
Los bosques, al servicio de nuestra salud
Desde hace una década se celebra el 21 de marzo en todo el mundo el Día Internacional de los Bosques, y en 2023 la ONU propone hablar de “bosques y salud”, un llamado para protegerlos, pero no solo para el beneficio del hombre.
¿Cuidamos los bosques de la Argentina? En nuestro país, hay 53 millones de hectáreas de bosque nativos que proveen alimentos, materias primas y que también son hábitats de distintas especies y ayudan a regular el clima. Según los últimos datos oficiales disponibles, en 2021 se perdieron más de 200 mil hectáreas y en 2020 fueron más de 300 mil. Los incendios forestales fueron la causa principal. Hoy, debido al cambio climático y la sequía extrema que atravesó gran parte del país, podemos ver cómo nos afecta en nuestra salud y calidad de vida. Por eso, es importante seguir trabajando para avanzar en la aplicación de nuestra Ley de Bosques Nativos.
Muchas organizaciones dedicadas a la conservación trabajan para conservar los bosques. Tal es el caso de Fundación Temaikèn, que dentro del programa Delta, lleva adelante la plantación de módulos de Mini Bosques. ¿En qué consiste? A lo largo de ríos y arroyos del Delta del Paraná, restaura el bosque ribereño con especies autóctonas como el ceibo, el curupí, el tala, la pindó, el fumo bravo y el canelón. Los mini bosques atraen una gran variedad de fauna la cual, junto con los ríos y arroyos, son los encargados de dispersar las semillas para promover la regeneración de los ecosistemas.
La ley de bosques fue un hito ambiental. Nuestro país sancionó en 2007 la Ley 26.331 y la reglamentó en 2009. Esta normativa establece un presupuesto mínimo para el enriquecimiento, la restauración, la conservación, el aprovechamiento y el manejo sostenible de los bosques nativos.
Pero, ¿por qué fue un hito en materia ambiental? Es una ley muy completa y apunta a conservar los bosques nativos de mayor valor y hacer un uso sostenible de las zonas boscosas que considera de menor valor de conservación. Para ello, estableció una zonificación según el valor de conservación de los bosques, donde los categoriza como zonas rojas, amarillas o verdes a aquellos bosques con un alto, mediano o de menor valor de conservación, respectivamente.
La Ley de Bosques fue innovadora también porque incluyó el concepto de servicios ecosistémicos (los servicios que los bosques le brindan a la sociedad), profundizó en los pasos que deben seguirse para explotar las zonas boscosas permitidas, como los estudios de impacto ambiental y la consulta pública.
Más allá de todos estos aspectos positivos e innovadores, aún falta mucho. La aplicación de la ley fue y sigue siendo difícil. El principal factor para su éxito relativo es la falta de financiación. El Congreso Nacional debería establecer un porcentaje destinado a esta ley, pero a través de los años este porcentaje es cada vez menor en términos reales. Y esto se suma a otras variables: no todas las provincias fortalecieron esta ley desde su legislación, la dificultad para monitorear y sancionar, la falta de metas cuantitativas que impide medir su efectividad, entre otras.
Licenciado en información ambiental, integrante del Programa Delta del Departamento de Conservación de Fundación Temaikèn







