
Manuel Rosales: el abanderado del antichavismo
Cuando faltan tres meses para las elecciones en Venezuela, el gobernador de Zulia se anotó algunos importantes triunfos políticos: logró reunir a la oposición detrás de su candidatura y desafió con éxito a Hugo Chávez en un bastión del oficialismo
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Si de populismo a rienda suelta se trata, la competencia se anuncia reñida: de manera similar, ambos parecen dispuestos a dar lo que no tienen y mucho más. Pero allí se terminan las coincidencias entre ellos. En todo lo demás -o en casi todo-, podría decirse que Manuel Rosales es la perfecta contracara de Hugo Chávez, su negativo fotográfico en un país en blanco y negro: habla poco, alardea menos, sus gestos son moderados y su figura, lejos del magnetismo tropical que transpira el presidente venezolano, despierta entre sus aliados y seguidores más confianza que entusiasmo.
Hay otros contrastes notables entre los dos dirigentes que monopolizarán las elecciones presidenciales de diciembre próximo. Como que Rosales es un político tradicional en tiempos de antipolítica. ¿Qué significa esto? Que si -paracaidista al fin- Chávez irrumpió en la política local como un redentor de pobres y oprimidos y saltó prácticamente sin escalas al Palacio de Miraflores, Rosales es todo lo contrario a un líder mesiánico: trabajó con paciencia su ascenso político desde el cargo de concejal municipal hasta el actual cargo de gobernador del poderoso Estado petrolero de Zulia, en el occidente. "Es más un Nixon que un Reagan, y más un Duhalde que un Menem", ilustró con las salvedades del trazo grueso un analista venezolano. Naturalmente, el próximo peldaño en el recorrido metódico y sin estridencias del candidato opositor no es otro que la presidencia.
¿Qué tiene para ofrecer Rosales frente a un Chávez cómodamente instalado en el gobierno después de siete años, que controla y dispone a gusto y conveniencia de todos los poderes del Estado? ¿Qué alternativa representa frente a un presidente que goza todavía del apoyo de la mayoría y que, en temporada electoral, dispondrá de generosos recursos petroleros para convencer a los indecisos? ¿Cómo competirá este hombre de provincia contra quien parece jugar en las ligas mayores y sólo rivalizar con "Mr. Danger", como Chávez suele llamar a George W. Bush cuando no está con ánimo de ofender? Para alguien reservado como Rosales, que suple carisma con una obsesiva dedicación al trabajo y sólo en privado -según dicen quienes lo conocen- deja asomar cierta picardía, la carrera parece cuesta arriba. Sin embargo, más allá de lo que indican las encuestas, sus primeros pasos de campaña parecen haber superado holgadamente las expectativas opositoras.
"Antes que nada, Rosales le ha dado un rostro a una oposición que hasta ahora se mostraba sumamente fragmentada y que no pasaba de ser un sentimiento difuso", opinó el analista político venezolano Alonso Moleiro. No parece mucho, pero no es poco: Chávez ganó una y otra vez en todas las elecciones que fueron convocadas desde 1999 -incluido el referendo revocatorio del mandato presidencial- y, frente a la dispersión del voto opositor, su indescifrable "revolución bolivariana" parecía ya el único proyecto político posible en Venezuela, casi una verdad revelada al oído privilegiado de Chávez.
La elección de Rosales como candidato único de la oposición tuvo sus razones de ser. Surgió el mes pasado de un acuerdo entre él y los otros dos precandidatos de mayor peso, el periodista y ex guerrillero Teodoro Petkoff y el joven líder de centro derecha Julio Borges. De los tres, Rosales es quien mejor "daba" en las encuestas. Con su estilo simple y su retórica llana tiene además la ventaja de ofrecer una buena llegada a los sectores populares, principal puntal electoral de Chávez. Y representa un eje equidistante entre las corrientes más extremas del campo opositor, por lo que es también quien con más facilidad puede atraer a los votantes independientes, a los desencantados del chavismo y a quienes integran el ancho segmento de los "ni ... ni", los que después de años de polarización y atropello rechazan a chavistas y antichavistas por igual.
Rosales podría apelar con éxito también a los llamados "opositores abstencionistas", los más difíciles de movilizar, aquellos sectores de la población que habían decidido no votar en diciembre próximo porque, perdido por perdido, a su entender su voto sólo contribuiría a convalidar un gobierno al que consideran dictatorial. En la medida en que se afiance como opción real de poder, el candidato opositor logrará arrastrar también a estos votantes a las urnas.
Pero hay otras razones para la elección de Rosales como abanderado del antichavismo: tal como observó el politicólogo venezolano Carlos Raúl Hernández, Rosales "puede dar pruebas de capacidad de gestión y de éxitos electorales". En Zulia, donde gobierna desde 2000, derrotó dos veces a los candidatos de Chávez, que contaban con todas las mañas y recursos del chavismo, y se convirtió en uno de los únicos dos gobernadores de signo opositor que resistieron en medio de la avalancha chavista. Dato nada menor, Zulia concentra el 15 por ciento de la población venezolana (es el Estado más poblado y el que más representantes tiene en la Asamblea Nacional) y es donde se encuentra la principal cuenca petrolera del país. "Zulia es -añadió el analista- la vidriera electoral de Rosales: hizo una buena administración, fue eficiente y honrado y se interesó mucho por los sectores más pobres, todos argumentos que ahora puede exhibir como puntos fuertes de su campaña presidencial".
Cálculos y encuestas
Claro que Zulia es una tierra extraña en el noroeste venezolano, donde se habla de "vos" y no de "tú" y donde el regionalismo es un sentimiento poderoso. Por tradición, dicen, lo que ocurre en Zulia no ocurre en el resto del país y viceversa. Y no sería de extrañar, por lo tanto, que el chavismo encuentre allí su antídoto. El voseo, dicen, le da al hablar de Rosales un atractivo peculiar.
Por ahora, Chávez lleva una delantera de abismales 40 puntos: entre el 55 y el 57 por ciento contra alrededor del 17 por ciento de Rosales, que largó muy atrás en las encuestas y difícilmente logre en tres meses de campaña remontar la diferencia y dar vuelta definitivamente la página de la revolución chavista.
Pero la carrera recién empieza y, como dijo a LA NACION el analista político y director de la consultora Datanálisis, Luis Vicente León, este zuliano ante todo pragmático, que en tres décadas de actividad política eludió siempre las definiciones ideológicas rotundas, no sólo tiene mucho espacio para crecer en los sondeos sino que, a la luz de las necesidades, parece dispuesto a competir con Chávez en su misma lógica, "dentro de las coordenadas del populismo".
A modo de ejemplo: entre sus primeras promesas de campaña Rosales incluyó el lanzamiento de una tarjeta de débito por la que se redistribuiría entre los sectores más humildes una porción de la fabulosa renta del petróleo, algo que ya se hace en algunos estados petroleros pero que el candidato opositor promete nacionalizar.
Días atrás, además, Rosales se atrevió a incursionar en territorio chavista al adentrarse con un grupo de seguidores en una barriada humilde de Caracas. Fue agredido por simpatizantes oficialistas y se registraron incidentes que derivaron luego en una guerra de acusaciones. Quedó instalado de paso el temor a una campaña violenta. Pero la caravana opositora sumó más apoyos que los esperados en una zona que se consideraba un bastión del oficialismo y, para los observadores, el desafío expuso las grietas de un gobierno que, según los críticos, descuidó su base de apoyo, no brindó soluciones a largo plazo para los más pobres y, por su propia ineficiencia, ha perdido impulso. Estos primeros éxitos colmaron de un optimismo acaso desmedido a una oposición que desde hace más de un lustro se encuentra varada en el desierto de los votos.
"La oferta de Rosales es más populista de lo que fue su gestión como gobernador porque sabe que competir con Chávez exige un cambio de estrategia", señaló León. "Rosales sabe que entre los desafíos que tiene por delante está eliminar el temor de muchos en los barrios más humildes a perder los beneficios del contrato chavista, por el cual dan su apoyo al presidente a cambio de convertirse en beneficiarios de los programas de salud, educación y vivienda del gobierno", añadió.
La izquierda ilustrada
El sociólogo, columnista y profesor universitario Tulio Hernández coincide con este punto de vista y añade que lo curioso del caso es que sectores medios e intelectuales que, en otras circunstancias, jamás darían su apoyo a un candidato populista, en el caso de Rosales están dispuestos a hacer la vista gorda. "La intelectualidad crítica, la izquierda ilustrada venezolana, va a apoyar a Rosales, por más anodino que les parezca", dijo a LA NACION. Añadió, sin embargo, que en contra del candidato opositor juega el temor de muchos a que, pese a que en 2000 fundó su propio partido, Nuevo Tiempo, un eventual triunfo de Rosales signifique el regreso de Acción Democrática (AD) al poder y de prácticas que fueron nefastas para el país, dado que AD quedó muy vinculada con una etapa de corrupción profunda y consecuente disolución política. "El discurso chavista buscará instalar la idea de que Rosales representa la vuelta de AD", dijo.
El chavismo tiene otro flanco débil para atacar a Rosales: la firma del llamado "decreto Carmona", aquél que suscribieron algunos dirigentes opositores en las horas de incertidumbre del golpe de abril de 2002, que removió a Chávez durante 48 horas e instaló en el poder al empresario Pedro Carmona. El respaldo de Rosales a aquel golpe le permitió al oficialismo tildarlo de "candidato del imperio", lo que arrancó del gobernador de Zulia una definición -y un contraataque certero- que tuvo fuerte repercusión: "Ni el imperio ni el barbudo", una referencia obvia a la alianza del chavismo con la Cuba de Fidel Castro. Según todas las encuestas, el 80 por ciento de los venezolanos rechaza esa alianza. Después de todo, también la política exterior es arena para el combate electoral, y también allí se libra la partida de los contrastes.
Quién es
Origen y formación
Manuel Antonio Rosales Guerrero nació el 12 de diciembre de 1952, en Mérida. Inició las carreras de Derecho y Administración, pero no las completó a raíz de la muerte de su padre. La fe ocupa un lugar importante en su vida.
Carrera política
En tres décadas de carrera fue concejal municipal, legislador regional, alcalde de Maracaibo y, desde 2000, gobernador de Zulia. Ese año dejó Acción Democrática (AD) y fundó Nuevo Tiempo. Está casado y tiene ocho hijos, dos de ellos adoptados.





