
Mal de amores
Por Silvia Hopenhayn Para LA NACION
1 minuto de lectura'
Muchas novelas de amor hablan de pasiones demoledoras o de la imposibilidad de amar. Pero también hablan de los resquicios. De los pequeños espacios en los que los códigos preestablecidos se alteran.
El tema ha cobrado nuevos matices. Hay más enojos, más rupturas, desvelos, vicios, reincidencias y bifurcaciones. En los últimos tiempos, la literatura argentina se está haciendo cargo de modos de relacionarse menos estipulados, más ligados con la desesperación, y es notable cómo esto modifica los estilos de la narración.
La reedición de los cuentos de Bioy Casares reunidos con el título de La muñeca rusa revela de algún modo esa distancia entre dos momentos muy distintos. Al leerlos, parecen haber quedado desfasados ciertos pasajes de excesiva formalidad que encubren el arrebato pasional. También se advierte que la pícara elegancia de Bioy ya no surte el mismo efecto que antes.
Veamos este fragmento del cuento que da título al libro:
"-No quiero forzarte -dijo él-. A lo mejor no confías en mí.
"-¡Cómo no voy a confiar!
"-Si todo hombre tiene un precio
"-De eso estoy segura, pero sé que hay excepciones, y yo te quiero.
"Le quedó la satisfacción de que Chantal confiara en él. En todo caso, lo abrazó y lo besó más cariñosamente que nunca. Pidieron champagne.
"-Por tu coraje -brindó la muchacha.
"-Por nuestro amor.
"-Por nuestro amor y la ecología."
Este burbujeante encuentro no condice con la vorágine actual. Hoy en día lo coloquial arrasa con cualquier atisbo de rectitud. Los diálogos son más directos, pero también entrecortados, influenciados por la nueva dramaturgia.
Así ocurre ahora, desde las desconsoladas páginas de Daniel Guebel en El derrumbe y los inseparables Rímini y Sofía, protagonistas de El pasado , de Alan Pauls, hasta las relaciones tortuosas en los libros de Mariana Henríquez ( Bajar es lo peor, Cómo desaparecer completamente ) o los complejos amoríos en las novelas de Aníbal Jarkovski ( Rojo amor, Tres ), en las que las dificultades del mundo exterior determinan los modos de actuar.
Esto se evidencia sobre todo en su último libro, El trabajo , donde Diana, la protagonista, manipula el menosprecio ajeno con una política exhibicionista muy personal. En los libros del uruguayo Dani Umpi ( Aún soltera, Miss Tacuarembó ), editados en nuestro país, las relaciones cotidianas obedecen a una marea incontrolable de preguntas y acciones donde se contraponen dos fuerzas: la nostalgia y la sorpresa.
Se trata de echar de menos al otro, o de querer echarlo, para que el olvido arrase con las malas sensaciones, en un tiempo presente que se obstina en perdurar intacto.
Sin embargo, quizá nos estemos acercando a la violencia de origen de la literatura argentina: algunos diálogos del escritor Washington Cucurto, en su novela El curandero del amor , exhiben una crudeza que retrotrae a las interjecciones de El matadero , de Esteban Echeverría. Sin por ello establecer una comparación literaria, pero sí un dato sobre los efectos de la violencia.





