Los rusos, en decadencia, pierden nivel de vida

Emilio Cárdenas
Emilio Cárdenas PARA LA NACION
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16 de mayo de 2019  • 01:28

Mientras Vladimir Putin se mueve en el exterior como líder de una potencia pretendidamente mundial, desde el año 2000 la situación económco-social de los rusos en su propio país se ha estado deteriorando sensiblemente. Como consecuencia inevitable de ello, su nivel doméstico de vida ha decaído sinsiblemente.

En ese sentido, un buen trabajo reciente, Henry Foy sostiene -desde las columnas del influyente medio británico "Financial Times"- que nada menos que una tercera parte de la población rusa hoy carace de recursos que puedan permitirle, créase o no, adquirir dos pares de zapatos a lo largo de un año. Y que un 12% de su población deba recurrir a utilizar toilets comunitarios, esto es aquellos generalmente ubicados fuera de su propia casa, por carecer de ellos en sus propias viviendas.

En parte, esta situación es consecuencia de las duras sanciones económicas impuestas a la Federación Rusa por muchas de las naciones occidentales desde la invasión -y cuestionable anexión forzada- de la península de Crimea. Esas sanciones, es cierto, duelen.

La desigualdad social en Rusia, contra lo que pudiera creerse, es un fenómeno creciente. Se estima que apenas un 3% de su población es propietaria de nada menos que del 89% de los activos rusos.

Lo que ciertmente provoca desazón y claras frustraciones en buena parte de la sufrida población rusa, que, en esto, no oculta su descontento. Por eso las inmediatas protestas popualres que explotaron ante cambios recientes en el sistema jubilatorio vigente y, particularmente, ante el aumento de la edad requerida para poder jubilarse. Así como ante el incremento de la tasa del impuesto al valor agregado, que en Rusia es del 20%. Algo más baja, en consecuencia, que entre nosotros.

Los niveles promedio rusos de salarios difieren en función de la zona que, en cada caso, se analiza. Son del orden de unos 1.300 dólares mensuales en Moscú y en su zona inmediata de influencia. Pero, en cambio, de apenas la mitad de ese importe en el interior profundo del país.

Más de la mitad de la población rusa (en rigor, un 53%) asegura no tener en su poder ahorros como para poder superar con alguna holgura las posibles emergencias que de pronto puedan aparecer. Los rusos, en general, viven "al día". Con lo justo, sin márgen para lo inesperado y, de alguna manera, "con el corazón en la boca".

La economía rusa crece, pero lo hace a un ritmo lento. Para el año 2019 en curso, se proyecta una tasa de crecimiento claramente insuficiente. De apenas un 1,4% del PBI ruso.

El ciudadano ruso promedio tiene hoy un ingreso disponible que es un 13% más bajo que el que tenía hace apenas un quinquenio, en el 2013. Lo que no es algo para apaludir, ni festejar, obviamente.

Para Rusia, que es uno de los principales exportadores de crudo y de gas natural del mundo, el bienestar inmediato de su población depende fundamentalmente del precio internacioal de los hidrocraburos. Cuando éste oscila, el nivel de vida mejora o empeora correlativamente. Habiéndose entonado en los últimos meses, hay ya algo de distención social.

Hoy, con el crudo en niveles internacionales de precios en torno a los 70 dólares el barril, las cosas, para la población rusa, no están del todo mal. Han mejorado un tanto. Al menos respecto de lo sucedido los últimos tiempos. Y el humor social prevaleciente lo ha hecho también, en forma paralela, como cabía esperar.

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