
Miniaturas: los porteros del cielo y del infierno
Los legisladores tienen fueros; los presidentes, recursos casi ilimitados; los empresarios, dinero; los sindicalistas, capacidad de presión (y, también, dinero), y los jueces, inamovilidad. Desde el llano cuesta imaginar lo que es ir por la vida siempre con protección. Pero ya lo dijo el célebre pensador de la Argentina contemporánea Alfredo Yabrán: “El poder es tener impunidad”.
El único problema para sus integrantes es que, en el club de los poderosos, hay vacantes limitadas y para que entren nuevos socios, alguien debe salir. Entonces los jueces se vuelven gerentes de admisión porque, salvo cuando alguno rompe la barrera del sonido con sus excesos, sólo ellos tienen las llaves de las puertas del cielo, el purgatorio y el infierno.
En sus despachos, Einstein podría haber demostrado la teoría de la relatividad. Las distintas velocidades con las que movieron los mismos expedientes en la última década son dignas de un tratado sobre la arbitrariedad. No será fácil hacer un país normal si en ellos sigue residiendo la última ratio de una institucionalidad que hace mucho perdió la cordura.ß







