Los ovnis empiezan a obsesionar a las grandes potencias

Carlos A. Mutto
Carlos A. Mutto PARA LA NACION
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26 de agosto de 2020  • 00:05

PARIS.- Aunque parezca inverosímil, la existencia de platos voladores dejó de ser una insensatez de "alien-ados" para convertirse, cada vez más, en una obsesión para las grandes potencias, que temen encontrarse ante una realidad capaz de escapárseles de las manos y desencadenar una ola mundial de pánico.

La observación de la vida extraterrestre será una de las 10 áreas que dominarán la actividad científica y tecnológica durante este siglo. Según numerosos investigadores, en los próximos años se producirán "revelaciones cruciales" sobre ese enigma que intrigó al mundo durante décadas y que condicionará el futuro de la humanidad.

Desde que el público conoció las primeras apariciones de objetos voladores no identificados (OVNI), en 1946, los organismos gubernamentales especializados de Europa y Estados Unidos registraron más de dos mil denuncias y, sobre ese total, retuvieron 140 episodios concretos con testimonios, supuestas pruebas físicas, films y fotos. El ritmo de revelaciones se multiplicó a partir de 2017. En estos últimos años, el Pentágono incluso desclasificó la información de varios "casos emblemáticos" que permanecían archivados desde principios de siglo. Uno de ellos es el célebre testimonio aportado por pilotos de caza del portaaviones Nimitz. De ese presunto "encuentro entre dos mundos", ocurrido en 2004 a un centenar de millas de la base de San Diego, se conservan registros de radar de un avión Awacs y las imágenes grabadas con cámara infrarroja de un "objeto" que efectúa una serie de maniobras desconcertantes.

Los científicos calculan que "el primer contacto se producirá en 2035".

El Pentágono también admitió, por primera vez, que entre 2007 y 2012 había utilizado 200 millones de dólares de fondos secretos para financiar una investigación sobre los ovnis denominada Programa Avanzado de Identificación de Amenazas para la Aviación (Aatip). Los fondos para ese proyecto fueron aprobados por el Congreso a pedido del entonces senador Harry Reid. Los estudios estaban dirigidos por el especialista de la agencia de inteligencia militar (DIA) Luis Elizondo, que operaba en estrecha colaboración con la CIA y la Armada desde una oficina ubicada en el quinto piso del Pentágono. La revelación, en todo caso, sirvió para confirmar que Estados Unidos jamás dejó de tomar en serio el fenómeno. Rusia, China y Francia también consagraron enormes presupuestos para estudiar el misterio de los ovnis.

Las recientes divulgaciones forman parte de una "campaña de sensibilización" destinada a "preparar a la opinión pública" para hacer frente a "una nueva realidad", estima Paul Hynek, hijo de J. Allen Hynek, coautor del célebre proyecto Blue Book, lanzado entre 1951 y 1969 por la Fuerza Aérea estadounidense para estudiar el fenómeno OVNI. "Las autoridades comenzaron a preparar a la sociedad para una gran revelación", según Elizondo. Más concretamente, los científicos calculan que "el primer contacto se producirá en 2035".

Con ese pronóstico también coincide Alain Juillet, exdirector del servicio de inteligencia francés DGSE (Dirección General de Seguridad Exterior), que desde hace 20 años monitorea los preparativos para una "eventual sorpresa". "La buena noticia reside en que los 'aliens' nunca mostraron actitudes agresivas", sostiene, con una sonrisa enigmática.

Lo que interesa a ese gran experto del espionaje es, en realidad, el brutal impacto tecnológico y estratégico que podría tener el encuentro con una civilización superior y las consecuencias -imprevisibles- para el futuro de la humanidad. "Un contacto con una civilización más desarrollada provocaría un shock enorme en la Tierra. El ser humano se encontraría como un hombre de las cavernas que mira un teléfono celular y busca interpretarlo como si fuera una piedra", según Avi Loeb, director del Departamento de Astronomía y Astrofísica de la Universidad de Harvard.

Más que prepararse para un encuentro amistoso con una civilización tecnológicamente más desarrollada, el interés por los ovnis permite justificar el mantenimiento de ambiciosos programas de investigación -casi de ciencia ficción- y extremadamente costosos que forman parte de una alucinada carrera para descubrir o emular las tecnologías de los "platos voladores".

Observada desde esa perspectiva, es evidente que la vida extraterrestre será uno de los ejes que dominarán la investigación científica y tecnológica durante este siglo. Los esfuerzos que realizan universidades y laboratorios de Estados Unidos, Europa, Rusia y China no están solo orientados a confirmar la existencia de "hombrecitos verdes" dotados de una inteligencia superior y con poderes desconocidos por el hombre. Los investigadores aspiran a encontrar en el "diálogo espacial" pistas que permitan abrir las puertas de una expansión humana a los confines del universo, de la misma manera que el descubrimiento de América y las exploraciones de Vasco da Gama transformaron la geografía, la tecnología, la economía y la geopolítica del siglo XV.

El primer paso de esa fascinante aventura -plagada de riesgos y oportunidades- es la línea de investigación lanzada por ciertos institutos especializados, como Bigelow Aerospace. Fundada en 1999 por el magnate hotelero Robert Bigelow, esa empresa comenzó fabricando módulos inflables y ahora construye estaciones espaciales inflables para uso privado. Como en los films de espionaje militar, esa actividad le permitió disimular las investigaciones trascendentales que realizó durante años por encargo del gobierno norteamericano para desarrollar tecnologías del futuro.

Al igual que durante la guerra fría entre Estados Unidos y la URSS (1947-1991), las investigaciones actuales no aspiran solo a fabricar armas, sino a crear tecnologías aeroespaciales avanzadas, metales o aleaciones capaces de aportar rupturas estratégicas mayores. Entre las 38 investigaciones lanzadas en 2007 por impulso de la DIA, el programa Aatip indagó las perspectivas que ofrecen algunos temas de física esencial, como los agujeros espacio-temporales, las energías negativas, la antigravedad espacial, la detección y seguimiento de vehículos hipersónicos, la propulsión positrónica y otros temas que parecen surgidos de la fértil imaginación de Isaac Asimov o de los 759 episodios de la serie Star Trek.

Otra investigación importante concierne a los bio y metamateriales para aplicaciones espaciales. En 2018, el ingeniero Hal E. Puthoff reveló haber examinado un trozo de un material estratificado desconocido, formado por láminas de bismuto y magnesio de un décimo de micrón de espesor. Esos restos, hallados en el lugar donde presuntamente se estrelló un vehículo espacial avanzado, fueron "fabricados con una tecnología que los seres humanos no conocen", explicó en un congreso científico.

El Departamento de Defensa también acuerda especial importancia a la distorsión espacio-temporal que permitiría utilizar la energía oscura y las dimensiones suplementarias para lograr una deformación geométrica del espacio-tiempo. Ese paso decisivo para desarrollar tecnologías avanzadas de propulsión permitiría que los viajes supralumínicos entre sistemas estelares demoren apenas algunas semanas en lugar de miles de años. El cosmólogo Sean Carroll, del Instituto de Tecnología de California, calcula que será preciso esperar mil años para acceder a esas tecnologías. Pero argumenta que ahora es el momento de explorar esas pistas para profundizar el conocimiento científico sobre los ovnis en lugar de continuar aferrados a mitos y creencias irracionales. En cualquier caso, los científicos intuyen que las primeras respuestas a ese enigma no tardarán en conocerse.

Especialista en inteligencia económica y periodista

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