El indio San Martín

Rolando Hanglin
Rolando Hanglin PARA LA NACION
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3 de enero de 2012  • 16:07

En su libro reciente "Madres de Próceres", Karina Bonifatti vuelve sobre un tema dramático: la madre biológica real de San Martín habría sido una india guaraní de las misiones jesuíticas, de nombre Rosa Guarú. La tesis ha sido rechazada por los historiadores acreditados, pero sin embargo es una versión irresistiblemente bella -cierta o no- de la historia. Y es inteligente repasarla. ¿Por qué no? La historia no es "revisionista" o "liberal". Es historia, nomás. El relato documentado de los hechos que han sucedido, enmarcados en su contexto social: las costumbres, creencias y valores de su tiempo.

¿Qué otra cosa puede ser la historia?

Por lo tanto, agrupamos las noticias consignadas por Bonifatti.

SOBRE JUAN DE SAN MARTIN Y GREGORIA MATORRAS

El Capitán Juan de San Martín (nacido en Cervatos de la Cueza, España) arribó a Buenos Aires en 1764, con 36 años de edad. Estuvo un año en la Colonia del Sacramento, y luego en un solitario puesto de vigilancia, en la desembocadura del Arroyo de las Bichas sin hacer nada que valiera la pena. En 1767, le encomendaron ocupar la estancia y calera de Las Vacas, cerca del actual Carmelo. El jesuita que se hallaba al frente del establecimiento fue enviado detenido a Buenos Aires, en el marco de la expulsión de la Compañía de la América Española, y don Juan quedó a cargo del establecimiento. Debido a su gestión, aumentó la producción ganadera y la provisión de materiales de construcción para Montevideo, de modo que lo promovieron a ayudante mayor. Como ya era hora de tener casa y mujer, en 1770 arregló su matrimonio con Gregoria Matorras, también de Palencia, de una familia castellana de cierta prosapia, que había llegado a Buenos Aires con su primo (designado Gobernador de Tucumán) en 1767. A los 32 años, Gregoria ya no era joven, y aceptó la propuesta de aquel modesto oficial: casarse por poder, y luego reunirse con él en Uruguay.

A fines de 1770, tenemos a Gregoria casada, viviendo en esa enorme estancia frente a la isla Martín García. En 1771 nace María Elena, la mayor. En 1772 Manuel Tadeo y en 1774 Juan Fermín. Ese mismo año, don Juan es nombrado Teniente Gobernador de Yapeyú, y en 1775 van todos a vivir allá. Esto resulta posible porque se había levantado la disposición que, para evitar abusos, prohibía la entrada a los españoles y el ejercicio del comercio privado.

Yapeyú, fundada por la Compañía de Jesús en 1626, sobre la margen derecha del río Uruguay, fue el pueblo de las misiones con la mejor posición estratégica y la mayor riqueza económica. Tanto en la abundancia de ganados como en la fertilidad de la tierra. Antes de la llegada de los funcionarios españoles, encargados de la expulsión de los jesuitas, en 1768, había sido uno de los pueblos más pujantes. Por ejemplo: los indios guaraníes cantaban en latín y fabricaban violines. Casi no había analfabetos. Una utopía entre el kibbutz de Israel y Shangri-La, demasiado buena para ser verdad. Por ejemplo, la semana jesuítica tenía tres feriados.

José de San Martín nace dos años después, cuando Gregoria Matorras está por cumplir 40 años, y Juan 50. Esto si creemos que José nació el 25 de febrero de 1778. Tengamos en cuenta que el acta de bautismo nunca se halló, ya que Yapeyú fue arrasada por los portugueses (subraya Bonifatti) lo que introduce una primera duda: ¿Puede que José no fuera el quinto hijo de Gregoria Matorras y Juan de San Martín, sino el único descendiente de la pareja clandestina integrada por la criada guaraní Rosa Guarú y el capitán español don Diego de Alvear?

Seguimos, esencialmente, el resumen de Bonifatti, recogiendo diversos documentos, y especialmente la tradición oral. Los tatarabuelos de María Elena Báez relataron a sus hijos, nietos y bisnietos, y a ella misma, así como los pobladores antiguos de Yapeyú, y especialmente las mujeres más añosas como Zoila Daniel, Elisa Coronel y Yuntina Ferreyra: "Rosa Guarú fue la indiecita que tuvo un niño y la familia San Martín lo adoptó como propio, pero ella siguió en la casa, cuidándolo y criándolo hasta que se marcharon a Buenos Aires. El niño tenía entonces tres años, y le prometieron que volverían a llevarla también a ella, pero no aparecieron más. Cuando atacaron y quemaron Yapeyú, se fue a la isla brasilera. Estuvo mucho tiempo allá y volvió. Levantó un ranchito por Aguapé y mantenía la esperanza de que volvieran. Tenía un gran apego por José Francisco. Nunca se casó, aunque tuvo otros hijos".

SOBRE DIEGO DE ALVEAR

El hipotético padre de San Martín nació en España en 1749. Padre de Carlos de Alvear, abuelo de Torcuato y bisabuelo de Marcelo T. Llegó a Montevideo en 1774. Peleó contra los portugueses por la propiedad de Colonia. Integró las comisiones demarcatorias de límites sobre los ríos Paraná y Uruguay. Elaboró informes sobre los indios tupís y guaraníes: hablaba ambas lenguas. Tuvo que visitar Yapeyú, más de una vez, entre 1774 y 1778. Considerando que el capitán Juan de San Martín fue gobernador de Yapeyú desde 1775, debió alojarse en su residencia o dependencias próximas. Cuentan que, al suceder las cosas que a veces suceden, Rosa parió un varón. El padre era don Diego. Se interesó para que el niño tuviera una crianza e instrucción que le permitieran trascender las limitaciones del medio. No hay que descartar que Rosa Guarú, en su condición de india y criada, fuese considerada por Juan y Gregoria como de su propiedad, y en este sentido se entiende la actitud que toma don Diego: no podía reconocer a un hijo ilegítimo sin empañar su reputación, y como a un mestizo sin padre le estaba vedado ocupar posiciones en la sociedad, encomendó a Juan que lo adoptara, comprometiéndose a hacerse cargo de los gastos de su educación.

Desde la publicación de "El Secreto de Yapeyú" (Héctor Chumbita) otras personas han reconocido tener noticias del origen mestizo de San Martín. La señora Magdalena Cristophersen, cuyo bisabuelo se casó con Carmen de Alvear, nieta de Carlos, es una de ellas.

El RP Eduardo J. Maldonado realizó una investigación en 1915 entre más de 40 ancianos, aborígenes, castellanos y franceses, que tuvieron trato con personas fallecidas más de 50 años atrás. Estos, entre ellos la mismísima Rosa Guarú, contaron que habían conocido personalmente a Gregoria y a Juan, y también a San Martín niño, en su propia casa. Para todos ellos, Rosa Guarú no había sido más que la niñera de José, pero ella bien pudo guardar un secreto encomendado especialmente. Otras niñeras, como en el film "La mano que mece la cuna", se apoderan patológicamente de los niños a su cargo.

Uno de los documentos que generó mayor polémica fue el manuscrito de la segunda hija de Carlos de Alvear, María Joaquina: ella conocía la versión por relatos familiares. Casada con un francés y radicada en Francia, visitó a San Martín en Boulogne-Sur-Mer y escribió en su diario: "Cuando en Europa, por primera y última vez vi al general San Martín, no vi más en él que una gloria de su patria que se desvanecía para no morir jamás... Este fue el general don José de San Martín, natural de Corrientes. Su cuna fue el pueblo de Misiones, hijo natural también del capitán de fragata y general español señor don Diego de Alvear Ponce de León".

Es cierto que la señora Joaquina, en su tiempo, fue declarada demente, pero ignoramos las causas, y de todos modos un demente puede, perfectamente, decir la verdad.

En el período 1878-1881, el padre de San Martín enfrenta una serie de conflictos y procesos, bastante delicados, en Yapeyú, a raíz de los cuales es separado del cargo. En agosto de 1873 le escribe al virrey Vértiz, que estaba en Montevideo, solicitando su traslado a España. Este le es concedido el 25 de marzo de 1973. En noviembre, toda la familia vuelve a España, y la madre biológica de José queda en Yapeyú.

No sé sabe si, cuando los San Martín vuelven a España, José tenía cuatro, seis u ocho años. Es difícil precisarlo. Pero sí consta que, igual que todos sus hermanos varones, hizo la carrera militar desde los 11 años. En su caso, en el Regimiento de Murcia. En 1811, contando 33 de edad, toma la dramática decisión de pedir la baja en el Ejército. Formalmente, para viajar a América, por asuntos particulares en Lima.

CARRERA EN ESPAÑA: ¿LO AYUDÓ ALVEAR PADRE?

Gregoria Matorras hace su testamento en España, en 1803, diez años antes de su muerte, y allí dice: "Puedo asegurar que el que menos costo me ha tenido ha sido don José Francisco...he gastado muchos maravedís en Justo Rufino". ¿Por qué? ¡Porque (dice Bonifatti) Diego de Alvear costeó su carrera! Lo confirman historiadores militares que estudiaron la trayectoria de San Martín en España, los archivos acopiados por Sabina de Alvear y sus descendientes actuales. Justo Rufino le costó más porque se había incorporado a la compañía americana Guardia de Corps, donde los cadetes debían pagar su manutención diaria y costear su equipo. Sigue diciendo Bonifatti: Gregoria y Juan eran pobres, y sin embargo San Martín puede incurrir en gastos y adquisiciones impensables, como por ejemplo: libros. Reunió una gran biblioteca, cuyo valor equivaldría a su sueldo íntegro de militar durante tres años. Agustín de Herrán Matorras dice que podía incurrir en estos gastos porque tenía "ingresos extras": ¿Una asignación de su padre verdadero, don Diego de Alvear? Esto explicaría sus aficiones más bien refinadas: la guitarra, el dibujo, el ajedrez, la lectura.

Una frase de las memorias de don Diego de Alvear sugiere que en su vida pudo haber un encuentro amoroso con una guaraní: "los indios son débiles, tibios y fáciles para el amor".

En cuando a los rasgos físicos de San Martín y sus padres, cabe apuntar lo siguiente. Gregoria Matorras tenía los rasgos fisonómicos típicos del blanco europeo. Juan de San Martín era rubio, de ojos azules, y medía 1,43 m. según su foja de reclutamiento. Ambos son reconocidos como cristianos viejos, de probada pureza de sangre, sin mezcla de infieles, moros ni judíos. San Martín, en cambio, tenía el pelo lacio y negro, la piel morena, ojos negros rasgados y penetrantes. Era alto: 1,80m.

Escribió Alberdi, que lo conoció en Europa: "Yo lo creía un indio, como tantas veces me lo habían pintado, pero no es más que un hombre de color moreno, más alto que el común".

Los godos lo llamaron "indio misionero".

El general napoleónico Brayer, que actuó a sus órdenes en la batalla de Maipú, lo tachó de "tape de Yapeyú". Otros lo llamaron "el cholo de Misiones". También fue apodado "el paraguayo" o sencillamente "el Indio".

Interpretaciones sobre el regreso de San Martín al Río de la Plata. Mitre: "Volvió los ojos a la patria lejana, a la que siempre amó como a la verdadera madre". Ricardo Rojas menciona el subconsciente del niño, que toda una vida en España no pudo borrar (?). Vicuña Mackenna afirma que San Martín "sirvió a la independencia americana porque la sentía circular en su sangre de mestizo".

Del cancionero popular:

La india Rosa Guarú

de la raza guaraní

fue niñera en Yapeyú

de José de San Martín

A cantar un tororé

(canción de cuna)

Ñandeyara che mondó

(he sido enviada por Dios)

al caraí chuí José

(al niñito José)

con destino de pindó

(alto como una palmera)

Obsérvese que, en estos sencillos versos, se habla de niñera y no de madre.

En la ciudad de Corrientes pueden verse viejos grabados, óleos y murales con la imagen de Rosa Guarú. Muy joven, la piel oscura, el pelo suelto, siempre con el tipo y largo pero descalza, porque así vivió. Rosa nunca admitió que le pusieran zapatos, como había dispuesto la Corona en su momento, tras la expulsión de los jesuitas. Así lo subraya Bonifatti. Dice además que hay un mural de José Kura en el Instituto Yapeyú donde Rosa, sentada en el piso con las piernas cruzadas, tiene una expresión de placidez particular. En su regazo, mirando al frente, un San Martín bebé alza los bracitos.

Un libro sugestivo: "Agonía Interior del muy egregio señor don José de San Martín y Matorras". Autor, el señor Oriol i Anguera, catalán. Una frase: "Para que un militar sea perjuro a la bandera que ha jurado defender con su sangre, debe haber pasado por una crisis profunda".

Del historiador español Barcia Trelles: "A nadie se podrá hacer creer que un hombre formado en España, desde los cinco hasta los 33 años... un buen día, porque sí o porque las añoranzas del terruño brotan de su alma... deja aquella tierra donde están su madre, sus hermanos, sus amigos, sus jefes, las cenizas de sus mayores y el patrimonio espiritual de sus deudos".

En efecto, toda la historia es bastante increíble.

Atención: de sus hermanos españoles, San Martín sólo mantendrá cierta relación con Justo Rufino, el más chico, el único nacido como él, en Yapeyú. Acotemos también que, en su testamento -esto no lo menciona Bonifatti- menciona especialmente a su hermana María Elena.

Cuesta creer, de cualquier modo, que los padres de San Martín fueran españoles, cuando leemos de una carta dirigida a José Artigas, desde Mendoza, el 13 de marzo de 1819: "Unámosnos contra los maturrangos, bajo las bases que usted crea y el gobierno de Buenos Aires considere convenientes, y después que no tengamos enemigos exteriores, sigamos la contienda con las armas en la mano, en los términos que cada uno prefiera...Mi sable jamás saldrá de la vaina por opiniones políticas, salvo que sean a favor de los españoles y su dependencia". O sea: sus propios padres.

¿Cómo explicar este encono contra España y los españoles?

APUNTES SOBRE LA RELACION AMOR-ODIO ENTRE SAN MARTIN Y ALVEAR

Pudieron ser hermanos por parte de padre. Eso es una conjetura.

El hecho es que llegaron a Buenos Aires juntos, en el mismo barco, la fragata "George Canning".

Carlos de Alvear, hijo legítimo de don Diego, se casa a los 20 años con Carmen, en julio de 1809, en Cádiz. Ambos presentan a San Martín (el ignoto soldadote recién llegado, al que algunos suponían espía español) ante la sociedad de Buenos Aires. Y son testigos de su boda con Remedios de Escalada en 1812.

La versión de Chumbita, en "El Viaje del Libertador hacia sus orígenes" : "Entre 1808 y 1811, mientras se producía el levantamiento general de la península contra Napoleón... Carlos de Alvear y San Martín, protegidos por don Diego, tramaron una exitosa serie de maniobras con el auxilio de la red masónica, para retornar al Río de la Plata junto a un grupo de oficiales... todo ello se discutió y se resolvió en uno de los pisos del barrio de San Carlos que ocupaba el joven Carlos con su esposa, en el cual funcionaba la sociedad masónica de los Caballeros Racionales No 3... Los recursos decisivos que necesitaban para ese proyecto eran el dinero y los contactos con Londres. Quien se los proporcionó, según resulta claro ahora, fue el padre de ambos, don Diego de Alvear, antiguo protegido de los ingleses".

Hasta aquí, suena posible la colaboración de dos hermanos íntimos, que andaban juntos.

Luego, los caracteres de ambos los enfrentan. Carlos es Director Supremo cuando sólo contaba 25 años. San Martín emprende una utopía diferente con su expedición a Chile y Perú. Desobedece a las autoridades de Buenos Aires.

Una carta jactanciosa de Alvear a San Martín, reseñando sus propias hazañas militares, mereció el comentario marginal, de la propia mano del Libertador: "¡Ni Napoleón!". Evidentemente, le molestaba la personalidad de Alvear.

En materia de caracteres, el de San Martín era bien singular, ya que comía solo, de parado o en una mesita individual, en la cocina, conversando con los cocineros. Tomaba sólo un vaso de vino blanco. Rechazaba enérgicamente toda pompa o vanidad. Cosía sus propios botones, remendaba el uniforme y las botas. Prohibió en su testamento, de modo terminante, que se le celebrara algún funeral o ceremonia. Y rogó que su corazón descansara en el cementerio de Buenos Aires. Léase bien: cementerio, no catedral. El caso es que su voluntad no se cumplió. Sus restos descansan también en un sitio ambiguo, en la catedral de Buenos Aires, muy cerca de donde se casó con Remedios: "A medida que uno se acerca a la bóveda, va saliendo del terrero sacro. Están adentro y afuera. La Iglesia dispuso esta ubicación anómala porque San Martín era masón" (Bonifatti).

Ítem 17.5 del Instituto Nacional Sanmartiniano: "Existía una profunda antipatía, públicamente conocida, entre San Martín y el general Carlos de Alvear, y es significativo señalar que a las calumnias del último sobre don José, en el sentido de que era ambicioso, tirano y ladrón, nunca agregó las de haber sido bastardo y mestizo". Es verdad: Alvear pudo decirlo y no lo dijo, pero a lo mejor ni lo sospechaba... ¿Quién sabe?

La irlandesa Mary Graham, el 15 de octubre de 1822, recibe en Valparaíso a San Martín y anota en su diario personal: "San Martín es un hombre muy alto, de buena figura, sencillamente vestido de negro. Ojos oscuros y bellos pero inquietos, nunca se fija en un objeto más de un momento, pero en ese instante expresan mil cosas. Su rostro es verdaderamente hermoso, animado, inteligente, pero no abierto. Su modo de expresarse, rápido, suele adolecer de oscuridad. Sazona a veces su lenguaje con dichos maliciosas y refranes. Tiene gran afluencia de palabras y discurre fácil sobre todos los temas. En Sudamérica lo consideran mestizo... Nunca he podido averiguar con exactitud ni el lugar de su nacimiento ni su verdadero parentesco".

En febrero de 1824, San Martín sube a un barco con su hija Mercedes, de 7 años. En el puerto del Havre, Francia, lo registran como "americano, nacido en las Misiones del Paraguay", y lo reembarcan a Inglaterra.

CONCLUSIONES

Las citas concuerdan en un San Martín de gran apostura física. Hay que subrayar que en aquel entonces no existían los gimnasios en cadena: sólo tenían buena planta los hombres de entrenamiento militar, y San Martín lo era desde niño. Eso lo destacaba entre muchos otros. Tal vez, también, sus facciones "indianas", como decían en España. Si buscáramos hoy, entre nuestros contemporáneos, algunos señores de imagen comparable a la de San Martín, tal vez lo serían los hermanos Adolfo y Alberto Rodríguez Saa, o el actor Anthony Quinn.

San Martín es un enigma histórico, un atormentado tal vez, alguien que ha dejado misterios en torno a su nacimiento, las razones de su aventura vital, los motivos de su renunciamiento en Guayaquil, la verdadera dimensión de sus compromisos con Gran Bretaña, los alcances de su afiliación a la Masonería, y hasta su notorio entusiasmo por Juan Manuel de Rosas, que la historia oficial ha disimulado.

Hombre de obstinado silencio y gran señorío. Un héroe único. Un tipazo irrepetible.

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