Los esteros del Iberá, amenazados
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La constante degradación que sufre el planeta Tierra es una clara demostración de cómo, ya fuere por ignorancia, desidia, incapacidad administrativa, falta de recursos o preservación de oscuros intereses -o varios de esos factores al mismo tiempo- el hombre está descuidando su indispensable hábitat.
Precisamente, la Fundación Vida Silvestre Argentina ha denunciado la amenaza que pende sobre los esteros del Iberá, el humedal más extenso del país, donde las inundaciones provocadas por el exceso de agua podrían llegar a producir importantes e irreversibles modificaciones del ecosistema.
Esa líquida invasión sería consecuencia, según algunas opiniones, de las obras asociadas a la represa de Yacyretá. Hace ya una década, cuando el río Paraná fue desviado y parcialmente contenido para iniciar la construcción de esa imponente obra, el nivel de los espejos acuáticos de los esteros creció un metro. Los especialistas en la materia interpretan que tan notable aumento no es producto de las lluvias, ni tampoco del eventual taponamiento del río Corrientes, su desagüe natural. Sostienen que, según indicios razonables, el ascenso de las aguas podría ser la resultante de un transvasamiento subterráneo de la masa líquida del embalse de Yacyretá hacia los esteros. Máxime porque el uno y los otros apenas están separados por una estrecha franja de tierra, cuyo ancho no excede de algunos centenares de metros.
Es difícil describir en pocas líneas la magnitud de la agreste belleza de los esteros. Radicados en el centro y el nordeste de la provincia de Corrientes, configuran un sistema de humedales de características tan singulares que lo convierten en uno de los más vastos del mundo, con una superficie fluctuante entre los 7800 y los 12.000 kilómetros cuadrados. Habitados por 44 especies de mamíferos -muchas de ellas en vías de extinción-, alrededor de 40 de reptiles, 35 de anfibios y más o menos 80 de peces, los esteros configuran, pues, un irreemplazable ejemplo de la prodigalidad de la naturaleza.
Su importancia excede la mera posibilidad del regodeo visual y auditivo. Se trata de uno de los ecosistemas más productivos del país y del planeta. En 1983 fueron declarados reserva natural provincial. Representan una inagotable fuente de provisión de agua dulce, de pesca y de forraje para alimentación de ganado y su biomasa vegetal en pie almacena notables cantidades de carbono. Por otra parte, son factor de atracción para las actividades turísticas, poseen una docena de asentamientos humanos, posibilitan el cultivo de arroz y las explotaciones forestales y pecuarias -siempre y cuando no incurran en excesos altamente perjudiciales-, y, asimismo, constituyen un asilo confiable para aquellas especies que necesitan eludir la persecución de los cazadores dedicados a exterminarlas con finalidades comerciales o deportivas.
Toda esa excelencia, de por sí afectada por numerosos impactos ambientales -casi todos ellos con origen en la existencia de la represa-, tendría irremisible y doloroso epílogo si prosiguen el incremento de las masas líquidas de los esteros y el incumplimiento de las promesas y los compromisos de preservación ambiental.
Llegado el momento en que la cota del embalse de Yacyretá llegó a los 76 metros, se empezaron a originar pérdidas de tierras productivas y se hicieron patentes los efectos negativos sobre el medio ambiente y la perdurabilidad de la fauna y la flora de la región de los esteros.
Sin embargo, todavía está pendiente el probable ascenso de ese nivel hasta la cota de 83 metros, lo cual no haría sino acrecentar los inconvenientes actuales, al sobrevenir la inundación permanente de alrededor de 107.000 hectáreas, en su mayor parte conformadas por ecosistemas naturales que no registran intromisión humana. A pesar de ello, la Entidad Binacional Yacyretá aún le resta importancia al fenómeno del transvasamiento, que ha sido verificado mediante experiencias nacionales y extranjeras.
Ante ese peligro latente, la Fundación Vida Silvestre reclama la efectiva realización de las acciones tendientes a demostrar que los beneficios del aumento del nivel no serán superados por los perjuicios, y también la puesta en práctica de medidas e intervenciones para remediar los perjuicios hasta ahora ocurridos.
Nuestro país ha sido beneficiado por la posesión de numerosos e incomparables ambientes naturales. Los esteros del Iberá son uno de ellos. Seguir jugando al azar con la imprevisible reacción impaciente de las fuerzas de la naturaleza equivaldría a correr el inaceptable albur de la definitiva extinción de ese singular y valioso ecosistema argentino.




