
Cruasanes, medialunas y algunas lecciones
Después de leer casi 1000 páginas de traducción del griego al español de España (las que suman Defensa cerrada, Suicidio perfecto y Con el agua al cuello , las tres novelas de Petros Márkaris que tienen como protagonista al comisario Kosta Jaritos), quien esto escribe encuentra ya muy natural llamar cruasanes a las medialunas. Pero las cruasanes griegas, o las españolas, ¿serán lo mismo que las medialunas argentinas? Pocas cosas cambian más de país a país que las recetas de las comidas, y con ellas, los sabores y los saberes de la infancia.
Hoy, pedirle a un argentino menor de 30 años medialunas "de panadería" o "de confitería" es sumirlo en un mar de dudas; solo identifica las "de grasa" o las "de manteca". Estas reflexiones sobre el idioma y las costumbres trajeron a la memoria un divertido artículo de la escritora y periodista argentina Sara Gallardo (1931-1988) - Los galgos, los galgos , El país del humo y La rosa en el viento son algunos de sus libros más hermosos-, publicado el 16/2/1987 en La Nacion, titulado "Un helado, por favor", con una deliciosa ilustración de Eduardo Meléndez (todo, cuidadosamente atesorado por el Archivo de este diario).
En la nota, en realidad, Gallardo se explaya sobre las distintas variedades de café que hay en Roma y de cómo el solo hecho de pedir uno puede transformarse en una aventura lingüística para el turista desprevenido: "Un caffè, per favore", "Come lo vuole? Oppure vuole un capuccino?". La realidad, siempre, es muy compleja, y, después de saber que no es lo mismo pedir ristretto que caffè lungo , caffè latte (que puede ser latte caldo, tiepido o freddo ) o, también, caffè machiato caldo , latte machiato freddo, capuccino con cacao ma non troppo, al vetro, ya casi no quedan ganas de probar con el helado ( "Un gelato, per favore" ).
Pero hay otro artículo de Sara, "Nosotros, por aquí", en que habla de preferencias y de maestros, y cuya mención viene muy bien para el siguiente tema que se quiere tratar. Escribe Gallardo, el 27/12/1985: "Hay un cuento de Kipling juvenil que trata de un borracho a escondidas que consigue vencer su vicio por amor a una dama que ignora su existencia. Todos tenemos estandartes de esos. El mío es Bioy Casares. Cuando publico palabras de más y comas de menos, y alguien pone comillas a mi palabra ululaciones, un rubor negro me atraviesa: «Qué diría Bioy». Bioy Casares es la dama invisible de un grupo de jóvenes escritores de Italia, y Silvina Ocampo es la dama invisible de un grupo de jóvenes en la Argentina, que dicen que creó el arte más original de la historia literaria nuestra".
A veces, por más que se admire y se respete a un maestro, y se lo cite con fervor, no siempre se comprenden enteramente sus enseñanzas. La profesora Lucila Castro, cuyo nombre es siempre grato recuerdo para todos los seguidores fieles de su columna "Diálogo semanal con los lectores", envió un e-mail a Línea directa, a propósito de una observación que un forista hizo (¡otra vez!) sobre si decir "presidenta" o "presidente" es correcto para referirse, por ejemplo, a Cristina Kirchner. Creyendo citarla bien, el forista aseguraba que la profesora Castro entendía que presidenta está "bien formada y tiene antecedentes de uso aceptado".
Suena parecido, pero no es lo mismo. La profesora Castro señala en su aclaración: "Yo nunca dije que la palabra presidenta estaba bien formada, sino que, por el contrario, repetí hasta el cansancio que se trata de un femenino analógico, no regular, y que por eso no se da en todas las palabras del mismo tipo. Es una forma muy antigua, documentada desde la Edad Media, e impuesta por el uso. Lo que la hace aceptable es el uso y lo que hace que sea preferible es que es la más usada. El lector que me atribuyó haber dicho que la palabra presidenta estaba bien formada sin querer me atribuyó un error que no puedo dejar pasar".
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