
No hay gobierno sin villano
Por Orlando Barone
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Un villano es un villano. No hay historia real o fantástica que no tenga uno. Y hasta puede ocurrir que el villano de una película haga tan bien su papel que supere al héroe. Es curioso porque el nombre se origina en el labriego del llano de una villa y con el tiempo pasó a ser un hombre bajo y vil. Los villanos suelen especializarse más en intereses que en odios. Aunque Yago, el maldito que Shakespeare crea en Otelo , conjuga con eficacia ambos dones.
La política es uno de los terrenos más fértiles para la villanía; pero eso no exime a otros rubros, incluyendo a la familia. Cuando se convierte en estereotipo, el villano está perdido. No hay revisionismo histórico que logre restaurarlo del prejuicio colectivo. Hay pruebas o leyendas solamente. Es lo que le pasa al Diablo. Y lo que aquí le pasa ahora a Julio De Vido. Ese es el papel que le toca. El que el público cree que es el que más le sienta.
No hay gobierno que no tenga un villano. O dos. O varios. Su papel es fiel a lo mejor de la naturaleza humana. Es Caín. O Herodes. O Judas, Atila, Rasputín o Richelieu. Unos más brutos ; otros sutiles; otros humanamente indescriptibles. El mejor villano es aquél que conlleva su maldad intrínsecamente. Le bastan su crueldad interior y su cinismo. En la película El perfecto asesino, Gary Olman encarna a un malvado de inolvidable villanía. Dan ganas de ir hasta la pantalla a borrarlo. Porque es insanamente irresistible. Hitler luce un villano obvio: transparente. Muy sobreactuado para mi gusto. Aunque insuperable en sus consecuencias. Son más comunes los que callan que los que gritan. Por eso Chávez es vulnerable: porque lo tienen que mandar a callar y eso lo expone ordinario.
Si serán imprescindibles los villanos, que hasta un gobierno enteramente villano como el de la dictadura militar del setenta tuvo varios destacados. Astiz es el villano emblemático. Categoría estelar que cobra más relevancia entre tantos malvados como había. José López Rega también fue un villano arquetípico y de tan grande atracción que alcanzó el rango de tema literario.
Ahora Julio De Vido ha sido confirmado en su cargo. Significa que lo que para la crítica y la oposición es malo, no lo es para el gobierno que se va y el que viene. No sería incongruente conjeturar que, para los millones que votaron a la presidenta, de Vido no reviste aquella categoría siniestra que los medios diagnostican. Salvo que se pretenda sospechar que los votantes son tan cretinos que no les importa el mal sino sus beneficios.
En un papel de villano menor está el controlador Moreno. Un tipo de villano de escasa exposición, descripto como tosco y burdamente sobreactuado; lo que lo hace descender en el concepto. Aparte de que lo vulgariza ser especialista en índices de inflación ficción, de hortalizas y de góndolas, y no de conspiraciones sutiles.
En la Argentina contemporánea, el reinado mediático aprueba o demuele a uno u otro funcionario sin esperar la condena jurídica. Que a veces no llega. O que no llega nunca.
Una "poca" o "mucha" argumentación suelen ser suficientes para diseñar el chivo expiatorio imprescindible que haga drenar la catarsis. Alfredo Yabrán fue un modelo en su género.
No quisiera fatigar nombres de distintos gobiernos que me vienen a la punta de la lengua. Cada uno tiene los suyos. Nadie puesto de frente a muchos villanos sería capaz de sostener las diatribas o infundios que les endilga desde lejos.
Yo mismo, por inercia desinformada o informada, prejuzgo villanos cuyos delitos no me constan, aunque sí sus leyendas. Acordar con la manada siempre favorece.
Atacar a un villano cuando está en el poder categoriza al que lo hace con un rango ético. Ventaja que tienta a la mediocridad a sacar licencia de valiente. Los villanos existen. Algunos son reales; otros son fantásticos; o una mezcla de géneros. Otros tienen la fatalidad de lucir el phisique du rôle apropiado y hacen lo suyo para no desmerecerlo. No sé a qué grupo pertenece De Vido. No me hago cargo de los chismes. Me permito la duda, aunque duden de mí los sagaces. Y no es que aspire a entrar en el reino de los tontos.





