familia y servir a su patria como buen ciudadano habiendo servido con buena conducta en el servicio militar como demuestra su libreta". Firmaban, entre otros, C. Roberts, Edward O. Jones y John M. Reale Crilanier.
La petición de tono patriótico en favor del joven morrudo, algo chueco, casi nunca bien afeitado y con una fuerte predilección por permanecer fuera de la ley, fue rechazada por el gobernador Maíz por dos poderosas razones. La primera -que suscribió como decreto denegatorio el 13 de junio- se basaba en "lo determinado por el Código de Procedimientos en lo Criminal". La segunda, no admitida aún oficialmente, era grave: se sospechaba que Mansel Gibbon, actuando como Jack o Yake -también Cameron Jack-, había consumado junto a los bandidos norteamericanos Roberto Bob Evans y William Wilson el secuestro del hacendado Román Lucio Ramos Otero, un soltero acaudalado de 41 años que no usaba el primer nombre y había heredado de su padre, Ignacio, un campo en Coronel Suárez que vendió para emigrar solitario al Chubut. Don Lucio, como se lo llamaba en la Patagonia, era el más desprendido y extravagante entre cinco hermanos varones y cuatro mujeres, que también heredaron campos, en su mayoría en Balcarce, donde perdura la población Ramos Otero a 14 kilómetros de la ruta provincial 29. Lucio había nacido en la casa paterna de Humberto 1º y Defensa, fue bautizado en la iglesia de San Telmo y recreó su infancia en la quinta familiar frente a la estación de Banfield. Comenzó por poblar un campo en Malespina, pero terminó asentado en Corcovado, al pie de la cordillera plena y nevada donde empezaron sus males. Debió armarse y enfrentar al irascible Pío Quinto Vargas, otro solitario como él pero que le disputaba la tierra -legítimamente comprada por Ramos Otero- y hasta lo atacó a balazos el 23 de febrero de 1905. La reducida batalla terminó con don Lucio levemente herido y su peón Juan Uribe muerto. Presos los contendientes en Rawson, Ramos Otero se liberó con una fianza de mil pesos, mientras que la acusación fiscal pidió para Vargas 10 años de prisión, encierro que el acusado acortó -fuera de la ley y por su cuenta- con una célebre fuga.
Cuando el 31 de marzo de 1911, en camino de Tecka a su estancia, a bordo de un carrito ruso y acompañado por el peón Quintanilla, Ramos Otero fue secuestrado en el Cañadón del Tiro, los lugareños decentes pensaron que a don Lucio lo había "desaparecido" Pío Quinto Vargas. Vargas siguió su vida feraz y fue valientemente enfrentado sólo una vez más por el joven andaluz Juan Antonio Torres, según su detallado manuscrito. La historia del secuestro es larga y narrada en la minuciosidad de los sumarios, pero sobre todo en dos versiones documentales: otro viejo manuscrito anónimo y en los tres tomos que escribió Ramos Otero. Es posible que este estanciero no haya sabido de la petición hecha por ciertos pobladores galeses de la cordillera a favor de quien -con sus secuaces- encerró a Ramos Otero en una prisión de troncos de la alta cordillera para pedir rescate. Pero Ramos Otero no sólo logró evadirse, sino que consiguió la imagen que el fotógrafo Manuel Ayllón le había tomado a Mansel Gibbon conscripto, en Rawson el 7 de julio de 1908, a los 21 años. Posó sentado junto a su padre Dan (el mejor amigo de Butch Cassidy en la Patagonia) y un hermano menor (posiblemente Sydney). Lucía uniforme, el único argumento patriota para que sus amigos después pidieran clemencia. La foto cierra el segundo tomo bajo la cual don Lucio indica que Jack era el más soez de sus secuestradores (en el texto también dice que era el más sucio). Un hermano -Tomás Gibbon- testimonió ante la Policía Fronteriza, el 20 de octubre de 1911, que el rescate pedido era de un millón. Lo hubiera pagado Emilia Noel, la madre de don Lucio (afligida, claro, con nobles razones). Finalmente, como se sabe, Ramos Otero logró evadirse con su peón, Evans y Wilson fueron muertos por la Policía Fronteriza y Jack intentó contactos para blanquearse (telegrama), pero finalmente se esfumó. Su sobrino homónimo, Mansel Gibbon, entrevistado en Esquel en 1979, nos aseguró que años atrás un joven conscripto santacruceño había confesado que un tal Mansel Gibbon muy anciano, con pasado secreto, vivía en Santa Cruz.





