
Los cuatro pilares del Mercosur
Por Diego Ramiro Guelar Para La Nación
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DESDE hace más de tres años el Mercosur está pasando por una profunda crisis. Mientras la Asociación de Libre Comercio de las Américas (ALCA) es una clara propuesta de zona de libre comercio impulsada por los Estados Unidos, el Mercosur ha perdido el rumbo como proyecto de integración política, económica y cultural, formulado por Brasil y la Argentina para toda América del Sur.
Un proyecto integrador tiene como objetivo la creación de un nuevo espacio geopolítico, que no es una mera suma de las partes, para la conformación de un mercado ampliado. Si ese fuese el proyecto (que podríamos llamar Mercosur mínimo), el ALCA sería una propuesta superadora y la decisión adoptada -negociar como Mercosur nuestra participación en el ALCA- no pasaría de un hecho simbólico que la fuerza de los acontecimientos arrasaría como a un castillo de naipes.
Distinto será si encaramos el Mercosur como un problema de identidad y construimos los ejes de nuestra integración y las instituciones que la representan.
El camino por seguir
Ese Mercosur, la unión de naciones que aportan su identidad histórica a un nuevo proyecto de nación ampliada, donde blancos y negros, mestizos e indios, patagónicos y amazónicos, porteños y paulistas, nordestinos y andinos, atlánticos y pacíficos pactamos construir la cuarta región del planeta después de la Unión Europea, el Nafta y Japón para brindar bienestar a nuestros ciudadanos y sentarnos en la "mesa chica" de la negociación universal.
¿Es posible hacerlo? Sí. Para ello propongo cuatro ejes temáticos elementales: * Cuestión nuclear. En 1985 los entonces presidentes Raúl Alfonsín y José Sarney sentaron las base de la integración al abrir los programas nucleares que la Argentina y Brasil habían constituido desde el inicio de la década del 50. Ambos programas expresaban la rivalidad entre nuestros países y la "búsqueda de la bomba" como muestra de superioridad estratégica para un eventual enfrentamiento bélico. La continuidad de este enfoque sería equivalente a la actual situación entre India y Paquistán con su enorme costo humano y económico y su permanente riesgo de desestabilización y desemboque bélico.
Ya hace ocho años que funciona nuestra única institución supranacional, la Agencia Brasileño-Argentina de Contabilidad y Control de Materiales Nucleares (Abacc), con sede en Río de Janeiro, que garantiza la utilización de la energía nuclear con fines exclusivamente pacíficos. (Al ser la Argentina y Brasil los únicos países con programas nucleares en la región, la garantía se extiende a toda América del Sur.) Deberíamos "mercosurizar" este eje poniendo la Abacc bajo directa dependencia del Consejo del Mercosur, con un programa de generación de energía, utilizaciones médicas, etcétera, y una presencia conjunta en los foros internacionales que tr atan estos temas.
* Programa alimenticio Mercosur. Los países del Mercosur son en conjunto los segundos productores y exportadores de las diez principales commodities alimenticias del mundo. La creación de una agencia común debería tener dos propósitos: hacia dentro del Mercosur, un programa de erradicación del hambre que debería alcanzar este objetivo en un plazo no superior a cinco años, y hacia fuera, una fuerte participación en el debate sobre el proteccionismo agrícola, precios, suministros a los países más pobres, etcétera.
Nuestra triste participación actual, a la cola de Australia, en el grupo Cairns es la expresión de una actitud testimonial y retórica que poco tiene que ver con nuestra verdaderas posibilidades de ejercer presión si lo h acemos en forma conjunta y eficiente.
* La problemática del medio ambiente. La Amazonia, la Patagonia, la proyección pacífica, atlántica y antártica de nuestros países representan casi el 40 por ciento de la biodiversidad planetaria. Esta dimensión tiene también una faceta interna y otra externa. La interna, el desarrollo de una propuesta medioambiental científica, productiva y turística, que podríamos sintetizar en el eje Amazonia-Patagonia. Una agencia común que desarrollara un código ambiental común, la planificación turística, la investigación científica y la preservación de las especies debería ser un fenomenal generador de inversión y empleo.
En lo externo, debería ponernos a la vanguardia en un tema que está en el tope de la agenda planetaria frente a la brutal agresión cotidiana que nos presenta la extinción de la vida en la Tierra no en términos de ciencia ficción sino como hecho acuciante y grave en el corto plazo.
* La lucha política y militar contra el narcotráfico. América del Sur es la mayor productora y fraccionadora de cocaína y marihuana del mundo. El actual Mercosur (sin los países andinos) está considerado una zona de tránsito, por contraposición con los mercados de destino que son los Estados Unidos y Europa. Esta caracterización es equivocada y peligrosa. En Brasil y la Argentina, el consumo de cocaína y marihuana se ha quintuplicado en la última década. Considerarnos zona de tránsito es casi lo mismo que decir: "Cuanto más consuman los "sudacas", mejor, porque así llega menos a Estados Unidos y Europa". Mientras esa "inocente estupidez" pasea en elefante frente a nuestras narices, el factor corruptor de los enormes capitales involucrados en el tráfico está haciendo su trabajo por dentro de nuestras fuerzas de seguridad y partidos políticos, con consecuencias devastadoras en el futuro próximo.
Batalla frontal
A mi juicio, es imprescindible dejar de mirar para otro lado frente a este flagelo y encarar con decisión el debate con nuestros países hermanos del sistema andino para entablar una batalla frontal, política y militar, que no dependa de la intervención militar extrazona ni de mendicantes cooperaciones que usualmente son desviadas al sistema de clientelismo político. Esta batalla, darla y ganarla, representará no sólo el preservar a nuestras futuras generaciones sino también la mayoría de edad política para sentarnos como accionistas principales de los grandes temas universales.
Un Mercosur consolidado institucionalmente, con vocación de construir una gran nación sudamericana, que haya derrotado el hambre y el narcotráfico, que haya controlado el riesgo nuclear y que administre el medio ambiente que Dios puso a su disposición para bien de su gente y de la humanidad toda, será un actor central de ese mundo multipolar, más justo y responsable que todos queremos contribuir a edificar en este siglo que está comenzando. Un Mercosur pequeño, perforado por los conflictos entre lobbies sectoriales, sin instituciones permanentes ni una épica moral ni objetivos macroeconómicos y políticos, se disolverá sin pena ni gloria y pasará a engrosar la larga lista de nuestros fracasos históricos.
Voto por el Mercosur máximo, ambicioso, creativo, con ritmo de samba, cumbia y tango, dispuesto a apostar fuerte y resolver los enormes problemas pendientes, tal como nos lo reclama la ciudadanía en cada uno de nuestros países. © La Nación




