Moretones que empoderan

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7 de marzo de 2020  • 11:29

"Yo era la que más me parecía al estereotipo de lo femenino que aceptarían los interlocutores en el fútbol, en las empresas y en la prensa. Y mi historia personal enganchaba a los medios". Hace unas semanas, Evelina Cabrera, la entrenadora de fútbol que fundó la Asociación Femenina (AFFAR) presentó su libro Alta Negra (Random House). Evelina despliega en esas páginas la fuerza de la que somos capaces las mujeres cuando estamos juntas y la lucidez de aprender a usar su capital social, político -y también erótico- para dar vuelta lo establecido, sin renunciar nunca a su esencia. Con valentía y sensibilidad cinematográfica, Cabrera cuenta en su libro ese "caso" que fue su historia: el de la transformación personal de una chica que llegó a vivir en la calle (dormía abrazada a su mochila en un banco de plaza frente a la escuela en la que terminó la secundaria) y buscar entre la basura qué comer, sufrió una enfermedad que la dejó afuera de las canchas profesionales, y que terminó por cambiar con ella la Historia con mayúscula de tantas argentinas: fundó la AFFAR para ayudar a otras jugadoras a superarse y encontrar un lugar de pertenencia, armó el primer equipo de chicas ciegas de Buenos Aires y llegó a disertar en la Organización de las Naciones Unidas (ONU) en Nueva York sobre su trabajo empoderando mujeres y dándoles herramientas para tener una vida mejor a través del deporte. Lo próximo: llevará su libro a la Legislatura bonaerense en presencia de las presas que entrena semanalmente. "Me costó, pero lo logré: les dije 'a los varones privados de su libertad los dejan salir a jugar al rugby, ¿por qué no van a poder mis jugadoras?'". No hay obstáculos para la Negra; o al revés: se construyó sobre esos obstáculos, sobre cada moretón.

La vida real de Evelina me hizo pensar en Mona, la morocha de ficción de Pola Oloixarac (2019, Random House) que se maquilla demasiado y usa muchas más máscaras que la de sus pestañas para hacerse fuerte. ¿Qué tienen en común una limeña de clase alta graduada en Estados Unidos y que viaja por el mundo a encuentros de escritores y una futbolista argentina q se crió en los potreros, a patada limpia? Los moretones que las hicieron fuertes. Ni Evelina ni Mona muestran los magullones de la cancha que es la vida: son poderosas en sus shorts de Nike y las medias hasta las rodillas o con sus pañuelos de Hèrmès al cuello. Se hicieron fuertes sobre esos moretones que ninguna debería tener, pero todas las mujeres entendemos como si fueran nuestros; la Negra y Mona se animan y nos animan a decir y hacer cualquier cosa mientras esconden dolores inenarrables, de pie sobre su vulnerabilidad. A la Mona que hace poesía y también usa su capital social, identitario y erótico para cambiar las cosas, para hablar de feminicidios tan aberrantes como el que esta semana nos dejó sin poder festejar la posibilidad de una ley que despenalice el horror de que nuestros cuerpos no sean nunca -por fin- nuestros: el de una chica asada a la parrilla por su novio de diecinueve años. Mona es la gran novela feminista de este año que se fue, porque habla de lo que hacemos todas: taparnos los moretones para seguir con nuestra vida, lejos de la victimización, pero demasiado cerca del horror que nos descuartiza para que no queden rastros, ni rastros de los rastros.

Mona y Evelina son morochas y altaneras y no las verán llorar ni detenerse, porque no les robaron la risa ni la capacidad de ir por más: como a la mayoría de las que sobrevivimos. Mona carga las marcas de la violencia inexplicable que habita todas las clases. Evelina: "Mala y cabrera. No me sorprende que a un hombre al que no le gusta mi carácter diga de mí que soy una conchuda". Las leo, tan parecidas en sus diferencias, y las siento como referentes del feminismo que más me conmueve, el que está y hace sobre sus moretones. Algunas, como Brenda, ya no pueden. Esta columna es también para ellas.

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