Nuestras epidemias lingüísticas
1 minuto de lectura'
"El habla coloquial de nuestro país padece de una real «inmunodeficiencia adquirida» que se manifiesta por la extrema facilidad con que periódicamente es invadida por virus de la conocida cepa muletilla . Afortunadamente, son de tipo benigno y suelen ser sensibles al simple paso del tiempo, que termina indefectiblemente con el virus vigente para dar paso al próximo", escribe el ingeniero civil Esteban Guaia.
"Es difícil precisar el comienzo de la serie. Los no tan jóvenes podrán recordar seguramente aquel «¿vio?» que solía coronar cada frase allá por los años 60, cuyo reinado se esfumó misteriosamente, vencido por el «o sea», que duró bastante tiempo, hasta que tuvo que ceder posiciones ante el avance arrollador del «de pronto», que sobrevivió casi hasta nuestros días -prosigue el lector-. Hoy se oyen pocos «de pronto» y muchos «te cuento» o, en su caso, «le cuento», frasecilla que suele preludiar cuanto informe se difunde por radio o televisión. El enviado por la TV al lugar en que se produjo algún hecho notable «le cuenta» a su mandante, generalmente ubicado en los «estudios centrales», las características físicas del entorno y las circunstancias del hecho, con la mayor precisión y objetividad posibles y, paradójicamente, tratando de que no se interprete su informe como un «cuento», en el sentido ordinario de la palabra, o sea, un producto de la fantasía.
"Es difícil predecir cuál ha de ser el sucesor del «te cuento», pero más difícil aún es que locutores y comunicadores se deshagan de una vez por todas de estas viciosas muletillas, indicadoras de una pobreza lingüística digna compañera de las otras muchas y variadas carencias que nos afligen", finaliza Guaia.
Tilde que sí, tilde que no
"Sorprende el celo puesto por LA NACION en aplicar (mal) las reglas de acentuación del español a Orleans ( Orléans en francés ), cuando en la misma edición, y en muchas otras oportunidades, escribe el Láinez de Manuel Mujica sin tilde, que en este caso es obligatoria -escribe indignado Juan Ingaramo-. La regla de la Real Academia prescribe que los nombres propios extranjeros no llevan ningún acento que no tengan en su idioma original, a menos que su pronunciación y escritura estén completamente adaptadas a nuestra lengua. Yo no creo que éste sea el caso de Orléans , pero si LA NACION sí lo cree, no entiendo entonces por qué no acentúa otros nombres propios que encuadran mejor en esta categoría como Beliz, Arslanian o Menem . Y también está el caso de Tevez , que ignoro si es un patronímico español, como Láinez , pero si no lo es, tiene la misma forma."
No porque así lo crea LA NACION sino porque no es materia opinable: Nueva Orleáns es el nombre español de la ciudad. Lo demuestran el adjetivo Nueva , que no puede ser sino español, pero también la pronunciación de Orleáns , no a la manera francesa ni a la manera inglesa, sino a la manera española.
En cuanto a los apellidos que menciona el lector, en general se respetan las grafías usadas por sus dueños, que suelen ser las que figuran en sus documentos. Esto no significa que esas formas no deban ser corregidas. Por ejemplo, Tévez , que sí es un patronímico español, debe escribirse con tilde.
Pero el caso de Lainez es doblemente curioso, pues en la Argentina no solo se escribe mal ese apellido sino que se lo pronuncia mal: en realidad no es Lainez ni Láinez , sino Laínez , derivado del nombre Laín . En los años 50 vino un seleccionado español de fútbol en el que actuaba un jugador de apellido Laínez. Muchos se desayunaron en aquel momento. Otros siguieron preguntándose cuál sería la forma correcta, y de ellos varios llegaron a la sorprendente conclusión de que, siendo el futbolista un muchacho de extracción humilde, seguramente no sabría cómo se acentuaba su propio apellido. Pero tendrían que haber recordado el famosísimo romance: "Cabalga Diego Laínez al buen rey besar la mano?". Diego Laínez era el padre del Cid y llevaba ese patronímico porque descendía de Laín Calvo.
Teutones cerca de Saturno
El error se aclaró en su momento en la fe de erratas. Pero fue tal la cantidad de mensajes que, con buen humor, observaban que se había escrito (¡dos veces!) "teutónica" por "tectónica", que trascribimos el del doctor Jaime Cornejo Saravia a modo de muestra:
"Le ruego que me ilustre, desde su erudita tribuna, sobre un tema que me preocupa. En la sección Ciencia/Salud del domingo 11, se ha difundido una noticia verdaderamente aterradora: parece que los alemanes han provocado movimientos sísmicos no sólo en la Tierra sino en el resto del sistema solar. Según el cronista, en Titán, satélite de Saturno, se registra actividad «teutónica».
"Ya sabemos que el nazismo fue el mayor terremoto de la historia humana y no hay escala de Richter que consiga medir su monstruosidad. Tampoco los caballeros teutónicos eran, precisamente, dulces monaguillos.
"Más abajo vuelve a aparecer el adjetivo, al decir que en Venus no hay actividad «teutónica». Lógico, con 500º de temperatura en la superficie y una atmósfera de ácido sulfúrico, ni siquiera los alemanes, a pesar de su desarrollada tecnología, se encontrarían demasiado cómodos.
"Como tengo varios amigos alemanes y, casualmente, un teutón es uno de mis más íntimos, dígame si puedo seguir yendo a cenar a su casa sin que tiemble el piso bajo mis pies."
Lucila Castro recibe las opiniones, quejas, sugerencias y correcciones de los lectores por fax en el 4319-1969 y por correo electrónico en la dirección dialogos@lanacion.com.ar.


