Pandemia: la teleconsulta médica, un auxiliar valioso

Débora Pellegrini
Débora Pellegrini PARA LA NACION
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21 de mayo de 2020  • 19:11

Los orígenes de la telemedicina o teleconsulta se remontan a 1935, cuando en Italia se iniciaron las comunicaciones por radio para brindar apoyo médico a las embarcaciones que así lo requerían. Casi un siglo más tarde, diferentes circunstancias contribuyeron al crecimiento y difusión de esta modalidad.

Los principales factores que influyeron en el desarrollo de la telemedicina fueron la innovación tecnológica continua, el permanente avance de las historias clínicas electrónicas, la escasez de profesionales en ciertas regiones, las iniciativas de los proveedores de servicios de salud para descentralizar la atención sanitaria y la creciente demanda en servicios de salud digitales por parte de la sociedad de consumo.

En definitiva, la teleconsulta resultó en una forma de atención médica brindada de manera remota, utilizando tecnologías de las comunicaciones, para vencer las distancias que separan a los pacientes de los profesionales de la salud. Sin embargo, hasta hace muy poco tiempo su uso era limitado.

Durante la pandemia que estamos atravesando, el temor que sienten los pacientes a concurrir a un centro de salud amenaza con dejar desatendidas patologías significativas, como las enfermedades cardiovasculares y oncológicas. Asimismo, muchas personas suspenden su medicación habitual sin consultar a un profesional -por ejemplo, los antihipertensivos-. Esta conducta aumenta los riesgos de accidentes cerebrovasculares e infartos agudos de miocardio.

En la Argentina, las medidas de aislamiento social, preventivo y obligatorio decretadas por el Gobierno Nacional en respuesta a la pandemia por Covid-19 vencieron las resistencias y barreras que frenaban la adopción de la telemedicina. A semejanza de lo que ocurrió en otros países, la teleconsulta se convirtió en una herramienta fundamental que permite responder las inquietudes médicas de la población sin necesidad de salir del hogar.

Del mismo modo que la educación y diversos trabajos se están valiendo de las tecnologías de la comunicación para continuar su curso, muchos problemas médicos se pueden analizar y resolver de manera remota .

Durante una sesión de teleconsulta, a través de la plataforma que permite la videollamada, el médico orienta al paciente sobre los cuidados que requiere. Según la necesidad de cada caso, el profesional puede generar recetas y órdenes de estudios complementarios, dar recomendaciones, educar sobre el cuidado de la salud, realizar el seguimiento remoto de la evolución de los pacientes, derivar al paciente a otra especialidad y establecer si una consulta requiere una evaluación presencial. Se debe recordar que la teleconsulta no reemplaza la consulta presencial, sino que es una valiosa herramienta complementaria.

Gracias a la teleconsulta, tanto los pacientes como los profesionales pueden dar continuidad al cuidado de la salud, ganando en prevención y comodidad. Hemos logrado por medio de la atención remota, resolver una parte importante de las consultas ambulatorias sin necesidad de concurrir al centro de salud y, definitivamente, en el marco de esta emergencia sanitaria, reducir el riesgo de contagio de Covid-19 de pacientes y profesionales.

Sin duda, el hombre ha adoptado diferentes herramientas para transcurrir la pandemia actual. Muchas de ellas, prosperarán cuando el contexto cambie, algunas mutarán, se adaptarán a la "nueva" realidad, se complementarán y convivirán con las formas tradicionales. La teleconsulta será una de ellas. Los beneficios que trae aparejada esta nueva forma de atención seguirán siendo aprovechados aún cuando podamos acercarnos a los centros médicos libremente, sin restricciones de circulación.

Médica de Planta del Servicio de Clínica Médica e Integrante del equipo de Informática en Salud del Hospital Británico

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