Libros que unen imagen y palabra
La editorial se llama Ripio. "Pensamos los libros como piedras –dice Mariana Lerner, que dirige el proyecto junto a Ariel Plam–. No se los lleva cualquier viento, ni siquiera una pandemia." En el sitio de Internet donde la editorial se presenta a sí misma, puede leerse algo así como una declaración de principios que se resume en "pico, pala, lucidez".
Las casualidades, desde luego, existen. Pero igual se las puede colmar de sentido. Por eso no me pareció en absoluto increíble que, durante aquellas semanas de abril en que el otoño se pintó de cuarentena y de algo así como vida en suspenso, el primer libro que llegara a casa –traído en bicicleta, barbijo, pico, pala– fuera La Basílica, collage literario de León Ferrari publicado por Ripio a principios de este año.
Ya se sabe. No es novedad la terca resiliencia de la escena cultural local: la vitalidad y persistencia de sus múltiples espacios, la efervescencia de la creación visual, teatral, literaria; la constante irrupción de pequeños centros culturales, librerías de barrio, editoriales independientes. La pandemia los puso, a todos ellos y una vez más, contra las cuerdas. Pero la red que conforman, una vez más, está haciendo su alquimia. Para seguir. Para que sigamos todos.
El primer libro de Ripio, Líneas como culebras, pinceles como perros, una compilación de textos sobre arte escritos por Eduardo Stupía a lo largo de 32 años, salió en 2018. "Eduardo y yo comenzamos de manera espontánea pero bien comprometida el proceso que condujo a su libro –rememora Mariana Lerner–. Investigamos, recopilamos, digitalizamos, seleccionamos y lo armamos un poco con la idea de presentarlo a otras editoriales porque durante ese período Ripio aún no existía de forma concreta. Fue una sincronicidad, casi un destino, te diría, que Líneas como culebras, pinceles como perros y Ripio estuvieran listos en el mismo momento". Dice Mariana, además, que la publicación del libro de Stupía "tuvo la fuerza de lo evidente, casi de lo necesario".
Palabra de artista sobre el quehacer de lo artístico, el volumen incluye una pequeña reproducción de Juanito y su familia mirando el televisor, de Antonio Berni. E inaugura lo que será el eje editorial de Ripio: la reflexión sobre lo visual, enmarcada en un elegante y austero soporte.
"Hoy probablemente el peligro más grande no sea el vacío, sino el exceso, el ruido", explica Lerner. Por eso, aclara, las tapas de los libros, diseñados por los artistas Cecilia Szalkowicz y Gastón Pérsico, no tienen imágenes. "Eso, claro, no es casual –se explaya–. Dentro de la famosa saturación de imágenes, hay que pensar muy bien qué se propone, qué se quiere agregar, cuál es el lugar de las imágenes respecto de la palabra escrita y a la inversa."
Luego del libro de Stupía, el catálogo de Ripio se decantó hacia la zona de confluencia entre artes visuales y acción política ("Tomamos los caminos del arte para transitar caminos alternativos, para raspar lo imperante de nuestra época", apunta Lerner).
Así llegó La primavera árabe y el invierno del desencanto, una magnífica compilación de Anthony Downey, con traducción de Ariel Dilon, que rescata parte de la producción artística y mediática que acompañó aquella insurrección ciudadana, e ilumina un fenómeno y unos territorios sobre los que, por este lado del mundo, apenas se sabe nada. La publicación coincidió con las primeras chispas que encenderían el estallido social chileno en 2019; las asociaciones y contrastes pueden no ser obvias, pero están allí.
En gateras, aguardan los artículos de una autora inédita en español, Lynne Tillman, un libro del crítico Santiago García Navarro, y otro del curador neoyorkino Bob Nickas. Curiosidad, amor por la lectura y lo visual: a ese impulso apela Lerner en su búsqueda de libros que interesen, no se priven de incomodar, y acompañen al andar.





