
Los efectos del alcohol
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El consumo de bebidas alcohólicas ha sido siempre fuente de graves problemas, pero en la época actual sus efectos negativos se han agravado por circunstancias nuevas. Una de ellas es que las bebidas alcohólicas se han popularizado rápidamente entre los adolescentes y cada vez son más jóvenes las personas que beben. Las causas que llevan a consumir alcohol a la juventud son múltiples y variadas.
Para algunos, significa el falso atractivo de entrar en el mundo de los adultos y romper con las pautas que marcan el universo de la niñez. Para muchos más, en cambio, no hay verdadera diversión sin alcohol de por medio, y ello porque el alcohol, aun consumido en pequeñas cantidades, estimula la corteza cerebral y vuelve a las personas más desenfadadas y ocurrentes. El problema es que tras esos primeros efectos de euforia aparece una pérdida de autocontrol y las personas asumen conductas que sin el catalizador etílico no serían capaces de adoptar.
Sin embargo, la ebriedad no es lo peor. Lo peligroso aparece cuando una persona ha consumido suficiente alcohol para pensar que se encuentra bien, aunque en realidad no sepa bien qué está pasando a su alrededor: es, por ejemplo, cuando alguien cree que está en capacidad de conducir un vehículo o de jugar con un arma. Las estadísticas demuestran claramente la incidencia que tienen las bebidas alcohólicas -cuando son consumidas en exceso- en los accidentes de tránsito o de otro tipo. Además, la relación entre alcohol y enfermedades de transmisión sexual es innegable, pues una persona alcoholizada pierde las inhibiciones y el sentido de la realidad y es capaz de llevar a efecto acciones que de otra manera nunca ejecutaría.
Muchos han sido los intentos ensayados para disminuir y controlar el consumo de alcohol entre los jóvenes, sin demasiado éxito hasta el momento. Normas que prohíben el expendio de bebidas alcohólicas a menores de 18 años o en espectáculos deportivos o en estaciones de servicio son algunas de las disposiciones que se han transformado en letra muerta no sólo porque casi nadie las acata sino, lo que es peor aún, porque nadie las hace cumplir.
Como una manera de reforzar el compromiso que los padres tienen en la tarea de educar a sus hijos, recientemente se ha conocido una innovadora medida aprobada por el Concejo Deliberante de la ciudad de Río Cuarto, provincia de Córdoba, según la cual los padres de menores de edad que, en estado de ebriedad, cometan infracciones a las normas legales vigentes en esa localidad serán sancionados con trabajos comunitarios.
Para ello se ha previsto la creación de un cuerpo de agentes preventores, que estará integrado por un grupo de jóvenes, profesionales o no, bajo la supervisión del Programa de Protección Familiar, dependiente de la Secretaría de Salud Municipal.
Dictada en el marco de la campaña municipal para combatir el alcoholismo, la norma -aprobada por unanimidad por los ediles riocuartenses- establece una escala de sanciones que van desde una notificación a los padres del menor infractor hasta la obligatoriedad de que ambos realicen trabajos comunitarios tres sábados al mes durante 60 días.
Vivimos en una sociedad en la que sobran las excusas para beber. La labor educativa tendrá que contribuir a fortalecer la autoestima de los adolescentes y a que comprendan los efectos reales del alcohol y los peligros a que se exponen. Es necesario desechar la comodidad que lleva a no enfrentar el tema con decisión y a dejar las cosas como si se tratara de "travesuras juveniles", cuando en realidad está de por medio, en muchos casos, la vida de nuestros jóvenes.





