
Luiz Felipe Lampreia: "El que negocie con EE.UU. debe dejar el Mercosur"
El ex canciller brasileño trazó un panorama de la "preocupante" situación que atraviesa el bloque regional: señaló que faltó sensibilidad hacia los problemas de los socios menores, urgió a la Argentina y a Uruguay a resolver cuanto antes su disputa por las papeleras
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SAN PABLO.- Pragmático, fiel a la línea que siguió durante los seis años en que condujo la política exterior brasileña durante el gobierno de Fernando Henrique Cardoso, el embajador y sociólogo Luiz Felipe Lampreia prefirió con diplomacia evitar el tema de las papeleras, eje de la actual disputa entre la Argentina y Uruguay. Pero ante la insistencia, mostró su preocupación por la "grave" crisis bilateral y por otras problemáticas regionales, especialmente por el Mercosur, cuya situación definió como "preocupante".
Defensor de esa alianza regional, el vicepresidente vitalicio del Centro Brasileño de Relaciones Internacionales (CEBRI), señala en esta entrevista con LA NACION varios problemas por los que pasa el bloque a pesar del buen momento en las relaciones entre la Argentina y Brasil. Y dispara una crítica directa: durante la gestión de Luiz Inacio Lula da Silva, "los resultados de la política exterior fueron pobres".
A sus 64 años, este hombre de respuestas cortas y duras, analizó sin retórica los aspectos de la política exterior brasileña, la influencia del presidente Hugo Chávez y cómo se debe actuar en el Mercosur con los países que deciden realizar acuerdos de libre comercio con los Estados Unidos por su cuenta. "Eso -consideró- es claramente una ruptura".
-El Mercosur está una vez más en crisis, esta vez no por una pelea entre los dos principales socios, sino por una recriminación de los socios menores hacia los mayores. Paraguay y Uruguay dicen que el Mercosur así no les sirve.
-Sí, la situación es muy preocupante. Puede ser que los socios mayores del bloque hayamos fallado en la relación con los más chicos. Deberíamos haber sido más sensibles con la problemática de esos socios menores. Y a eso se suma la grave crisis de las papeleras entre la Argentina y Uruguay, que debe ser resuelta entre ambos países de la mejor forma posible y, fundamentalmente, lo antes posible.
-¿Qué tipo de Mercosur surge al integrarse a él Venezuela como socio pleno?
-Bueno, yo creo que pierde toda la homogeneidad. El Mercosur podría y debería ser ampliado incorporando países asociados. Pero otros miembros plenos le hacen perder homogeneidad al bloque en la toma de decisiones y en su enfoque político.
-Si el Mercosur se disolviera o si dejara de ser una unión aduanera para adquirir un status de integración menor, como el mero libre comercio, ¿perderíamos algo?
-Sí, claro. Puede ser que el Mercosur no haya respondido a todas nuestras expectativas, pero es indudable que la densidad de la relación entre la Argentina y Brasil creció mucho gracias al Mercosur. Nos aproximamos, aumentamos el comercio y el conocimiento del otro. El Mercosur es positivo.
-¿Cuál es su análisis sobre la política externa brasileña durante el mandato de Luiz Inacio Lula da Silva?
-Creo que los resultados de la política exterior durante su gestión fueron pobres. El énfasis en el espacio sudamericano, que es correcto, no tuvo avances concretos. Las relaciones bilaterales con los países no avanzaron realmente. La inserción de Brasil en el mundo tampoco me parece que haya realmente avanzado, tampoco. En síntesis, me parece que la política exterior no fue lo mejor del gobierno Lula.
-¿Por qué cree que no hubo avances en lo que respecta a la política externa en América del Sur?
-Porque se habló mucho del Mercosur, por ejemplo, pero el bloque retrocedió a un grado de institucionalización y progreso menor al de años atrás. A pesar del crecimiento importante en la Argentina, del crecimiento razonable en Brasil, no hubo avances en las políticas gubernamentales con relación al bloque, y tuvimos varios episodios que muestran retrocesos. Ahora aparece el tema de la integración energética, pero todos los planes son muy vagos, todo da la impresión de que no va a funcionar.
-Brasil apostó también buena parte de su política exterior a la obtención de un asiento permanente en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas...
-Sí, y fue un énfasis excesivo en algo que realmente no es de interés nacional. Se convirtió en un objetivo central de la política exterior y, como era previsible, no sirvió para nada. Es muy poco posible que en el corto o mediano plazo se pueda conseguir algo así. Si hubo una oportunidad, fue el año pasado, con el aniversario de los 50 años de la fundación de la ONU. Pero eso pasó, y ahora el tema va a volver no sé sabe cuándo.
-Una parte de América del Sur está siendo seducida por el presidente Hugo Chávez y sus inversiones favorecidas por el precio del petróleo; otra parece estar siendo seducida por los tratados de libre comercio ofrecidos por los Estados Unidos. ¿Brasil está perdiendo el espacio geopolítico que pretendía "liderar"?
-Creo que en un comienzo del gobierno de Lula hubo un proyecto de liderazgo explícito, excesivamente ambicioso, que no tenía sustento en la realidad. Simplemente no pudo realizarse porque Brasil no tenía la capacidad económica para el tipo de liderazgo que se pretendía. Y entonces generó decepciones en los que tenían expectativas de que Brasil ejerciera ese tipo de liderazgo. Ahora las cosas cambiaron. Frente a la postura agresiva de Chávez en busca de liderazgo e influencia, Lula se convierte más que en un factor de liderazgo, en un factor de equilibrio para la región. El papel de equilibrar posiciones que adopta Brasil en este momento hace que su hipotético liderazgo sea matizado por ese rol.
-¿Entonces ése es un factor positivo?
-En ese aspecto considero que sí. Pero eso no es de Lula, sino que es una tradición brasileña. La tradición de política exterior de Brasil es la de ser pragmáticos.
-¿Y la de Chávez?
-Creo que Chávez adopta una posición populista, extremadamente nacionalista y extremadamente agresiva. Y no creo que a Brasil le convenga de ninguna forma asociarse a ese tipo de política. En realidad, está claro que Brasil no tiene ningún interés en adoptar una posición de ese tipo.
-¿Cómo se explica esa tradición de Itamaraty que hace que la política exterior brasileña, a pesar de sus matices, mantenga una línea independiente de los gobiernos?
-La política exterior brasileña es una entidad permanente y es vista no como una política de gobierno sino una política de Estado. Más que en la forma en que son formados los diplomáticos, se debe a las características del país y la agenda histórica de la nación. Somos los únicos que hablamos portugués en la región y tenemos diez países vecinos, lo que hace que tengamos que respetar el principio de no intervención en asuntos ajenos a riesgo de enemistarnos con alguien.
-¿Ni aunque los Estados Unidos seduzcan a los vecinos con tratados de libre comercio?
-Estados Unidos siempre tuvo una política explícita de intentar hacer acuerdos bilaterales. Pero eso no depende de nosotros, depende de lo que quieran los vecinos sudamericanos. Si ellos eligieron esa opción, están en su derecho. Y lógicamente que un número importante de países sudamericanos se tientan con la posibilidad de tener acceso al mercado más rico del mundo.
-¿Aunque alguno de esos vecinos sea, como en el caso de Uruguay, socio del Mercosur?
-No, ése es un caso diferente. Podemos negociar 4 + 1 (los socios del Mercosur ante Estados Unidos). Pero si alguien adopta una negociación por su lado, debe dejar el Mercosur. Jurídicamente no tiene sentido que un socio esté dentro del Mercosur y negocie por fuera al mismo tiempo. Eso es claramente una ruptura.
-¿Y el hecho de que Colombia y Perú hayan seguido ese camino, no le quita espacio de influencia a Brasil?
-No hay dudas. El espacio de influencia brasileña queda más restringido.
-Colombia es un caso en el que este gobierno parece haber logrado una relación más profunda que cuando usted era canciller y Cardoso presidente. ¿Por qué?
-El presidente Alvaro Uribe es un hombre de más peso político que su antecesor. Tiene programas, políticas más claras y más nítidas que su antecesor, Andrés Pastrana. Eso hace que las relaciones resulten más fructíferas.
-¿Podría recordar aquel episodio en el que se dice que usted le recomendó al entonces presidente Carlos Menem que "mejor no venga" a Brasil, en plena crisis del Mercosur?
-(Risas). Fue en 1999, durante el caso de las salvaguardias que la Argentina llegó a imponer mediante un decreto contra los productos de origen brasileño. El clima no era bueno ante semejante actitud. Al final vino, después de avisar que lo haría con la intención de dar un paso atrás. Llegó a Brasilia a encontrarse con Cardoso con la promesa de anular el decreto y alcanzar un acuerdo de consenso.
-Y al final las salvaguardias salieron, hace pocos meses, bajo el nombre de Mecanismo de Adaptación Competitiva (MAC). ¿No fue una medida útil, ya que, al acceder Brasil al pedido argentino, se abrió el camino para las buenas relaciones que existen en la actualidad?
-No, fue una pérdida de disciplina importante. En una unión aduanera no debe haber salvaguardias o medidas de ese tipo. Se podría haber gestionado la negociación de cada sector industrial en problemas, y no crear una norma jurídica especial que va en contra del espíritu de una unión aduanera.
-¿Por qué con México las relaciones de Brasil, y podríamos incluir a la Argentina, son siempre frías y conflictivas? ¿Es porque, como dice el dicho, están "tan lejos de Dios y tan cerca de los Estados Unidos"?
-Es que hay agendas diferentes. La agenda mexicana es muy diferente de la nuestra, por varias cosas, incluyendo la geografía. Entonces es muy difícil que tengamos mucha más intimidad, más allá de que se tenga buena voluntad.






