Alcohol

Hugo Caligaris
Hugo Caligaris LA NACION
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29 de abril de 2012  

"El alcohl en gel ya casi no se vende. El hábito que trajo la gripe A fue abandonado"

(De la crónica periodística semanal)

Un ensayista muy importante está escribiendo un libro cuyo título será Auge y caída del alcohol en gel. Será un tratado sobre la paranoia como elemento clave en la sociedad del siglo XXI, sobre la naturaleza y el origen de la creencia de que muy pronto se acabará todo. "Desde el año 2000 tuvimos el Y2K [las computadoras, confundidas por el cambio de fecha, destruirían el planeta], la crisis de las aves [mataron a millones de gansos inocentes], la gripe porcina [llamada «gripe A» y también «H1N1», como un robot de la guerra de las galaxias], el cambio climático que acabaría con la Tierra y la profecía maya, que anuncia el Apocalipsis para este año. Si esto no es paranoia, ¿la paranoia dónde está?", se pregunta el autor, que prefiere mantener en reserva su identidad hasta enero de 2013 porque en el fondo teme equivocarse.

La manía de embadurnarse con alcohol en gel hizo que colapsara el abastecimiento de ese producto en 2009. Ponían alcohol en gel en todas partes. En las mesas de restaurantes y cantinas se confundía con el vinagre blanco. En las iglesias, con el agua bendita. Muchos teléfonos celulares dejaron de funcionar porque la gente los sumergía en alcohol después de prestarlos. Mi tío abuelo salió a dar una vuelta a la manzana y volvió a casa totalmente borracho. A un amigo le retuvieron el registro de conducir y el vehículo porque le dio mal el test de alcoholemia.

Y de repente, nada. Ese terror pasó y muchos otros hacen fila para reemplazarlo. Sin embargo, quedaron secuelas. El alcohol aplicado con tanto detalle en todos y cada uno de los puntos del cuerpo produjo un efecto residual que todavía hoy, abandonada la costumbre, se sigue experimentando. Basta observar los rostros de la mayor parte de nuestros congéneres, comenzando con los de actuación pública que, sin saber su condición de adictos, rigen incluso los destinos de la Patria. El libro de nuestro escritor concluye con un llamado a desintoxicarse. Lo venderán con una botellita de buena leche (dicen que es un antídoto bastante aconsejable).

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