
Nunca conviene volver al lugar donde uno fue feliz
Primero incredulidad y después inquietud y después terror. Como si alguien viniera de repente a develarnos el secreto del truco de magia que nos cautivó de pequeños. O peor: como si alguien pretendiera recrearlo hoy, casi treinta años después, frente a nuestra mirada incrédula. Hay cosas que tendrían que permanecer conjugadas en pasado, envueltas en un halo de misterio y ensoñación. Pero la industria de la nostalgia es más poderosa. En todos estos años fui algo así como un pastor evangélico de la serie Twin Peaks: la recomendé entre los infieles con urgencia y fervor. Tengo incluso dos copias de cada temporada, una para consumo personal y otra para prestar a quien quiera iniciarse en el culto. Y ahora esa convicción (ese acto de fe) acaba de recibir la peor paga: David Lynch y Mark Frost, los creadores de Twin Peaks, anunciaron que en 2016, a veinticinco años del fin de la serie, lanzarán una tercera temporada.. Prometo no ver un solo capítulo. Razones no me faltan.
Como sabe todo el mundo con un mínimo de cultura televisiva Twin Peaks fue, al mismo tiempo, un suceso de masas y un producto de culto. Lynch y Frost no solo dinamitaron los límites de lo que podía entenderse como ficción televisiva, sino que cambiaron para siempre la manera de ver y escribir series (y lo hicieron en tiempos de Ronald Reagan, cuando faltaban años para la masificación de los teléfonos celulares o Internet). El programa modificó también la carrera de Lynch: después de eso, y de cosas como salir en la tapa de la revista Time, ganó la Palma de Oro en Cannes con Corazón salvaje y consolidó la obra que lo convertiría en uno de los directores fundamentales de la historia del cine. Twin Peaks (la investigación del asesinato de la joven más deseada y querida de un pequeño pueblo de frontera, pero tanto más que eso) construyó una legión de fanáticos que aún hoy debaten sus enigmas.
Hay cosas que tendrían que permanecer conjugadas en pasado, envueltas en un halo de misterio y ensoñación
Todo sucedió demasiado rápido: la serie debutó el 8 de abril de 1990 y terminó veintinueve capítulos después, el 10 de junio de 1991. En el medio, millones de personas fueron atrapadas por su interrogante seminal ("¿Quién mató a Laura Palmer"?), siguieron las investigaciones del agente especial Cooper, presionaron por saber el nombre del responsable del crimen y, una vez enterados, abandonaron todo interés. Como lo hizo el propio Lynch, que renunció a su trabajo en medio de la segunda temporada. ¿Por qué volver ahora, entonces? En el último capítulo, el espíritu de Laura Palmer se le aparece a Cooper y le dice que lo encontrará nuevamente en veinticinco años. Lynch y Frost aprovecharon esa despedida que se convierte en redonda efeméride para cerrar trato con la cadena Showtime y proponer nueve capítulos más, que comenzarán a grabar a principios del año que viene. Negocio para todos.
Salvo, tal vez, para quienes hayan seguido atentamente los pasos de Lynch desde el estreno de su última película, la magistral Inland Empire (que duraba tres horas y muy pocos vieron), hace ya ocho años. Los que lo hicieron saben que habría que medir los deseos y contener las expectativas. Porque en todo este tiempo Lynch ha hecho cosas intrascendentes y otras bastante estúpidas. Publicó un volumen de reflexiones sobre meditación y arte pictórico conocido en castellano como Atrapa al pez dorado, que si no llevara su firma podría ser confundido con el último libro de Paulo Coelho. Editó dos discos que contienen piezas a las que es difícil llamar composiciones, titulados Crazy Clown Time y The Big Dream. Comercializó, sin demasiada suerte, su propia línea de café, David Lynch Signature Cup.
En 2011 le pagaron por apadrinar el exclusivo Club Silencio, un bar en París inspirado en su película Mulholland Drive, al que se accede pagando una membresía de más de mil dólares. Fue contratado por American Express para filmar un recital de la banda Duran Duran en Los Angeles. Y meses atrás se dio una vuelta por Madrid como embajador de la Meditación Trascendental en el marco del festival Rizoma, auspiciado por una marca de lencería femenina. Nadie duda del talento artístico de Lynch, que supo alcanzar cimas de verdadera genialidad. Pero, como todo creador acostumbrado a los tratos de la fama, con cierta frecuencia suele caer en la banalidad más absoluta, o se deja envolver sin resistencia por la seducción de la lisonja y el dinero.
Un fenómeno como el de
¿Cómo no imaginar que este regreso de Twin Peaks pueda convertirse en otro paso en falso? Si nada de esto le importa a Showtime, que con sentido de la oportunidad busca monetarizar el interés de dos o tres generaciones de televidentes, al menos debería desvelar a los fanáticos. Sobre todo porque fue el propio Lynch el que aseguró que la resolución del misterio a pedido de las autoridades de la cadena ABC fue lo que destruyó la serie: "La resolución del crimen de Laura palmer mató Twin Peaks. Muerte. Terminada. Absolutamente. Yo no quería que eso sucediera, de ninguna manera. Pero todo el mundo pedía el nombre del asesino. Había demasiada presión. El público se volvía loco buscando al responsable. Teníamos la gallina de los huevos de oro. Y todos querían que la matáramos". Con los años y el desarrollo de una nueva industria televisiva, las audiencias se han vuelto globales y mucho más pacientes. Y los empresarios han aprendido que una mayor intriga puede ser sinónimo de fidelidad y facturación. La serie Lost, que retomó el legado de Twin Peaks años después, es uno de los mejores ejemplos sobre cómo la multiplicación de los enigmas puede volver redituable un producto.
Pero un fenómeno como el de Twin Peaks es imposible de recrear. Y el riesgo de arruinarlo todo no es menor. El propio Lynch debería saberlo, porque de alguna manera lo dijo: "Fue algo que sencillamente sucedió. No había razón para ello. Siempre digo que cada elemento es crucial: se puede tener una buena música pero una historia débil, o que los personajes fallen. Pero con Twin Peaks sucedió que todas las estrellas estaban alineadas. La serie salió en el momento justo. No se podía planear, ni lo podrías hacer de nuevo. No hay manera de explicarlo, fue una cosa extrañísima". Así que no pienso ver un solo capítulo de esta nueva temporada. Además, hace poco se estrenó una serie que actualiza la herencia de Twin Peaks de la mejor manera. El protagonista es Justin Theroux, que actuó en películas como Mulholland Drive e Inland Empire. Se llama The Leftovers y probablemente sea la mejor que se haya visto este año.




