
No quiero amabilidad, quiero respeto
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Amabilidad es la que puede tener un conductor entre muchos de dejarte cruzar en una esquina sin semáforo apenas ponés el pié en la calle. Respeto es que todos los conductores, sin excepción, entiendan que apenas un peatón pone un pié en la calle hay que aminorar la marcha, frenar y dejar cruzar.
La amabilidad es una característica que se adquiere, o que se da en ocasiones, y que depende del ánimo y hasta del ego. El respeto por el otro, por ese desconocido que vive, igual que yo, es algo que se inculca de nacimiento, que te acompaña, y que con el tiempo está o no está.
Amabilidad es la que exhiben los de la Guardia Urbana cuando se amontonan en la esquina de Santa Fe y Callao; respeto es lo que falta cuando no están donde se los necesita más, como en el cruce escolar de Santos Dumont y Conde, donde se produjo un accidente que registró Telenoche, y donde todavía se espera un semáforo para que los conductores tengan respeto por los que cruzan.
Ahí, como en tantas otras esquinas, el que camina sigue dependiendo de la amabilidad del que conduce. Lo que falta es respeto y lo triste es que estemos condenados al semáforo.






