
Los nombres de Galileo Galilei
Por Antonio M. Battro
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Antonino Zichichi, físico eminente y fundador del famoso Centro para la Cultura Científica Ettore Majorana, en Sicilia, ha publicado un libro polémico y fascinante llamado "Galilei divin uomo" (Milan, 2001). Su tesis central es que vivimos en una era galileana. Afirma que debemos llamar al gran físico por su apellido, Galilei, y no por su nombre, Galileo, puesto que la ciencia moderna nació con él, en Italia, cuando se empezaba a dejar la costumbre de llamar a las personas por su nombre (Dante, Leonardo, Rafael).
El libro llama la atención tanto por su formato como por su contenido. En realidad son dos libros en uno: las páginas pares tienen textos comentados del sabio italiano y las impares, un ensayo sobre el valor de Galilei como padre de la ciencia actual.
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Zichichi deja entrever la calidad poética del gran científico. En Harvard hay una carta de Galilei dedicada a un poeta de Padua, de 1601. Se trata de una simple página escrita en italiano, de manera exquisita y con muy bella caligrafía. En ese momento enseñaba matemáticas en Padua con enorme éxito. De hecho, esa carta del sabio es, a su vez, un ejemplo de poesía, por su delicada construcción tan finamente lograda. Era ciertamente un momento feliz en su vida, acababa de ser padre de Virginia, que a los 16 años entraría en el convento de Arcetri con el nombre de sor María Celeste, para convertirse en el ángel guardián de su padre. El libro "La hija de Galileo", de Dava Sobel (Penguin 2001), es un maravilloso relato de este amor filial.
En el año 1603, el papa Clemente VIII creó en Roma la Academia de los Linces, y Galilei se convirtió en su miembro más relevante. Firmaba sus obras "Galileo Galilei Linceo", como consta en algunos ejemplares bellísimos editados en Roma con el sello de la Academia, un lince moteado. La Pontificia Academia de Ciencias es hoy la sucesora de aquélla. En el libro sobre las manchas solares (1613) demuestra por primera vez que el Sol hace un giro completo sobre su eje en un mes aproximadamente (la Tierra gira sobre sí misma en un día). De allí surge una pregunta capital: si gira el Sol, ¿por qué no puede girar también la Tierra?
La historia de la ciencia también dio un giro con Galileo Galilei. No podemos enseñar ciencia de manera abstracta e independiente de la historia de las ciencias, es decir, de la vida de los científicos que la han construido. Y ésta es una historia muy humana, de éxitos y fracasos, de luchas y controversias. La ciencia es una prodigiosa aventura que no cabe en un simple libro de texto.






