
"Los curas sanadores no existen"
Cada vez que viene al país congrega multitudes en busca de curaciones milagrosas. Es criticado por quienes lo acusan de utilizar métodos propios de los shows televisivos, pero el sacerdote colombiano afirma que sólo ha aprendido a manejar el don de orar por los enfermos.
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HACE dos años reunió en el estadio de Vélez a 40.000 personas. Pero no se trató de un hecho aislado. Allí donde se presenta, el padre Darío Betancourt arrastra multitudes. Viene al país desde 1975, cada vez con más frecuencia desde hace un par de años. Esta vez llegó invitado por el obispo de Bahía Blanca, monseñor Rómulo García, pero también predicó en Tucumán, Salta y Jujuy.
Sus misas hace tiempo que escaparon del límite finito de las 4 paredes de una iglesia para encontrar espacio más propicio en estadios, polideportivos, campos de fútbol y otros lugares abiertos, donde los aplausos, abrazos y cánticos de la renovación carismática puedan explayarse con más comodidad.
Sus críticos, que los tiene y en cantidad, lo acusan de utilizar métodos propios de los shows mediáticos desplegados en los últimos años por los pastores evangelistas.
Atraídos por su renombre de cura sanador llegan hasta él enfermos terminales, paralíticos, y familiares de aquellos que ya ni siquiera se pueden trasladar, provistos de radiografías, análisis e informes médicos casi siempre lapidarios. Las escenas son desgarradoras, y son muchos los que, a su alrededor, dicen que obra milagros.
El padre Darío Betancourt sabe que todo lo que gira en torno de él desata tempestades. Y quiere apelar a la prudencia. Cuenta que una vez hizo un curso de un mes sobre principios de diplomacia donde le enseñaron que nunca, por ningún motivo, había que expresar ideas o comentarios negativos acerca de personas o de lo que fuere. "Hay que decir podría ser, tal vez, quién sabe, quizás, a lo mejor, pero no comprometerse con opiniones condenatorias o contundentes." A pesar de lo cual repitió no una sino varias veces a lo largo de la entrevista: "Yo les tengo más miedo a ustedes, los periodistas, que al diablo".
-¿Ha tenido malas experiencias?
-Malísimas. Yo les tengo muchísimo miedo a los periodistas porque me hacen decir cualquier cosa y eso enfurece a los obispos. Hace un tiempo salió un libro que me hizo mucho daño. Contaba que había gente que decía que se sanaba y eran mentiras, eran todos casos inflados, sin chequear, sin investigar, puestos ahí para justificar la publicación del libro. Había un solo caso auténtico. Pero todos los casos agrandados fueron los que los obispos tomaron para golpearme a mí.
-¿Eso le despertó resistencias dentro de la Iglesia?
-Lógicamente, porque no se puede decir así como así que la gente se sana. A los testimonios hay que investigarlos, no se puede creer todo lo que dice la gente, es muy delicado.
-¿Pero usted autorizó esa publicación?
-Claro que no. Es más, yo le pedí a ese periodista que no lo publicara. El era muy amigo del padre Mario Borgione, a quien después asesinaron. Y yo lo ayudaba a Mario en su obra de rescatar chicos de la droga. Yo le hacía propaganda para que la gente lo ayudara y así él recaudaba dinero para su obra. No sé cuánto sería porque nunca me dijo, ni nunca le pregunté, ni nunca recibí un centavo, Dios sabe que es así. Pero, precisamente, me gané las iras y comentarios de muchos obispos, porque donde está metido el dinero está metido el diablo.
-¿Era amigo de Borgione?
-Sí. Fue muy duro porque perdí un amigo del que se dijeron cosas muy falsas, lo mismo que del padre Omar Díaz y de mí. Finalmente, Omar Díaz salió inocente y está trabajando muy bien en una parroquia en Chile, y a mí no me pudieron encontrar nada. El que nada debe, nada teme. Pero sufrimos muchísimo.
-¿Usted es lo que se conoce como un cura sanador?
-No existen curas sanadores. Existen curas que oran por enfermos. Ese es un falso título que me dieron. Si yo fuera sanador se curarían todos, y la mayoría no se sana.
-¿Usted impone las manos?
-No. A nadie. Nunca. Yo rezo para que las llagas y la sangre de Jesús caigan sobre una persona.
-¿Y si esa persona después viene y le dice que se curó?
-Alabado sea Dios. Pero no todos se sanan. Si mis manos sanaran, yo pasaría mi vida en los hospitales para que se sanara todo el mundo, y eso no es así.
-¿Cómo se define usted?
-Como un predicador itinerante. Yo soy alguien que predica y reza. Pero contrariamente a lo que se cree yo no pertenezco al movimiento de la renovación carismática, ni soy fundador, ni líder, ni nada de nada. Yo le tengo mucha fe a la renovación carismática, pero trato de no volcarme exclusivamente a ella, porque me volvería parcial. Ellos son los que más me invitan a predicar, es cierto, y tal vez muchos otros no me invitan porque me asocian demasiado con ese movimiento. Pero a mí no me interesa ser carismático, o ecuménico, o catecúmeno, o de la Legión de María, o de Comunión y Liberación, sino que quiero estar dispuesto a atender a todos.
-¿Qué es la renovación carismática?
-Es una corriente de gracia del Espíritu Santo que se alcanza rezándole para que nos ilumine y saque a flote los carismas que nos dio el día del bautismo.
-¿Tienen algún punto en común con movimientos que están fuera de la Iglesia Católica, como los pentecostales?
-En principio, todas las diferencias que hay entre los católicos y los protestantes: ellos no creen en el Papa y nosotros sí; ellos no creen en la Virgen María y nosotros sí; ellos no creen que la Virgen María es madre de Dios y nosotros sí; ellos no tienen siete sacramentos y nosotros sí; ellos no creen que Jesús está vivo en la Eucaristía y nosotros sí. Lo que pasa es que los pentecostales viven mucho lo que pasó el día de Pentecostés y eso es lo que los carismáticos hacen por medio del bautismo del Espíritu Santo o por la oración del Espíritu Santo, que es lo que yo llamo el Pentecostés personal. Lo de ellos es una cosa más exteriorizada, ruidosa, como show. Lo nuestro es más íntimo.
-Usted hace referencia al show de los pentecostales. Se dice que la renovación carismática también toma elementos de ese supuesto show como una forma de acercar gente a la Iglesia Católica. ¿Qué opina?
-No, la renovación carismática no es para acercar gente ni mucho menos. El fin de la Iglesia Católica no es retener a los fieles sino conocer y hacer conocer, amar y hacer amar a Jesucristo, y si el Espíritu Santo está presente, ¿cómo uno va a estar triste? Por eso las eucaristías son muy alegres, con aplausos y cánticos.
-¿Pero no hay preocupación en la Iglesia por el éxodo de sus fieles hacia otras propuestas cristianas como los pentecostales, evangelistas, adventistas...?
-Claro que la gente se va, porque el método de nuestros enemigos es mostrar que la Iglesia Católica tiene sus errores, cuando en realidad los que tenemos errores somos los miembros de la Iglesia Católica. La gente se va por ignorancia. Si a mí me preguntan qué es un católico, yo respondo: una montaña de ignorancia. El católico es vago, es un perezoso para aprender su propia fe. Todos los que ahora están en las iglesias protestantes se fueron por ignorantes. No son malos, son gente buena, pero ignorante. Pregúntele a un católico qué es canonizar un santo y no lo saben, qué es un sacramento y no lo saben. No hay nada más triste que un católico que no sabe responder nada de la doctrina católica.
-¿Pero la falla no estará en la misma Iglesia Católica?
-No es una carencia de la Iglesia Católica, hay cursos por cantidades en las parroquias y hay cientos de catequistas, pero la gente no viene. Después de la Primera Comunión y de la Confirmación, no vuelven más. Son vagos, perezosos para venir a estudiar. Mientras tanto, los protestantes y los Testigos de Jehová utilizan con habilidad la Biblia para decirles a los católicos que la Iglesia está equivocada y el católico se lo traga.
-¿La Iglesia está demostrando capacidad de reacción?
-La Iglesia Católica respeta las conciencias y está prohibido el proselitismo porque es poner en duda la libertad de las conciencias. Si usted quiere venir, bienvenido, pero obligarlo, jamás.
-¿Qué opina de la corriente de espiritualidad que se conoce como New Age?
-Que es diabólica. La New Age es diabólica porque le quita a Jesucristo su identidad divina para transferírsela a muchos dioses exóticos, complicados y difíciles de entender.
-¿Por qué atrae tanto?
-Porque la gente no conoce la persona adorable de Jesús predicada, enseñada y amada a través de una iglesia exacta, lógica y concreta, con una experiencia acumulada de 2000 años. Pero Satanás tiene una capacidad de convencer, deleitar y engañar muy grandes. Hoy, Satanás está encarnado en la New Age y en el esoterismo.
-¿Usted cree que el demonio existe y que actúa en este mundo?
-Claro que sí. La existencia de Satanás es parte de la doctrina de la Iglesia Católica. No es dogma de fe, no hay obligación de creer en Satanás, pero forma parte de la doctrina católica. El papa Paulo VI dijo que el que no cree en el diablo se sale del marco de la enseñanza de la Iglesia y del Evangelio.
-¿Y cómo se encarna?
-Encarnarse no, pero hace mucho daño engañando a la gente, incitando a las almas a pecar. La posesión y la obsesión diabólica existen, pero eso no significa que el diablo aparezca en forma de persona, no. Esto es parte de la doctrina católica, aunque muchos no lo creen porque no hay obligación de creer.
-Si usted no es carismático ni es sanador, ¿por qué lo siguen tan especialmente?
-Quizá lo que me diferencia de otros sacerdotes es que he aprendido a manejar el don de orar por los enfermos. Por eso, cuando doy retiros yo les enseño a los hermanos sacerdotes el approach con la gente. Les explico que cuando una persona viene no alcanza con darle la bendición, sino que hay que ayudarla y descubrir que, a lo mejor, puede tener odios, miedos, remordimientos o complejos, y hoy se sabe que más del 90 por ciento de las enfermedades son de origen psicosomático. A través de la oración se puede tener mucho éxito y es aquí que aparecen los famosos curas sanadores que no son sino instrumentos para ayudar a desentrañar enfermedades psíquicas que causan las enfermedades psicosomáticas. Tenemos estudiados setenta casos de curaciones, de los cuales no decimos que sean milagro, pero que hay una presencia especial de Dios en todos ellos, no hay ninguna duda.
-¿Ha presentado los estudios médicos que certifican las curaciones ante la Iglesia?
-No, porque eso es para los santos, y yo soy un pobre pecador. No se podría y, además, me tomarían por loco.
Rezando
EL padre Betancourt dice que la oración todo lo puede conseguir. El problema es que la gente no sabe rezar.
"La oración es un encuentro personal, vivo, de ojos abiertos y corazón palpitante, como el encuentro de un novio con la novia, o como se encuentra el esposo con la esposa en el acto conyugal. Así debe ser el encuentro con Dios a través de la oración. Pero la gente reza a las carreras, que es lo mismo que un beso a las apuradas. Lo que hay que hacer es sentarse a conversar y decirle a Dios cuánto lo amamos y hacerlo despacito, sintiéndolo y no pensando en otras cosas. Yo digo que orar es el acto de acariciar a Dios."
Perfil
- Nació en Medellín, Colombia, hace 59 años, pero dice que de ese país sólo tiene la partida de nacimiento y el acento heredado de sus padres, porque desde muy pequeño se trasladó con ellos a vivir a Elmhurst, condado de Queens, Nueva York.
- Su padre vivía allí desde 1921. La Gran Depresión de los años 1929-1930 lo llevó nuevamente a Colombia, donde se casó con Carlota Vázquez y nacieron Darío y un hermano. Pero unos años después regresaron definitivamente.
- Hizo el seminario menor en Nueva York y el seminario mayor en la Universidad Gregoriana de Roma. Estudió teología moral en la Academia Alfonsiana en Roma, donde se doctoró. Es sacerdote diocesano. Ejerció el ministerio durante 20 años en parroquias de Br ooklyn y de Queens.
- También hizo una licenciatura en psicología en la Universidad de Fordham, dirigida por los jesuitas, en Nueva York, porque considera que la psicología y el sacerdocio se complementan muy bien.
- Viaja por los 5 continentes predicando en los cinco idiomas que habla a la perfección: español, inglés, francés, italiano y portugués. Pero siempre regresa a Nueva York, a su casa en Queens, que heredó de sus padres. "Allí, muy cerca de mi casa, hay una esquinita argentina, con una imagen de la Virgen de Luján que siempre está llena de flores y donde se reúnen a festejar los argentinos cada vez que ganan al fútbol."
- Es autor de numerosos libros, donde expone sus experiencias como predicador de la renovación carismática.




