Los misteriosos ataques a una estatua en la playa de Copacabana
El monumento al poeta Carlos Drummond de Andrade ya fue agredido once veces, y en diez oportunidades rompieron la escultura de bronce para llevarse sus anteojos
1 minuto de lectura'


RIO DE JANEIRO.- La cámara de seguridad registró la brutalidad de la agresión. En plena madrugada, un joven avanzó con determinación y apuntó su pie contra la cabeza del hombre sentado en un banco de la Avenida Atlántica. La víctima permaneció inmóvil, pero la demoledora patada hizo que los anteojos se le cayeran al piso. Satisfecho con su acción, el atacante levantó los lentes del piso, los colocó en su mochila y se perdió por el icónico calçadão de piedras portuguesas.
Ubicada a la altura del Posto 6, sobre la playa de Copacabana, la estatua en bronce del poeta modernista Carlos Drummond de Andrade (1902-1987) es una de las atracciones turísticas más populares entre los cariocas y visitantes brasileños. Sin embargo, ya suman 11 las veces en que algún vándalo arremete contra el monumento creado por el artista plástico Leo Santana en 2002, y los característicos anteojos del escritor parecen haberse vuelto el botín más deseado, con diez robos (en otra oportunidad, la estatua fue golpeada y abollada, pero sus lentes permanecieron intactos).
Al principio, la policía creía que los ladrones –que en teoría enfrentan una pena de entre seis meses y tres años de prisión si alguna vez fueran atrapados- querían los anteojos de la estatua para vender el bronce. Pero el marco de los lentes pesa menos de 400 gramos; nadie puede pretender ganar demasiado dinero con eso. Por lo que ya después de tantos episodios, las autoridades dudan si no se tratará en realidad de fanáticos de Drummond de Andrade, considerado uno de los máximos poetas brasileños de todos los tiempos. Las verdaderas razones son un misterio.

La última agresión, que quedó grabada en una nueva cámara de seguridad instalada a propósito frente a la estatua, sucedió el 27 de octubre. Esta semana, finalmente, empleados de la Secretaría de Conservación y Medio Ambiente de la Alcaldía soldaron los nuevos anteojos del monumento, cuya restauración estuvo a cargo de la empresa francesa Essilor-Varilux, líder mundial en la fabricación de lentes oftálmicas que adoptó la preservación de la estatua hace unos años. La firma ya financió cinco pares de anteojos y el año pasado también pagó por la colocación de la cámara de seguridad. Hasta el momento, nadie ha sido detenido por el más reciente ataque.
“Es una lástima que la gente no respete las obras del patrimonio público. Esta estatua es de todos y ya forma parte del paisaje de Copacabana”, señaló a LA NACION Marcio Viana -vecino del barrio en el que Drummond de Andrade vivió muchos años-, mientras algunos turistas se tomaban fotos con la estatua reparada y el morro del Pan de Azúcar al fondo.
“Hay que aprovechar antes de que vuelvan a romperla”, apuntó una mujer que esperaba su turno para la obligada pose sentada a un lado del poeta, de piernas cruzadas y con un libro sobre su regazo.
Más suerte que Drummond de Andrade ha tenido hasta ahora su colega la escritora y periodista Clarice Lispector (1920-1977). En mayo del año pasado se erigió una estatua similar, de bronce, en homenaje a ella justo en el otro extremo de Copacabana, sobre la playa de Leme, muy cerca de donde era su departamento a la altura del Posto 1. La escultura de Lispector, diseñada por Edgar Duvivier, no lleva antojos; también está con las piernas cruzadas y un cuaderno entre su manos. La acompaña a sus pies una escultura más pequeña de su perro, Ulises. Y a sus seguidores les gusta pensar que es la presencia de este guardián canino la que la protege de los vándalos.







