
Los medios y el sector social
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LA importancia que está adquiriendo en el país la acción de las personas y de las entidades que hacen y promueven actividades solidarias, inspiradas en el puro deseo de servir al prójimo o de mejorar la comunidad, se puso de manifiesto durante el seminario Los medios de comunicación y el sector social, realizado el martes y el jueves último en la sede de La Nación y organizado por el diario y la Fundación Compromiso.
El caudal de ideas y testimonios aportado por los expositores y panelistas permitió a muchos de los asistentes tomar contacto con una realidad extraordinariamente positiva, al punto que no resultó excesivo considerar -en la reunión de clausura- que se está viviendo en la Argentina una verdadera revolución de la solidaridad, todavía silenciosa, e insuficiente, pero reconocible, cada vez más, en la red de vínculos que ponen a unas personas en relación con otras en función de compromisos dictados por la conciencia moral, por el sentido del deber o, simplemente, por el amor.
Vale la pena recoger algunas de las reflexiones, propuestas y revelaciones que se fueron desgranando durante las dos intensas jornadas que abarcó el seminario. Se dijo, con razón, que la democracia y la economía libre permiten que la persona humana sea el sujeto de la vida social y no un objeto. Pero se señaló, también, que la vida en libertad no es una panacea, pues existen sectores marginados o excluidos de los beneficios del sistema, que deben ser asistidos y apoyados. El sector social -diferenciado del Estado y de las empresas que realizan actividades con fines de lucro- es el mejor capacitado para percibir las necesidades insatisfechas y promover las organizaciones y las acciones necesarias para atenderlas.
Se habló de la labor que cumple Caritas, no sólo en la provisión de alimentos y ropas, sino también en la formación y promoción de agentes dispuestos a ayudar al prójimo, y se destacó que muchos beneficiarios de la organización terminan incorporándose a ella como voluntarios.
Se describió la admirable tarea que desarrollan entidades vecinales en el Gran Buenos Aires para habilitar escuelas o proveer ambulancias en zonas que carecen de servicios esenciales o, en otros casos, para recuperar a los chicos de la calle, ayudar a familias sin recursos a encarar pequeños emprendimientos económicos o conseguir empleo a personas discapacitadas.
Se debatió el gran tema del financiamiento de las actividadaes de bien público, se examinó el valor de los incentivos fiscales para que las empresas se vuelquen al gasto solidario y se dieron cifras comparativas sobre los montos que se destinan al sector social en la Argentina y en los países centrales.
Hubo valiosas revelaciones sobre el aporte de las organizaciones puramente sociales en materia de salud, investigación científica, defensa del medio ambiente y desarrollo sustentable. Se dieron detalles acerca de los efectos de la falta de proteínas sobre el cerebro de los recién nacidos y se conocieron importantes aspectos de la labor que despliegan instituciones como Greenpeace o la Fundación Vida Silvestre. Se lamentó que en lo relativo a la defensa del medio ambiente hubiera excesivos interlocutores en el sector público, se describieron las gestiones que fue necesario realizar, en muchos casos, para que el servicio telefónico brindara adecuado apoyo de infraestructura a las colectas de bien público y se denunciaron las imprevisiones en que incurrieron los sucesivos ejecutores de la obra Yacyretá en materia de impacto ambiental.
De todo eso y de muchísimas otras cosas se habló en un seminario cuyo mérito más alto fue, con seguridad, la valoración de lo que significa el sector social en la Argentina -en lo moral y en lo material- y el señalamiento de la necesidad de que los medios de comunicación contribuyan a su fortalecimiento.






