
Para que el diario siga siendo el mejor libro de lectura
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"Como yo tuve LA NACION como primer libro de lectura de mi vida, me gustaría que tuviera la misma utilidad para los actuales aprendices de nuestro país –escribe María Ferrari–. Para ello hace falta que el periódico sea ejemplar, para que aprendan bien, y no solo ortografía. Voy al caso del día 20, en que leo su explicación acerca del vocablo saga , que coincide con la acepción que siempre le di, pero doy vuelta la hoja y me encuentro con que el autor o la autora de un artículo sobre refugiados en nuestro país hace mal uso del término para designar el peregrinar de una refugiada y luego, en la sección Espectáculos, en una nota sobre Macaulay Culkin, para referirse a dos ocasiones en que el actor compareció ante los tribunales, una como testigo y otra como acusado, se vuelve a hablar de «esta suerte de saga judicial». ¿Se trata de ignorancia o de esnobismo, una moda tal vez? ¿Hay posibilidades de hacer un digesto interno para periodistas, o al menos un pizarrón, para llamarles la atención? Hay muchos periodistas jóvenes que inyectan su energía y refrescan el aire del diario (así, me encantan las «Crónicas masculinas y femeninas», por ejemplo), pero, por favor, respeten el idioma, así nos entendemos todos."
Un neologismo innecesario
Desde City Bell, escribe Patricio Mac Donagh:
"Con motivo de las tan sonadas resoluciones judiciales que han concedido la excarcelación a personas sometidas a juicio, se ha usado en diversos comentarios referidos al tema el neologismo profugarse . Así, por ejemplo, se afirma que, para conceder ese beneficio, el juez debe evaluar si quien lo recibe «es posible que decida profugarse».
"Lo correcto sería usar el verbo fugarse , del cual deriva el termino prófugo , o sea, «la persona que realiza la acción de fugarse». Si se usa el verbo profugarse , se está diciendo que la persona «realiza la acción de la persona que realiza la acción de fugarse». Un poco confuso, ¿no?"
Tal vez no sea tan confuso, pero la "traducción" que propone el lector, rigurosamente lógica, pone en evidencia a qué extremos de ridiculez se puede llegar con la creación de derivados de derivados para decir lo que puede decirse con la palabra simple. Un rebuscamiento que en apariencia enriquece la lengua pero que muchas veces se debe a la pobreza léxica de quien ignora la palabra simple o carece de la capacidad de asociar vocablos tan conocidos como fuga, prófugo y fugarse.
Más sobre enclíticas
"En su última columna, usted explica claramente diversos casos de acentuación –escribe Enrique Lapera Morán–. Sin embargo, hay uno que no menciona y que hace un tiempo que me intriga. En nuestro español rioplatense tenemos formas verbales como tomá , comé , etc., a las que, por estar acentuadas en la última sílaba (agudas terminadas en vocal), les ponemos acento ortográfico. Pero ¿qué ocurre cuando les agregamos un pronombre enclítico y la palabra se convierte en grave? Por ejemplo, tomala , comelo , etc. En las publicaciones escritas, habitualmente se deja de poner el acento, pero conforme a la regla que enunció usted, deberían conservarlo."
El caso tratado en la última columna es el de los verbos graves sin tilde, que, por agregárseles dos pronombres enclíticos, se convierten en palabras sobresdrújulas y que, por eso, deben tildarse; por ejemplo, entréguenmelo . Lo mismo ocurre si a estas palabras se les agrega una enclítica, porque se convierten en esdrújulas y las esdrújulas siempre llevan tilde; por ejemplo, entréguenlo . También una forma verbal aguda sin tilde, un infinitivo, si se le añaden dos enclíticas debe tildarse, porque se forma una palabra esdrújula; por ejemplo, agregárseles (como está escrito más arriba). Esta regla es antigua y se mantiene.
Pero el caso que plantea el lector es diferente. Se trata de verbos agudos con tilde que, al agregárseles un pronombre enclítico, quedan transformados en palabras graves terminadas en vocal o en -s ; por ejemplo, ayudame , ayudanos . Antiguamente la tilde de estos verbos se conservaba, pero la última reforma ortográfica ha establecido que, de acuerdo con la regla general, no deben tildarse.
La regla actual es más lógica porque en todos los casos se considera no la forma verbal suelta sino la palabra que queda formada. Si, de acuerdo con las reglas generales de tildación, a esa palabra le corresponde la tilde (por ser esdrújula o sobresdrújula), se tilda y, si, según las reglas generales, no le corresponde (por ser grave terminada en vocal o en -s ), no se tilda. Como es evidente, al agregarse por lo menos una sílaba, nunca pueden quedar formadas palabras agudas, y tampoco graves que deban llevar tilde porque todos los pronombres átonos terminan en vocal o en -s .
Bien encaminado
Desde Rawson, Chubut, escribe Roberto J. Salas Plotié:
"El 12 del actual, en una prestigiosa columna dominical de opinión, con referencia a cierto líder cocalero, se publicó que «va en camino al poder en Bolivia». Sin absoluta certeza, de oídas, intuyo que debió escribirse que «va camino del poder». Si bien es una minucia, quizás interese precisarla en esa didáctica sección."
En efecto, la construcción que propone el lector es la correcta. Camino de es una locución prepositiva que significa ‘hacia, en dirección a’.
Malas palabras
"El diario siempre se caracterizó por el buen decir. Pero, como en la actualidad algunos medios están denigrando el buen decir, noto que se han incorporado algunas palabras que eran malas palabras, al buen decir. Y para mi asombro las he leído en LA NACION. ¿Es que ha claudicado el diario? Se me derrumba un ídolo. Imploro que LA NACION, como último baluarte de aquel buen decir, sea inexpugnable. Por favor", escribe Luis Scarzella.
Por norma, LA NACION no emplea malas palabras. Solo las incluye cuando es necesario transcribir textualmente los dichos de una persona.
Lucila Castro recibe las opiniones, quejas, sugerencias y correcciones de los lectores por fax en el 4319-1969 y por correo electrónico en la dirección dialogos@lanacion.com.ar.



