Mauricio Macri venció por puntos, pero requería el knock out

Fernando Laborda
Fernando Laborda LA NACION
(0)
22 de octubre de 2019  • 01:41

El segundo debate presidencial mostró a Mauricio Macri en el papel de un retador que, desde el comienzo, buscó ocupar el centro del ring y a Alberto Fernández en busca de contragolpear desde una posición más defensiva. El Presidente pudo haber ganado por puntos, pero el golpe de knock out nunca llegó, en un combate donde hasta los guiños hacia los terceros candidatos en discordia jugaron un papel relevante.

Curiosamente, el mejor golpe estuvo a cargo de José Luis Espert, cuando le preguntó a Fernández si, cuando fue funcionario del gobierno kirchnerista, al que calificó como una asociación ilícita, "no vio nada o fue cómplice". El candidato del Frente de Todos podía haber desoído el interrogante de un adversario con el que no compite por los mismos votos y utilizar de otro modo los treinta segundos de los que disponía. Sin embargo, optó por responderle. La explicación de semejante deferencia de Fernández es que Espert compite directamente por votos que están mucho más cerca de Macri que del peronismo. En tal sentido, sabía que la centralidad del postulante ultraliberal no es la mejor noticia para la coalición gobernante.

Tampoco es casual que Fernández, como en el debate efectuado en Santa Fe, haya vuelto a hacerle algún que otro guiño a Roberto Lavagna. Más allá de las versiones que indican que podría convocarlo a un cargo si llegase a la Casa Rosada -la posibilidad de que integre o presida un hipotético Consejo Económico y Social sigue en pie-, es factible que esta vez las alabanzas de Fernández al exministro de Economía de Néstor Kirchner tengan otra motivación.

El postulante del neokirchnerismo advirtió que podía sacar partido del deslucido papel de Lavagna en los debates, a los cuales nunca terminó de adaptarse y acomodarse, y quedarse con alguna porción de sus votos, que en las PASO superaron el 8% de los sufragios afirmativos, prodigándole elogios.

Es probable que Macri y sus asesores hayan evaluado lo mismo. De ahí que también hubiera un guiño del primer mandatario a Lavagna cuando recordó que el extitular del Palacio de Hacienda dejó a fines de 2005 el gobierno kirchnerista denunciando la cartelización de la obra pública, mientras Fernández permaneció callado todo ese tiempo. Fue un golpe de Macri a tres bandas, dirigido no solo a asociar a su principal adversario con la corrupción, sino a sembrar diferencias entre Lavagna y el kirchnerismo, y eventualmente a cosechar algunos votos que fueron al lavagnismo en las PASO.

Tampoco dejó de llamar la atención que Juan José Gómez Centurión actuara en esta oportunidad con una inesperada dureza hacia el gobierno de Macri, cuando una semana atrás dirigió sus mayores críticas al kirchnerismo. Tal actitud se explica por una cuestión de supervivencia, dado que es más probable que parte de sus 670.000 sufragios en las primarias (2,7% sobre los votos afirmativos) puedan ser captados por Juntos por el Cambio antes que por el Frente de Todos.

La batalla verbal entre Macri y Fernández sobre el tema de la corrupción merece un capítulo aparte. Frente a los embates que recibió por los escándalos que signaron las gestiones kirchneristas, el candidato peronista no optó por la defensa de su compañera de fórmula y mentora, Cristina Kirchner, sino por un contragolpe contra la familia del actual presidente de la Nación, a quien le auguró que lo esperaba un centenar de causas judiciales.

Si todos son corruptos, nadie puede ser seriamente acusado de corrupto. Es ese el mensaje del kirchnerismo que pareció hacer suyo Fernández, luego de aclarar que él personalmente no está involucrado en ninguna causa.

La idea del " dedito disciplinador", una hábil construcción del equipo de asesores de Macri durante el primero de los debates, quedó algo diluida. Como se esperaba, Fernández se cuidó de no volver a señalar a nadie con su dedo índice, al tiempo que sugirió que se hablara de otros índices como los económicos. La jugada de Macri fue muy comentada en medios y redes sociales, pero en modo alguno generó el espanto que desató en el electorado independiente aquel ataúd con el emblema de la UCR que se ocupó de quemar Herminio Iglesias en el recordado cierre de campaña del candidato presidencial justicialista Ítalo Luder en 1983.

En las últimas horas, el foco de atención para el macrismo pasó del dedo acusador a una frase de Fernández que agradó a la Casa Rosada: " Cristina y yo somos lo mismo". Muchos en el oficialismo lo consideraron un grave error. Sin embargo, no hay dudas de que el candidato del Frente de Todos emitió esa frase deliberadamente, demostrando que, en los últimos días de la campaña electoral, el albertismo está menos preocupado por captar al votante independiente y moderado que por galvanizar sus apoyos y consolidar el caudal electoral alcanzado en las PASO.

MÁS leídas ahora

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.