
Nuevo paradigma en educación
Por Inés Aguerrondo Para La Nación
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El proceso de globalización está dejando en claro que este fin de siglo exige un cambio de reglas de juego, un cambio de paradigma. La nueva sociedad requiere conocimiento y equidad: el conocimiento resguarda la competitividad, la equidad resguarda la integración social. Para tener ambas cosas masivamente, se necesita educación. Esto explica la importancia que hoy tienen las reformas educativas, no sólo en los países "emergentes" sino también en el Primer Mundo.
Hoy se requiere que la educación pueda acompañar los cambios surgidos en las demás áreas. Se requiere otro paradigma educativo que, superando las restricciones del clásico, sea capaz tanto de saldar las deudas del pasado cuanto de dar respuestas más adecuadas a las necesidades del futuro. ¿Cómo se define este nuevo paradigma educativo? Educación para todos, con calidad, con equidad y más costoeficiente.
"Educación para todos" fue la idea fuerza del paradigma anterior. Sarmiento lo expresó con la frase "Educar al soberano". La Argentina hoy tiene pocas deudas de universalización, pero nos queda la deuda de la repetición y la deserción.
Obligatoriedad de diez años
En el nuevo paradigma, "educación para todos" quiere decir más educación para todos o la cantidad de educación que la sociedad necesita que todos tengan. Y esto es hoy bastante más que hace un siglo. Siete años de educación para toda la población ya no alcanza. Hace tiempo que la gran mayoría de los países del mundo ha ampliado a nueve o diez años la cuota obligatoria de educación para toda su población. Por eso la ley federal de educación (número 24.195) establece la obligatoriedad de diez años, desde la sala de cinco años hasta el noveno grado de la educación general básica (nueve años iguales para todos, divididos en tres ciclos de tres años cada uno, de los cuales el tercer ciclo es la respuesta específica contra la deserción).
"Más educación para todos, con calidad", dice el nuevo paradigma de la educación para el siglo XXI. Hoy, calidad en educación quiere decir que todos los chicos, después de diez años de escolaridad, hayan logrado los siete lenguajes de la modernidad. Para eso se necesita, en primer lugar, redefinir lo que le pedimos a la escuela (currículo). No más repetir cosas. Saber pensar, que hoy es poder operar con la mente en contextos complejos. Este campo de reformas se está encarando seriamente desde 1994, y se ha avanzado mucho. Todas las provincias han acordado una suerte de programa nacional (los contenidos básicos comunes), se están redefiniendo los métodos de enseñanza, se propicia que cada equipo docente avance en encontrar sus propias respuestas.
En segundo lugar, hay que saber en qué situación estamos. El Sistema Nacional de Evaluación de la Calidad de la Educación empezó en 1994 a medir anualmente lo que saben los chicos de matemática y lengua al terminar la primaria y la secundaria. También se avanzó con una prueba censal de todos los alumnos del último año. Pero esto no se resuelve fácilmente: la pérdida de calidad no es nada más _ni nada menos_ que el resultado de décadas de una sociedad que descuidó su educación desde todos los flancos. "Más educación para todos, con equidad", dice el nuevo paradigma de la educación para el siglo XXI. Nuestra educación ha generado equidad, pero también, simultáneamente, ha sido la causa de desigualdades. Para decirlo simplemente, dar igual educación a todos, como era el ideal igualitario del siglo pasado, significó mantener (y a veces agrandar) las diferencias con que los chicos entraban en la escuela.
El secreto es reconocer que existen públicos diferentes. Los chicos de los sectores populares no son mejores ni peores que los de clase media. Son diferentes. Fracasan frente al paradigma de enseñanza clásica porque no se les ofrece una propuesta diferente que tenga en cuenta sus necesidades.
Lo que propone el nuevo paradigma son diversas respuestas equivalentes, que tengan en cuenta las características propias de cada sector y, entre ellas, las que son una carencia. Pero no en función de una oferta homogénea, para la cual todos los carecientes son iguales, sino atendiendo a las necesidades específicas de manera específica. Esto es lo que hace el Plan Social Educativo, en el marco de la nueva Ley Federal de Educación. Además de hacerse cargo de las "deudas" del pasado, en lo que hace a infraestructura escolar y equipamiento, trabaja apoyando el desarrollo de estrategias específicas de enseñanza para las diversas realidades escolares. Capacita docentes, beca alumnos, potencia las acciones de los padres o de la comunidad, para avanzar en modelos diversificados de oferta educativa que mejoren la calidad y la eficiencia del gasto educativo.
Una política de Estado
"Educación para todos, pero más costoeficiente". Dar educación, del modo en que hoy se hace, es sumamente costoso. En América Latina, los techos presupuestarios de las economías hacen imposible financiar educación de alta calidad para toda la población sobre la base del modelo de organización clásico. Un cambio del paradigma tradicional debe hacer posible la reingeniería de la escuela y del sistema educativo, para lograr mejor educación para más gente con menores costos.
Transparentar las reformas que se necesitan en la organización de la educación para discutirlas a fondo es la etapa que falta para asegurarnos de que podemos marchar hacia un nuevo paradigma. Esta discusión tiene que terminar en una serie de acuerdos por encima de los partidos políticos, que permita que la transformación de la educación sea una política de Estado que transcienda las gestiones de gobierno. Porque apostar a cambiar la educación no atañe sólo a los educadores. Es un problema de supervivencia del modelo de nueva sociedad que se está gestando.





