Mirando con preocupación al México de hoy

Emilio Cárdenas
Emilio Cárdenas PARA LA NACION
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7 de noviembre de 2019  • 02:35

El presidente electo, Alberto Fernández, suele mencionar con inocultable simpatía al presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, como al líder político de la región con el que aparentemente se siente más identificado, políticamente. Por ello visitarlo conformó su primer viaje al exterior.

Hablamos de un hombre de gran experiencia política en su país. De conducta prudente y discursos encendidos pero que, desde que asumiera la presidencia de México, no ha conseguido generar y sostener una cuota de confianza en los inversores. Ni hacer crecer satisfactoriamente a la economía de su país, que -recordemos- es la tercera más grande de nuestra región, sólo superada por las de Brasil y los EEUU.

Hoy, la tasa anual de crecimiento económico mexicana es anémica, de apenas un 0,1% de su PBI. Nada para festejar, entonces.

México está esencialmente estancado y de no ser por el crecimiento de su sector agropecuario, que es del 3,5% anual, lo de México, en materia de desarrollo económico, está lejos de ser un ejemplo a imitar a rajatabla. Esto pese a que el país tiene el obvio privilegio de ser vecino inmediato de los EEUU, cuya gigantesca economía tiene una enorme capacidad de tracción, aunque crezca a un ritmo anual no demasiado atractivo: del 1,9% del PBI.

México tiene nada menos que a un 42% de su población que vive estancada bajo la línea de pobreza. Hablamos de unos 52 millones de personas que aún están en la pobreza y lo cierto es que, cada día, el país azteca incorpora inexorablemente a otras 794 personas a ese poco atendido grupo, el de los pobres. Hasta la petrolera estatal Pemex hoy genera pérdidas económicas.

Por esto, si "por sus frutos los conoceréis" parecería prudente detenerse un instante, sin caer en precipitaciones ni exageraciones, y mirar muy de cerca lo que efectivamente sucede en México como resultado de su política económica, antes de decidir "imitar" su estrategia de desarrollo, que de superexitosa no tiene, francamente, mucho, salvo el pragmatismo.

Argentina y México tienen, por lo demás, economías que son muy distintas. De allí que, si algo hay para imitar en México, es la interesante prudencia estratégica en el andar que caracteriza a un político de raza: esto es al presidente Andrés Manuel López Obrador. Ojalá se comprenda lo antedicho en toda su dimensión y se eviten los errores y las precipitaciones.

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