
Malas notas para los hijos de los presidentes
La educación es el camino de aquellos sin red de contactos para construir un derrotero de progreso social
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Dime cómo crías a tus hijos y te diré en qué crees. "La escuela no era el fuerte de los hijos de Cristina", tituló La Nación. La nota citó las declaraciones de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner acerca de la performance académica de sus hijos Máximo, muy malo en educación física, y la menor, Florencia, que se quedó libre en 2008.
Hay que decirlo: los Kirchner no son los únicos presidentes argentinos cuyos hijos no brillaron en el colegio o la universidad.
Ahí están los De la Rúa, por ejemplo. La trayectoria universitaria de los chicos de Fernando de la Rúa, Antonio y Fernando, quedó empañada allá por 1998 cuando su padre era jefe de gobierno. El escándalo se desató cuando llegaron hasta los medios escuchas telefónicas ilegales que parecieron involucrar a los hijos de De la Rúa en el tráfico de influencias con profesores de la Facultad de Derecho de la UBA para aprobar exámenes.
Los Kirchner no son los únicos presidentes argentinos cuyos hijos no brillaron en el colegio o la universidad
Hay que recordar también a Zulemita y Carlitos Menem, más habituados al shopping, los autos caros y la noche que al estudio. Aunque Zulemita se animó a la universidad, en 1993 quedó libre en Arquitectura de la Universidad de Belgrano, donde tenía muy bajas notas, por tanto viaje acompañando a su padre. Y en el 94, en la UADE, donde estudiaba Comercio Internacional, fue acusada de copiarse en el examen de Envases y Embalaje usando, ocultos, un micrófono y un audífono para recibir respuestas a la distancia. "Tecnomachete" tituló entonces la revista Noticias.
En el caso de los chicos Kirchner, los desaires educativos no se terminan en los detalles que contó su mamá. Además del "Insuficiente" en gimnasia que comentó la Presidenta, los antecedentes universitarios de Máximo tampoco muestran fe en la educación formal. Empezó periodismo y dejó. Empezó abogacía y también dejó. Finalmente se dedicó a administrar las propiedades de la familia. Sabemos.
Después de su primaria en el colegio María Auxiliadora de Santa Cruz, Florencia hizo el secundario en el colegio católico La Salle de Florida. Pero a cuatro meses de recibirse, en 2008, quedó libre. Como Zulemita, también hubo viajes junto a su madre además de estrés por la crisis del campo. Era junio de 2009 y todavía debía cuatro materias y su mamá la amenazaba con dejarla sin Internet para obligarla a estudiar. A Florkey las amigas, las salidas y el fotolog la atraían más que los libros. Finalmente, para completar su formación, Florencia marchó a los Estados Unidos a estudiar cine en la New York Film Academy, bien instalada en un departamento de su padre en Park Avenue , piso 15. El curso duraba un año.
Es cierto que el éxito escolar o universitario de los hijos no depende en un ciento por ciento de los valores de los padres, ni de sus esfuerzos en pos de transmitírselos a los hijos. Pero es llamativa la constante: una seguidilla de cuatro presidentes –Menem, De la Rúa, Néstor y Cristina- bien lejos de poner en escena una domesticidad donde el éxito escolar y los buenos promedios son parte de las cucardas familiares.
Una seguidilla de cuatro presidentes bien lejos de poner en escena una domesticidad donde el éxito escolar y los buenos promedios son parte de las cucardas familiares
No nos pongamos pacatos. Tampoco se trata de creer que las personas con promedios altos y abanderadas son las únicas con potencial en este mundo. De Bill Gates para acá, los casos de emprendedores rebeldes que se resisten a las consagraciones institucionales de la educación formal suman decenas.
Ahora bien: resistir la rigidez del aula no es lo mismo que despreciar el mundo del conocimiento. De hecho, esos mismos estudiantes díscolos suelen convertirse en inspirados innovadores en el mundo donde el saber, aplicado o no, es clave.
No es el caso de Zulemita ni de Carlitos Junior mientras vivía. Ni el de los De la Rúa. Ni el de Máximo y Florencia.
Lo que está claro es que la educación es el camino de aquellos sin prosapia ni red de contactos para construir un derrotero de progreso social. Hablamos de personas comunes y corrientes. La mayoría.
La educación es el camino de aquellos sin prosapia ni red de contactos para construir un derrotero de progreso social
Una descendencia educativa que minimiza en cada paso la importancia de la trayectoria escolar y académica es un mapa lleno de señales acerca de lo que importa y lo que no importa en una sociedad. Y precisamente, cuando los hijos de la máxima autoridad de la República, el máximo poder, desdicen el camino del mérito educativo sin contraponer tampoco una construcción personal, propia y valiosa, la señal parece transmitir un mensaje: que el sueño que hizo grande a este país, el sueño de "Mi hijo el Dotor" basado en el esfuerzo educativo capaz de mover a las mayorías en el ascenso social, ha quedado perimido. En su lugar, se levanta otro tótem: el del éxito heredado, prestado, rápido y fácil.






