
Los hombres del carbón
Siempre, una y otra vez, desde los inicios de aquella primera y lejana Revolución Industrial, estuvieron ellos. Los hombres del hollín, los oscuros hijos de la noche, los mineros del carbón. Siempre estuvieron: horadando lo imposible, respirando la nada que se respira en el interior de las montañas, muriendo en demasiados derrumbes. Nutriendo con sus vidas duras hasta lo indecible la demandante maquinaria del progreso.
Siguen estando, incluso en un mundo donde la suya ya no es la gran rueda del andamiaje industrial. Aquí los vemos, en la ciudad de Jerada, Marruecos. Los puños en alto, los rostros crispados, algún hijo sobre los hombros, allá al fondo. Tres de ellos murieron estos días, víctimas de las entrañas de la tierra y la precariedad. Su manifestación -la misma y distinta de tantas otras, en tantos lugares- suma un eslabón a una cadena, difícil y sufrida, que lleva al menos tres siglos de existencia.







