
Los límites de la contradicción
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"Respecto del tema tratado en su espacio del lunes 21 de marzo, le propongo dos palabras que tienen significados, si no contrarios, por lo menos diferentes: huésped , sintetizando la definición del DRAE 2001, define tanto a quien se aloja como a quien ofrece alojamiento, e impetrar significa tanto pedir como conseguir una gracia", escribe Juan Demarco.
En efecto, si leemos en abstracto las definiciones de los diccionarios, estas y muchas otras palabras pueden tener acepciones aparentemente contradictorias, pero la lengua no puede permitirse esos lujos y tiende a eliminar la contradicción. Las palabras no significan en el diccionario sino en los actos de habla y, a menos que el hablante haya buscado deliberadamente la ambigüedad, el uso y el empleo nos aclaran el significado.
En latín, hospes , ´huésped´, es síncopa de * hostipets , de hostis, que después fue ´enemigo´ pero antes significó ´extranjero´, y la raíz pa -, ´alimentar´, de pasto y padre . Un huésped es, pues, etimológicamente, el que da de comer a un extranjero. Pero la hospitalidad es, en la Antigüedad, una relación recíproca y para siempre, que impone deberes sagrados cuyo quebrantamiento puede considerarse un sacrilegio, de modo que si A es huésped de B, B es huésped de A aunque nunca haya tenido oportunidad de recibirlo en su casa. Se comprende, entonces, cómo la palabra que designa al que recibe puede designar también al que es recibido, y cómo esa relación sagrada se mantiene aunque las dos personas estén separadas por distancias enormes y no se carteen ni vuelvan a verse en su vida. Así, la palabra hospes designa también al visitante y, en general, al amigo.
Para evitar confusiones
Las dos acepciones pasaron al español huésped , pero, al perderse el sentido original de la relación, empezaron a sentirse contradictorias. Cuando sucede algo así, la comunidad hablante, por razones de inteligibilidad, tiende a eliminar la contradicción, es decir, a eliminar una de las acepciones. Y suele quedar eliminada la acepción original. Por eso actualmente, cuando decimos huésped , pensamos en el que es recibido y no en el que recibe, y por eso el Diccionario de la Real Academia Española , que generalmente ordena las acepciones por frecuencia de uso y no con criterio lógico-etimológico, da como primera y segunda "persona alojada en casa ajena" y "persona alojada en un establecimiento de hostelería", y solo como cuarta y quinta, y con la aclaración de "poco usado", "mesonero o amo de posada" y "persona que hospeda en su casa a otra". Pero la tercera acepción, un tecnicismo de la biología, deriva evidentemente del significado original: "Vegetal o animal en cuyo cuerpo se aloja un parásito". Esta acepción puede conservarse (en realidad, se creó mucho después) porque como tecnicismo no tiene ninguna otra que se le oponga.
El caso de impetrar es parecido. En latín, el verbo impetrare significa ´conseguir´ y, en especial, ´conseguir algo mediante ruegos´. De ahí pasó en español a significar ?rogar´, pero esta acepción nueva solo fue recogida por el DRAE en la edición de 1852. Sin embargo, es la que ha prevalecido y la acepción original, aunque todavía figura en los diccionarios, ha caído en desuso. Cuando oímos (o, más bien, leemos) que alguien "impetró el favor de los dioses", no pensamos que lo consiguió sino simplemente que lo pidió.
Otro caso que suele traerse como ejemplo cuando se habla de este tema es el de nimio . En latín, el adjetivo nimius significa ´demasiado, excesivo, desmedido´, y con ese significado pasó al español. En 1734, el Diccionario de autoridades (primera edición del DRAE) lo define: "Demasiado, excessivo, prolixo". Pero es interesante ver a qué cosas se aplica. Las autoridades citadas hablan de un temor "tan nímio , que olvida la seguridad, cae en desconfianza, y se puede precipitar en una lastimosa desesperación" y de una piedad "que passa a ser nímia". Esto ya nos da una pista sobre la evolución del significado, pero más interesante todavía es la definición del sustantivo nimiedad . Dice el Autoridades: "En el estilo familiar se usa por poquedad ò cortedad: y se debe corregir, pues significa esta voz totalmente lo contrario".
La advertencia se mantiene hasta la edición del DRAE de 1817, en que después de definir nimiedad como "exceso ó demasía", se agrega una acepción "familiar": "Poquedad ó cortedad; asi lo autoriza el uso, aunque segun su orígen significa esta voz totalmente lo contrario". Es decir que se admite un uso que a todas luces estaba impuesto desde mucho tiempo atrás. En la edición de 1852, se agrega a esta acepción el concepto de " prolijidad " y se mantiene la aclaración sobre el uso. En 1884, una remisión a prolijidad pasa a ser segunda acepción y en la acepción de "poquedad ó cortedad", que pasa a ser tercera y sigue calificándose de familiar, se elimina la aclaración sobre el uso. Finalmente, en la edición de 1925 desaparece la primera acepción, la etimológica, de "exceso o demasía".
Desmedido e insignificante
Por su parte, el adjetivo nimio siguió definiéndose como "demasiado, excesivo, prolijo" (remisión a prolijo como segunda acepción desde 1884) hasta 1925, en que se elimina la acepción etimológica de "demasiado, excesivo", se mantiene la remisión a prolijo como primera acepción y se agrega una segunda de "tacaño, cicatero". Curiosamente, el Diccionario manual de 1950 restablece las acepciones etimológicas. Define el sustantivo nimiedad : "Exceso, demasía. / Prolijidad, minuciosidad. / Pequeñez, insignificancia". Y el adjetivo nimio: "Excesivo. / Prolijo, minucioso. / Insignificante". Estas acepciones se han mantenido en las ediciones posteriores, aunque en la última se ha invertido el orden y figura como primera la de "insignificante, sin importancia", que es la que realmente tiene el adjetivo hoy en día. Sin embargo, en la nota etimológica se dice que el significado latino "se mantiene en español; pero fue también mal interpretada la palabra, y recibió acepciones de significado contrario".
Digo que las cosas a las que se aplica en el sentido etimológico de ´excesivo´ nos dan una pista de la evolución del significado porque generalmente se trata de cosas como cuidado, escrúpulo, preocupación , en las que se quiere indicar que el exceso es superfluo, innecesario, que está de más. De ahí que lo que es excesivo resulte, a la postre, insignificante. Una contradicción que, contra lo que dice la Academia, si se observa en profundidad, es solo aparente.
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