Maus, el héroe de la derrota

Silvia Hopenhayn
Silvia Hopenhayn PARA LA NACION
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27 de febrero de 2015  • 21:06

¿Qué es triunfar? ¿Ganar o perder?

Según la guerra que se libre o lo libre que se quiera ser…

Así como en los números parece contar más la ganancia, en el terreno de lo que se escribe la pérdida es buen comienzo.

Empezar por lo perdido es el principio de una búsqueda –no necesariamente de lo que se perdió. La tan mentada página en blanco del escritor, bien puede ser una página arrancada de su vida. Como la que le birlaron al historietista Art Spiegelman: el oscuro episodio de sus padres en los campos de Auschwitz y el suicidio de su madre.

Con plasticidad gráfica y narrativa, Art busca el modo de ingresar en el pasado a través de un encuentro en el presente

La guerra es terreno fértil de pérdidas, -más allá de la ganancia brutal de las carreras armamentistas. A setenta años de la rendición de los nazis en la Segunda Guerra Mundial, se vuelve a editar uno de los libros que mejor la cuenta (insisto, contando lo que se pierde). No es una novela, tampoco un testimonio, ni una ficción histórica. Y al mismo tiempo, es todo eso, en trazos imborrables. Es una historieta de la historia. El relato de la persecución nazi, a partir del testimonio personal del autor sobre la historia de sus padres, contada como ficción, en un libro de cómic para distintos ánimos y edades. Se trata de Maus, de Spiegelman, publicada en dos tomos, y traducida por César Aira. Una historia cuya realidad –bella, dolorosa- proviene de la invención del recuerdo. Una novela gráfica que nació como tal, sin ninguna adaptación a formatos editoriales, sino por pericia creativa y sentimental de su autor.

Spiegelman –Premio Pulitzer por esta publicación, mentor de la mítica revista Raw- recuerda desde lo no vivido aquello que está terriblemente encarnado en su propia historia: la experiencia de sus padres en la Segunda Guerra Mundial. ¿Cómo lo hace? Con plasticidad gráfica y narrativa. Art busca el modo de ingresar en el pasado a través de un encuentro en el presente. Sostiene largas entrevistas con su padre, a principios de los años ochenta. Las charlas, por momentos incómodas, impertinentes o súbitamente confesionales, versan sobre su vida amorosa en Polonia, con la madre de Art y su trágico pasaje por los campos de concentración. Spiegelman lo escucha, lo graba y va inventando por escrito lo que realmente sucedió, con ayuda de sus propias referencias infantiles, como las aventuras persecutorias de Tom y Jerry.

El hallazgo de Maus es el modo en que su autor, al vérselas con la tozudez de su padre y su dificultad en la comunicación en el presente, consigue llegar a su valentía sentimental

En esta historieta, los judíos son ratones, así como gatos los nazis y cerdos los polacos no judíos. Pero aquí no hay granja ni rebelión. Son campos, y de exterminio. Maus es el relato de un superviviente, como indica el subtitulo del libro. Un superviviente no especialmente heroico de la gran derrota de la condición humana en el siglo XX.

La historia se desarrolla en dos planos: en Rego Park (Nueva York) donde Art visita a su padre para escribir su historia en un cómic. Y a través de flash-backs, donde Vladek, su padre, cuenta las vivencias durante la guerra.

El hallazgo de Maus es el modo en que su autor, al vérselas con la tozudez de su padre y su dificultad en la comunicación en el presente, consigue llegar a su valentía sentimental. A pesar de sus manías y prevenciones, el relato del pasado convierte a su padre en el hombre que Art no llego a conocer: amador y sobreviviente. Más que un enfrentamiento, es la entrega de una historia. Una historia que solo puede ser trasmitida con la palabra buscada (por el hijo) ya que su padre, luego del suicidio de su esposa, destruyó todos los escritos que conservaba sobre la experiencia de ambos en Auschwitz. Un documento perdido… y una historia ganada.

Por esto, y mucho mas, la historieta Maus es un ratón de biblioteca imprescindible.

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