Mitre y el Noroeste argentino
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Bartolomé Mitre, aunque hombre de Buenos Aires y con hondo arraigo popular en la misma, también en el interior suscitaba simpatías y adhesiones perdurables de líderes provinciales y regionales. En el norte argentino, Mitre contaba con la amistad del santiagueño Antonino Taboada y su hermano Manuel, originada en el largo exilio que compartió con Antonino durante el gobierno de Rosas y sólidas relaciones con Marcos Paz, perteneciente a una familia de profundas raíces en la antigua gobernación del Tucumán.
Marcos Paz fue elegido por el Colegio Electoral vicepresidente de Mitre y Antonino Taboada, quien aspiraba a esa investidura, fue compensado con la designación de Jefe de la división norte del Ejército. En el tucumano encontró el presidente la colaboración indispensable al delegar el mando presidencial para hacerse cargo de la jefatura del ejército de la Triple Alianza. En Antonino Taboada y su hermano Manuel logró el respaldo político y militar en las campañas de 1862-63 para sofocar las sublevación del Chacho Peñaloza como las revoluciones andinas de 1866 que abarcaron Cuyo, la Rioja y Catamarca, acaudilladas por los Saa en Cuyo y Felipe Varela en Catamarca y la Rioja.
Los Taboada, con soldados en su mayoría santiagueños, derrotan en las afueras de la ciudad de la Rioja al caudillo catamarqueño Felipe Varela. Así concluyen los desafíos a la autoridad nacional en el Norte. Esta rebelión contaba con apoyos en Chile y la instigación de Solano López. En su gabinete, el presidente Mitre incluye a varias figuras provincianas. Dalmacio Vélez Sársfield en el Ministerio de Hacienda, reemplazado luego por Lucas González mendocino. Guillermo Rawson, nativo de San Juan, el salteño Evaristo Uriburu. En la integración de la Corte Suprema, nombra a personalidades que colaboraron con el gobierno de Urquiza como su vicepresidente Salvador María del Carril, y Francisco Delgado, senador por Mendoza en la Confederación Argentina y Benjamín Gorostiaga, de Santiago del Estero y de notable actuación en la Convención Constituyente de 1853.
El presidente Mitre, a pesar de los conflictos internos y de la guerra con el Paraguay, que lo obligó a formar un ejército de 25 mil hombres bien equipados con el costo financiero consiguiente, avanzó en iniciativas esenciales para el progreso nacional. En relación a la educación fundó en el noroeste tres Colegios Nacionales sitos en Catamarca, Salta y Tucumán. En las últimas semanas de su gobierno tiene lugar en el Congreso un debate notable que culmina en la sanción de la ley 268, ley que es un verdadero programa de infraestructura y al que se llega por el consenso de diversas iniciativas, pues, en un país donde todo estaba para hacerse se buscaba, sobre todo en las provincias más alejadas de Buenos Aires la construcción de ferrocarriles.
La concesión al Central Argentino del ferrocarril de Rosario a Córdoba y el inicio de las obras en 1865, generó en las elites provinciales una discusión sobre su prolongación. Francisco Civit, de Mendoza, reclamaba la construcción de una línea desde Villa María a su provincia pues, sostenía, el comercio se veía afectado por los ataques de los indios a las caravanas de carretas. Cleto Aguirre, de Salta, reclamaba la prolongación de Córdoba al Norte, para poder incorporar la región a la economía nacional, y decía que el ferrocarril era el instrumento para consolidar la unión nacional y terminar con amenazas de rebeliones como la de Felipe Varela cuyas caudas, afirmaba, eran el atraso, el aislamiento y la pobreza.
Por su parte, Manuel Quintana plantea la necesidad de construir el puerto de Buenos Aires, asunto pendiente desde los proyectos, durante el virreinato, del ingeniero Pedro Cerviño. El debate fue áspero pues cada provincia pretendía la prioridad en las obras, pero se logra el consenso para incluir todos los proyectos en un despacho que se trata y aprueba días antes de entregar el mando el general Mitre a su sucesor Domingo F. Sarmiento.
En las sucesivas presidencias del sanjuanino, de Avellaneda y de Roca, se hacen los trabajos que permiten unir Rosario con Tucumán y con Mendoza y San Juan. Una verdadera política de Estado donde las diferencias políticas, que las hubo y muy duras como las referidas a los comicios presidenciales de 1874, no alteraron el camino del progreso de la Nación y el acuerdo de impulsar el poblamiento del territorio, terminar con el analfabetismo y construir las obras de comunicación para promover la producción en todo el territorio nacional.
En 1870 al finalizar la guerra con el Paraguay, los soldados de las provincias mediterráneas, que marcharon al frente en largas caminatas hasta las riberas del Paraná, en el regreso a sus hogares viajaron hasta Córdoba en tren.
Los lazos con los Taboada le permitieron obtener en las elecciones presidenciales de 1868 a Rufino de Elizalde, el candidato presidencial del mitrismo, los electores de Santiago del Estero, Catamarca y Tucumán. En los comicios presidenciales de 1874, el general Mitre obtuvo el triunfo en Santiago del Estero. A principios del siglo pasado se funda el diario El Liberal por don Andrés Figueroa, con el propósito de sostener “la política de Mitre”. A pesar de la guerra exterior y las rebeliones localistas Mitre, primer presidente de la Argentina unificada, inició un ciclo de gobiernos que encararon la remoción de los obstáculos que trababan el progreso argentino y dieron a las provincias más postergadas la posibilidad de progresar, llevando la educación y acortando las distancias con los rieles.





