Los soldados argentinos de Napoleón

Hugo Beccacece
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26 de julio de 2015  

Este año, seis argentinos se batieron en Waterloo en el Regimiento 51, como soldados del emperador Napoleón Bonaparte. La historia de esa batalla, de la que se acaban de cumplir dos siglos, y la crónica de su recreación bélica fueron el tema de una infrecuente conferencia- performance en la sala Anasagasti del Jockey Club. El público no había dejado ni una silla libre, pero lo más llamativo eran los dos soldados vestidos con los uniformes del ejército imperial, armados con sus respectivos sables y fusiles, que ocupaban el estrado. Uno estaba de pie (Oscar Ramos), detrás del otro (Cristián Fernández Prati), sentado al lado de un pacífico civil (Horacio Méndez Carreras). Por supuesto, el civil y el soldado sentado eran quienes habrían de hablar sobre la batalla de Waterloo (18 de junio de 1815) y su bicentenario. Los uniformes tenían el valor de un testimonio muy personal, como se verá.

Méndez Carreras y Fernández Prati son fervorosos especialistas en todo lo relacionado con Napoleón. Ese fervor comenzó en la niñez con las colecciones de soldaditos y se enriqueció con estudios, bibliografía y maquetas. Por medio de un Power Point y planos distribuidos entre los asistentes, Méndez Carreras y Fernández Prati contaron el desarrollo del combate en el que las fuerzas aliadas del duque de Wellington y las prusianas del mariscal Gebhard Leberecht von Blücher derrotaron a las del emperador francés.

Todos los años, en Bélgica, se conmemora la batalla de Waterloo con una recreación en la que intervienen admiradores de Napoleón y de Wellington, además de patriotas y entusiastas de asuntos bélicos de todos los orígenes. Por fin se dan el gusto: encarnan a los soldados del pasado con ropas y armas de época. Este año, en ocasión del bicentenario de la célebre contienda, el acontecimiento fue imponente: hubo seis mil "recreadores". Para intervenir en este tipo de hechos, se debe ser integrante de una de las organizaciones que acostumbran recrear acontecimientos marciales y que funcionan en distintos países. Este año, seis argentinos fueron invitados por la Asociación Cultural de Amigos del Museo Histórico Militar de Valencia a participar en la evocación napoleónica. Los seis argentinos son Silvana Tamburo (en la actualidad, las mujeres también pueden luchar en Waterloo), Rafael Vaini, Gabriel Popolizio, Santiago del Río y los ya mencionados Ramos y Fernández Prati. Éste adoptó como nom de guerre Crisfer de la Recolette.

Los uniformes de los seis argentinos fueron confeccionados por artesanos nacionales. Los sables y las bayonetas se compraron en Buenos Aires; los fusiles antiguos, en cambio, se encargaron en Europa porque hoy hasta los veteranos de las guerras napoleónicas tienen problemas para pasar armas de fuego en los aeropuertos.

La reconstrucción se hizo dos veces, el viernes 19 y el sábado 20 de junio, de las 20 a las 22, en los terrenos donde se libró el combate de 1815. La lucha cuerpo a cuerpo fue simulada, pero el humo de los cañones y de los fusiles tendió una niebla muy real sobre el campo de batalla.Los dos conferencistas señalaron algunos de los errores o descuidos que cometió Napoleón, así como los detalles que favorecieron la victoria de Wellington. Éste, por ejemplo, tenía como costumbre inspeccionar palmo a palmo el terreno donde se iba a luchar. Por supuesto, lo hizo en Waterloo. Napoleón, en cambio, ignoraba aspectos importantes de ese paisaje decisivo. Lanzó contra el castillo y la granja de Hougomont a seis mil hombres, a los que sumaría ocho mil más, como una manera de distraer a las fuerzas aliadas de su verdadero interés: el centro de la alineación enemiga. Los soldados franceses debieron superar un bosquecillo para llegar a Hougomont, pero, una vez que lo atravesaron, se encontraron con una sorpresa mortífera: detrás de la última hilera de árboles había una pared en la que los anglo-aliados habían abierto troneras durante la noche; desde ellas literalmente fusilaban a las tropas napoleónicas como si tiraran al blanco.

Rara vez, una conferencia es una muestra de conocimientos y, a la vez, de pasión, pero éste fue el caso. En el fondo, las grandes pasiones, sin que uno lo sepa, se preparan en la niñez, con frecuencia, jugando a ser un emperador.

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