"No hice negocios a cambio de sangre"

El ex embajador israelí niega un pacto de silencio con el gobierno menemista en torno de los atentados y critica a quienes afirman que no buscó la verdad
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24 de noviembre de 2002  

Yitzhak Avirán fue embajador de Israel durante siete años, el mayor período de servicio de un diplomático de ese país, desde su creación en 1948, en la Argentina. Su gestión no pasó inadvertida: por un lado, debió enfrentar las tensiones posteriores al atentado contra la embajada de Israel (1992, previo a su llegada) y contra la sede de la AMIA (durante su ejercicio). Por otro, esa década, signada a fuego por el menemismo, la Argentina e Israel estrecharon más que nunca sus lazos comerciales y culturales.

Sin embargo, a dos años de haber cerrado su ciclo, no todo es un lecho de rosas. Recientemente el programa de TV Puntodoc presentó un informe donde se sugería que diversos proyectos de cooperación con distintas provincias respaldados por la embajada tendrían muchos puntos oscuros. Y que los ATN (Adelantos del Tesoro Nacional), que entregaba el Ministerio del Interior a las provincias para esos proyectos, no habrían sido utilizados para los fines establecidos. La tesis del programa (que constaba en una nota publicada en Enfoques el 27/10/02) sugería que mediante esos "negocios" el gobierno menemista pretendía morigerar las críticas de Avirán sobre los lentos avances de las investigaciones por las causas de los atentados.

En su departamento de la avenida Las Heras, Avirán, que vive la mitad del tiempo en Israel y la otra mitad aquí, se muestra indignado por semejante hipótesis. Y después de un riguroso silencio decidió que era hora de responder las denuncias mediáticas que considera tendenciosas, "y hechas con verbos en condicional".

-Usted sostuvo desde el primer momento que los ataques a la embajada y a la AMIA fueron obra del Hezbollah, con financiación iraní. ¿Cree que el juicio en curso logrará corroborar esa hipótesis?

-Creo que el tribunal tiene las pruebas de que el culpable fue el Hezbollah, apoyado por Irán, y que podrá demostrarlo. Pero durante estos nueve años, desde 1993 hasta hoy, siempre dijimos que más importante que los culpables directos era determinar quiénes apoyaron los atentados desde dentro.

-¿Es optimista en ese sentido?

-Mire, en mi opinión se avanzó muchísimo en la investigación. Creo que se tiene ahora el material suficiente para demostrar cómo funcionó la pata local.

-En los últimos años ha habido críticas, sobre todo dentro de la propia comunidad judía, que lo acusan de no haber hecho lo suficiente para esclarecer los hechos.

-Algunas personas dicen que no fuimos lo suficientemente insistentes. Pero sinceramente me da la impresión de que mucha gente sufre de amnesia. Todo esto está escrito, filmado o se transmitió por la radio durante todos esos años. Lo digo con orgullo, porque también era mi convicción. No me cansé de repetir: esta causa no puede ser cerrada. Cuando llegué a la Argentina descubrí que la Corte Suprema no estaba haciendo nada. Fue por presiones nuestras que Ricardo Levene renunció. Después llegaron los nueve jueces. Allí todos eran responsables de la investigación. Un despropósito. Así no se podía avanzar. Hasta que después de mucho tiempo de pedir que sólo uno se hiciera cargo, y cuando estaban por cerrar la causa, aparecieron con la teoría de la implosión, la teoría de que la bomba había sido colocada dentro de la embajada. Tuve un duro enfrentamiento con la Corte, algo que no es usual entre un diplomático y el tribunal de un país, pero no tenía otro remedio. Como usted sabe, finalmente se demostró que fue una explosión. Después, al final llegué a imponer que sea un secretario, Esteban Canevari, el que pudiera seguir este tema bajo la orden de los jueces. Alguien debía hacerse responsable. Todo esto ocurrió y para mí como diplomático fue un enfrentamiento muy duro.

- ¿Y en la causa AMIA?

-Con el atentado de la AMIA ocurrió algo similar. Varias veces quisieron cerrar la causa. Nosotros, desde la embajada, ayudamos a Galeano. No sólo eso. Reunimos una comisión de juristas del más alto nivel que nos ayudaron en el tema AMIA: Arslanian, Gil Lavedra, D´Alessio, Zaffaroni, y fueron nuestros consejeros permanentes sobre cómo proseguir con el tema. Fue una ayuda para encontrar el camino de una investigación muy problemática. Porque en este país no sabían nada sobre el Hezbollah ni el fundamentalismo. A mi entender, los fiscales debían aprender sobre el tema para poder investigar. Hay muchas cosas que para nosotros en Medio Oriente, son normales y aquí se debían aprender. Ahora se dice que nunca hablé de estas cosas, lo cual me sorprende. Recuerdo el discurso que hice frente a cinco o seis ministros del gobierno de Menem donde les decía que de esa manera no se podía seguir.

-¿Cuál fue la respuesta a esos pedidos?

-Bueno, se los notaba bastante enojados porque estaba diciéndoles verdades que sabían ciertas. Fue gracias a esa actitud, por ejemplo, que conseguimos apoyo para reconstruir la AMIA. Yo fui de los que pidieron al gobierno que hiciera un aporte para que la sede fuera reconstruida inmediatamente porque es el centro de la comunidad judía en la Argentina. Hoy, el nuevo edificio existe. Alain Finkielkraut, un filósofo francés de origen judío, tiene una frase: "No hay nada más humillante que tener que defender la verdad".

-¿Por qué Israel no se presentó como querellante?

-Nosotros, como diplomáticos, somos huéspedes en este país. Y es el gobierno o el país en que nos encontramos el que debe defender una sede diplomática. En esto no debemos intervenir. En Israel nunca aceptaríamos que alguien sea querellante, porque es algo civil. Yo no pido indemnización. Yo lo que pido es encontrar a los culpables. Eso me dio también mucho más libertad en mis expresiones. Porque como querellante me iban a decir: "Ah, tiene intereses". No estamos buscando un interés económico. Estamos pidiendo que se encuentre a los criminales. Hay gente que comprende esto y otra que no.

-¿Usted cree que hizo todo lo que podía por el caso?

-Yo lo miro así: en Israel no hubo, como aquí, diez años de menemismo. Durante mi misión hubo cuatro cancilleres distintos, de diferentes partidos, y me ratificaron. Muchos se preguntan: "¿Cómo se quedó siete años?" Supongo que se debe a que en Israel consideraban que mi trabajo era bueno. Yo creo que hice mucho por la comunidad y por estrechar los lazos con la Argentina. Hoy, cuando voy caminando por la calle no tengo miedo de nadie. Cuando subo a un taxi el chofer me dice: "Embajador, cómo lo va". Por eso me ofende que digan que hice negocios a cambio de sangre.

-Durante su gestión, ¿recibía críticas tan fuertes?

-No de parte de los dirigentes. Había, por supuesto, gente a la que no le gustaba el acercamiento de un embajador israelí con Carlos Menem. Pero yo no lo voté como presidente. El objetivo de un embajador es acercarse y tener buenos contactos con el gobierno del país asignado. Y para mi fortuna llegamos a tener una muy buena relación. Los que me critican por haber ido a Anillaco al cumpleaños de Menem no saben lo que dicen. Personalmente creo que fue un gran logro: la Cancillería israelí me felicitó. Decir por eso que soy un embajador menemista... Yo puedo decirle que el 31 de diciembre de 1999 el presidente De la Rúa me invitó a Ushuaia a las celebraciones por el año 2000. Fui el único embajador. Los que me acusan de menemista podrían entonces acusarme de delarruista. Pero tampoco lo elegí a De la Rúa. Como embajador, mi objetivo fue el de tener los mejores contactos con el gobierno. No sólo con el gobierno nacional, sino también con los provinciales. Y esas dos invitaciones demuestran que los contactos con ambos gobiernos fueron de los mejores.

-Una crítica en su relación con el menemismo se refiere a la adjudicación de ATN, de los cuales Israel fue el único país en recibirlos.

-Cuando llegué en 1993, después de la visita de Menem a Israel, la primera de un estadista argentino y donde se firmó un acuerdo de cooperación, encontré una situación económica bastante buena, donde Estados Unidos, Europa, todos entraban a la Argentina e invertían. Israel no tenía plata para invertir. La idea que tuve fue hacer una cooperación. No estoy hablando de "negocios". Estoy hablando de cooperación con las provincias. Tenía esa idea y el gobernador de Formosa de entonces, Vicente Joga, me hizo una invitación oficial, me llevó a 300 km de la capital, me mostró tierras áridas y me dijo: "Vi lo que hacen en Israel y quiero que me ayuden aquí". Le contesté: "Vamos a ver qué se puede hacer", y lo hicimos. Desarrollar tierras áridas, dar trabajo, duplicar y hasta triplicar la producción y acercar a las comunidades judías en estas provincias que luchaban contra la asimilación y tenían varios problemas de identidad eran nuestros objetivos.

-¿Y el caso de Tierra del Fuego, donde la acusación es haber dejado sin terminar las obras?

-Es falso. Esos proyectos fueron aprobados por la Legislatura y fueron terminados.

-Se dice, sin embargo, que en la localidad de Tolhuin se cobró por un invernadero que nunca fue realizado.

-El compromiso era el de hacer un invernadero. Se pensó en Tolhuin, pero según los estudios por los vientos era imposible. Entonces se hizo en Río Grande. Un invernadero, no dos. Nunca escuché que el gobierno provincial o municipal haya elevado ninguna queja al respecto.

-Esos proyectos fueron pagados con ATN, un sistema en el que se han detectado serias irregularidades.

-No se trataba de proyectos empresariales. No se trataba de que viniera una empresa israelí y vendiera aires acondicionados. Se trataba de una cooperación. Yo quería tener un proyecto israelí en cada provincia. No lo logramos, pero donde lo hicimos fue un éxito. Si la provincia dispone de ATN o de dinero de su propio presupuesto es una cuestión de la provincia. Misiones nunca pidió ATN o los utilizó para otras cosas y, sin embargo, allí hicimos muchos proyectos. Y esto es como un tam-tam africano. Si un proyecto es exitoso, otros gobernadores se muestran interesados. Lo que nosotros decíamos era: podemos hacer cosas en agricultura, agroindustria, energía, agua. Lo podemos hacer bien y rápido, con mano de obra local.

-¿Cuál era la función de Osvaldo Shvartzer en todo esto?

-Se habla mucho de él, que tenía el papel de coordinador. Pero no es una persona cualquiera. Fue vicesecretario de Vivienda de Alfonsín, tiene su estudio económico y tenía contactos con especialistas de la Universidad de Ben Gurión en Israel. Para investigar las posibilidades para hacer el trabajo en Formosa, él corrió el riesgo de pagar los pasajes de los especialistas y de darles diez días de descanso para que fueran a Cataratas. Eso podría haber terminado así nomás, sin éxito. Ahora, conociendo a las provincias, representando a varias empresas, teniendo contactos con gente de la Universidad israelí, se puso a trabajar. A mí como embajador me interesaban estos proyectos, porque entre otras cosas me dieron el poder político que poesía: uno no puede de la mañana a la noche gritar: "Pido justicia por los atentados" sin hacer nada. Había que mostrar la otra cara. No sólo estaba pidiendo justicia, sino también demostrando que nosotros contábamos con este país y que podíamos ayudarnos.

-Por estos proyectos y los ATN su gestión había sufrido una auditoría en 1996. ¿Le hicieron alguna clase de recomendación al respecto? ¿Objetaron algo en particular?

-Hubo una recomendación en que me decían: "Encuentre también otras personas para hacer estos proyectos". Pero no hallé a esas personas porque no se trataba de vender ropa o maquinaria. Esto es sostener una relación con las provincias y con profesionales. Si yo le decía a Schvartzer: "Deje de hacer esto", nos quedábamos sin hacer nada. Se necesitaba un coordinador externo. Había muchas personas que lo querían hacer, pero no estaban capacitadas.

-¿Cómo fue su relación con los distintos miembros del menemismo? ¿Corach, por ejemplo?

-Corach fue y es un amigo. Pienso que hizo mucho por la comunidad judía, aunque otros piensan que no.

-¿Por qué?

-Mire. Le voy a decir algo bastante duro: si hubiera habido en su lugar un ministro no judío, que hubiera hecho la mitad de lo que hizo Corach por la comunidad, habrían quedado agradecidos. Pero al ser judío, de los nuestros, le pegan. No sé si podía hacer algo más de lo que hizo. Cada vez que un dirigente de la comunidad judía lo iba a ver él los recibía. Fue uno de los que apoyó que se dieran 12 millones para la reconstrucción de la AMIA. Es cierto que yo presioné, pero la decisión no se tomaba en la embajada, sino en el gobierno. Yo no sé si otra persona habría actuado de esa manera. Ahora, yo no me meto en la política interior de un país, pero entre embajadores, ministros, senadores, siempre surgen amistades. Con Carlos Maestro, que es radical, tengo también una relación de amistad. ¿Por qué? No sé. Surgió. Con Menem había también una química. Yo tenía la posibilidad de llamarlo, igual que a De La Rúa, que es totalmente diferente. Cuando volví al país lo llamé. Me duele verlo allá en la quinta de Pilar, solito.

-¿Y de qué hablaron?

-De todo. El estaba tan contento de que lo hubiera llamado. Con el general Balza también tengo una muy buena amistad. Mucha de esta gente fue atacada, y tal vez había razones para atacarlos, no digo que sean angelitos, pero yo siempre soy fiel a mis amigos.

-¿Usted advierte que una de las mayores suspicacias con los ATN es, justamente, que esos fondos estaban a cargo de Corach en el Ministerio del Interior?

-Mire, el que me recomendó que tomara el camino de los acuerdos de cooperación fue el embajador italiano. El me dio la idea. Yo no entiendo bien por qué se está atacando algo que para mí, a todas luces, es un logro. La amistad con Corach nació con el tiempo. Yo lo conocí cuando fue secretario de Legal y Técnica. Si esto ayudó para que algunos proyectos fueran financiados con ATN

... Le repito. Nosotros decíamos: podemos hacer esto o lo otro. Ahora, de dónde sacaban la plata las provincias no dependía de nosotros. Yo sinceramente no veo una relación entre los ATN y mi amistad con Corach. Es probable que no lo pueda convencer, pero déjemele decirle que es así.

-¿Qué me puede decir de las versiones que señalan que usted trabaja con Eurnekian?

-Que es cierto. Yo volví porque tengo aquí a mi mujer. Nunca le oculté a la Cancillería israelí que tengo trabajo. Avisé que estoy trabajando con Eurnekian representando a varias empresas tecnológicas israelíes. Dicen que alguien que termina en sus funciones no debe trabajar durante dos años en el país en el que estuvo destinado. Pero no hay una ley y yo además renuncié al servicio exterior. Nadie me envió una carta para decirme que no lo podía hacer. Yo nunca oculté nada.

-Se está por casar en la Argentina el mes próximo. ¿Invitó a algún ex funcionario a su boda?

-Corach está invitado.

-¿Y Menem?

-No. Si lo hubiera invitado a Menem, tendría que invitarlo también a De La Rúa y no me parece que sea el momento indicado.

Wagner, Barenboimy los deberes

Melómano impenitente, Avirán reconoce que le gusta la música de Richard Wagner, especialmente las oberturas de sus óperas. Sin embargo, no estuvo de acuerdo con el director argentino-israelí Daniel Barenboim, cuando el año último tocó la música del compositor alemán por primera vez en tierras israelíes. Wagner, como se sabe, era el compositor dilecto de Hitler y su música solía escucharse de fondo en los campos de concentración. "A mí me encanta Wagner, pero de ser Barenboim no habría hecho lo que hizo. Mucha gente, en Israel, escucha discos de Wagner en su casa. Pero, en mi opinión, hasta que no muera el último sobreviviente de los campos debería haberse evitado. Como homenaje a ellos, a los que esa música puede hacer revivir todo por lo que pasaron. Lo lamento por él, porque es un genio y esto le acarreó muchas críticas, incluso de gente que admira a Wagner."

Barenboim también lleva adelante un proyecto junto al intelectual palestino Edward Said, por el que ambos recibieron recientemente el Premio Príncipe de Asturias de la Concordia. Se trata de una orquesta compuesta tanto por judíos como por palestinos. "Ese proyecto es muy bueno. A algunos israelíes puede molestarles -no es mi caso-, pero yo creo que cada israelí tiene deberes y derechos. Barenboim, como ciudadano israelí, hizo sus deberes, y por eso me parece que tiene todo el derecho de encarar un proyecto de esas características."

Perfil

  • Yitzhak Avirán nació en Sofía, Bulgaria, en 1936, en una familia de origen sefaradí. "El gobierno búlgaro -recuerda- se sumó al Eje para luchar contra los Aliados. Por eso, los alemanes no pudieron actuar como en otros lados. La comunidad judía, aunque no faltaron restricciones, fue preservada."
  • La creación del Estado de Israel decidió a la adinerada familia -el padre poseía una fábrica de caucho y otra de conservas- a emigrar en 1949. No fue fácil. Su padre debió trabajar en la construcción de rutas y su madre, acostumbrada a una numerosa servidumbre, se empleó en el servicio de limpieza.
  • Durante el colegio secundario, Avirán trabajó durante cuatro años en el periódico Haaretz. Entre 1955 y 1958 realizó la conscripción militar, con el grado de capitán.
  • En 1964 ingresó en el Ministerio de Relaciones Exteriores. Entre otros destinos, estuvo en Bruselas y París, además de Buenos Aires donde, antes de su período como embajador (1993-2000), fue en 1982-83 ministro consejero.
  • Devoto de la música clásica, se considera un fanático de Mozart y de la ópera. Durante su estancia como embajador en la Argentina era un asiduo concurrente al Teatro Colón.
  • Tiene, de su primer matrimonio, tres hijos. El mes próximo se casará con la ex secretaria de prensa de la embajada israelí en la Argentina.
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