
No sólo Alicia vive en el país de los espejos
En estos tiempos de selfies es imposible comprender el alcance de la inquietud y extrañeza que produjo en el hombre la aparición del espejo, primero en discos de metal pulido y luego en cristales. Hasta entonces acostumbrado a ver su reflejo tenue en piedras brillantes o superficies de agua, la aparición del espejo le trajo conciencia de sí y le develó una nueva geografía del propio cuerpo.
La teología, la filosofía, la mitología -de Narciso a Perseo- y el psicoanálisis -especialmente Lacan- examinaron el efecto de ese delicado accesorio. Por encima de su valor ornamental (se pagaron fortunas cuando era muestra del lujo aristocrático), el espejo impulsó reflexiones acerca de la oposición entre realidad y apariencia, simulacro y representación.
Sabine Melchior-Bonnet revisa esa genealogía en la excepcional Historia del espejo (Edhasa), libro exquisito destinado a espíritus refinados, aunque puede arriesgarse que en esta pieza única gustarán verse reflejados quienes cultivan el narcisismo.






