
Metáforas para el pensamiento
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Las metáforas son muy importantes: ayudan a pensar. Pueden ser, incluso, elementos esenciales en la construcción del pensamiento. Nuestro sistema conceptual, tal como se expresa en el lenguaje común, usa metáforas continuamente. Según el libro de George Lakoff y Mark Johnson sobre las metáforas en la vida cotidiana ("Metaphores we live by", Chicago, 2003), las metáforas belicosas son muy frecuentes en el mundo político y académico. Pero bien podrían ser otras.
Si decimos "la ciencia es una jardinería", inmediatamente surgen en nuestra mente asociaciones con los ciclos de la naturaleza, con el riego y la sequía, las flores y las malezas, la sombra y los árboles, el fresco y los aromas. Todo investigador sabe que hay momentos para preparar el terreno, otros para pensar, construir las hipótesis y sembrar las ideas, otros para verlas fructificar y finalmente una etapa para cosechar, o sea para publicar y discutir los resultados, en un ciclo que no tiene fin.
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Cuando el sabio Ramón y Cajal dijo "las neuronas son las mariposas del alma" nos brindó un puente de la biología a la psicología. Cajal estudió hace cien años el crecimiento de las neuronas, de sus axones y dendritas, pero sólo hoy podemos filmar cómo se establecen los contactos entre neuronas, cómo se fijan las sinapsis. Sabemos que nuestro cerebro vive haciendo conexiones, muchas de ellas involuntarias, y eso es lo que lo distingue de una computadora.
En todo caso, ambas metáforas tienen en común la capacidad de trascender los hechos actuales y abrir un nuevo universo de relaciones, asociaciones, inferencias y deducciones.





