
Los sesenta inolvidables
Aunque nació en Mar del Plata, la ciudad fundada por su tatarabuelo, Federico Manuel Peralta Ramos fue un personaje de Buenos Aires. Porteño de alma, habitué del Florida Garden, de Mau Mau y de Afrika, su espíritu y su tiempo estarán de regreso hoy en el Museo de Arte Moderno, cuando quede inaugurada una muestra retrospectiva de homenaje.
Pintor, cantor, actor, showman, poeta, ocurrente y genial, Federico Manuel fue un tipo esquivo a los rótulos; un excéntrico, en un medio poco afecto a aceptar a quienes se empeñan en romper todos los moldes.
Y lo hizo de una manera feliz en una década de ebullición en la tribu del arte. Circunstancias diversas -políticas y económicas- impulsaron el fenómeno del Instituto Di Tella. En sus paredes con letra redonda y prolija -su arma para disparar frases fronterizas, entre el disparate y la verdad de puño- escribió: "Dios es rarísimo".
Federico era capaz de gestos increíbles, como venderle un buzón a Egle Martin o gastar la primera remesa de dinero de la Beca Guggenheim en una comida en el Alvear para veintipico de sus mejores amigos. Aquella farra siguió en Afrika, la boite de Pocky Evans, junto con Mau Mau catedrales de la noche porteña, donde Federico cantaba hasta la madrugada.
En aquellos años, el progreso se vivía como una realidad posible. La clase media ilustrada compraba pintura, la Argentina exportaba electrodomésticos a los países de América latina y el parque automotor se renovaba con modelos nacionales llamados Estanciera, Graciela y Siam Di Tella.
Otro país, con una efervescente escena del arte similar a la que vivimos hoy, solo que por las razones opuestas. El mundo cultural era un hervidero, porque las cosas andaban bien y era tiempo, entonces, de comenzar a disfrutar. La de ahora es la variante inversa: la crisis cerró tantas puertas que muchos decidieron abrir la ventana del arte.
La investigación de la curadora Clelia Tarico está volcada en un texto de lectura necesaria para entender a este prestidigitador de las palabras. "Mal de plata", decía en alusión a la ciudad balnearia fundada por su tatarabuelo Patricio, pero también a las fortunas que habían mermado demasiado. Joven y domando un potro; fundido en un abrazo con Romero Brest y Marta Minujín; filosofando con su gran amigo Renato Rita; sorprendido en una ilimitada carcajada junto a Ruth Benzacar: ése es el Federico Manuel que será centro del homenaje que comenzará hoy. También estarán las obras del artista desmesurado, obligado a serruchar un cuadro enorme porque no entraba en la galería.
Imagino su vida como un gran happening. Murió el 30 de agosto de 1992 de la misma manera como había vivido: cantando A su manera .






