
Los nuevos pobres
Tal vez parezca un trabalenguas. O una de las tantas manipulaciones interesadas a que pueden someterse las estadísticas. A lo mejor parece algo sin sentido. La cuestión es que quizás haya menos pobres, pero estemos más pobres.
Para entender esta conclusión a simple vista disparatada, hay que tener en cuenta que no todos los pobres son iguales.
- Por un lado, están los llamados pobres estructurales. Son aquellos con necesidades básicas insatisfechas, que habitan viviendas de muy baja calidad o en condiciones de hacinamiento, sin servicios sanitarios mínimos, y que además poseen ingresos ínfimos y algún hijo que no accede a la educación.
- Por otro lado, están los pobres por ingreso. Son aquellos que posiblemente tengan una vivienda digna y cuyos hijos concurren regularmente a la escuela, pero cuyos ingresos no les resultan suficientes para vivir en forma mínimamente digna.
¿Por qué es posible que haya menos pobres pero, al mismo tiempo, la mayoría sea cada vez más pobre?
Porque, según señaló la socióloga Graciela Römer a La Nación , el porcentaje de pobres estructurales no ha aumentado entre 1981 y 1996, de acuerdo con datos oficiales, y podría tender a disminuir. Pero, al mismo tiempo, los pobres por ingreso se encuentran en franco crecimiento en los dos últimos años.
¿Una especie en extinción?
Dentro de esta última categoría se encuentran los denominados nuevos pobres, que no son otros que los sectores de la célebre clase media, para muchos una especie en vías de extinción.
Este fenómeno se verifica cuando se analizan las cifras de la encuesta de hogares del Indec realizada en el área metropolitana. Entre octubre de 1995 y el mismo mes de 1996, el porcentaje de hogares por debajo de la línea de pobreza pasó del 18,2 % al 20,1 %, lo que representa unas 3.200.000 personas.
Desde el Gobierno se señala que la situación es mucho mejor que en los años de la hiperinflación. En octubre de 1989, el porcentaje de hogares bajo la línea de pobreza alcanzó al 38,3 % en el área metropolitana, según el Indec.
Pero lo que no pueden explicar en el oficialismo es por qué en octubre de 1991, en los comienzos de la convertibilidad, esos hogares sólo conformaban el 16,3 %, esto es, cuatro puntos menos que en la más reciente medición.
El empobrecimiento de la clase media tiene que ver básicamente con el auge del desempleo, y con la baja en las remuneraciones.
La economía creció fuertemente en los primeros años de la convertibilidad. También se fortaleció en 1996 y las perspectivas son idénticas para este año. Sin embargo, ese crecimiento no alcanza a generar el número de puestos de trabajo necesarios para albergar a quienes, año a año, se incorporan al mercado laboral.
Más autónomos
Esta situación se ha visto agravada porque, para hacer frente a las necesidades, se ha incrementado notablemente la cantidad de mujeres y jóvenes que buscan trabajo.
Son muchos los indicadores de la pauperización de los sectores medios en la Capital y el Gran Buenos Aires. Por ejemplo, ha crecido el número de padres que se vieron obligados a retirar a sus hijos de colegios privados para mandarlos a uno estatal y, entre los autónomos, aumentó el porcentaje de familias que deben recurrir al hospital público al no poder financiar un servicio de medicina prepaga. En 1989, según la investigadora del Conicet Susana Torrado, tres cuartas partes de la clase media eran asalariados y sólo un cuarto, autónomos. Hoy esa relación cambió sensiblemente en detrimento de los asalariados.
Antiguos "privilegios", como tener mucama por horas y pagar la cuota social de un club también han desaparecido para los nuevos pobres.
"Es llamativo también que hijos que en otras épocas se hubieran ido a vivir solos, hoy permanecen en el hogar de sus padres, como una consecuencia de los reacomodamientos familiares que genera el empobrecimiento de la clase media", consignó Graciela Römer.
Cutral-Có y Tartagal
Fuera del área metropolitana, el problema también se manifiesta. No es casual que las recientes protestas en Cutral-Có y en Tartagal hayan estado encabezadas por grupos con un alto componente de los nuevos pobres, vecinos que hasta no hace mucho pertenecieron a la recordada clase media.
La tendencia es complicada y las soluciones parecen distantes. La inestabilidad laboral es, para algunos especialistas, un fenómeno que vino para quedarse. Pero el primer remedio de parte del Gobierno es no negarse a reconocer el problema y creer que la salida es un Indec a medida de sus necesidades electorales.
Mientras tanto, la clase media día a día ve cómo se esfuma una de sus más añoradas conquistas: la de transitar la vida en términos de proyecto.






