Peligrosa reforma en el BCRA

Aldo Abram
Aldo Abram PARA LA NACION
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10 de marzo de 2012  

Es muy importante que los argentinos analicemos lo que está pasando con la propuesta oficial de reforma de la Carta Orgánica del Banco Central (BCRA). Nuevamente, el Gobierno propone una ley de máxima importancia para el futuro del país y exige su sanción inmediata sin escuchar otra voz que la propia; en este caso, la de la presidenta del BCRA, Mercedes Marcó del Pont. Lo mismo sucedió con la ley que confiscó los ahorros para la vejez de los aportantes al sistema de capitalización y los obligó a pasar al régimen de reparto estatal, condenándolos a terminar estafados como sus padres y abuelos, que cobran una miseria tras años de esfuerzos y sacrificios.

Esto habla de un gran desprecio por la opinión del ciudadano, que debe ser escuchado en los necesarios debates que se dan en democracia. Por otro lado, muestra el "ninguneo" al que el Poder Ejecutivo somete a los legisladores, violando el mandato republicano por el cual ellos son la voz de sus votantes y quienes, antes de decidir, deben escuchar todas las opiniones, aun las de las minorías, más allá de que al final prime el peso de la mayoría.

Uno de los objetivos primarios de la reforma es liberar al Banco Central de las limitaciones para transferirle reservas al Gobierno. Nadie es tan ingenuo de pensar que el BCRA puede crear riqueza. Esos recursos no los trajeron Papá Noel ni los Reyes Magos; surgieron de la emisión de pesos con los que se compraron las divisas necesarias y son la razón de la elevada inflación. Pues bien, si sancionan la reforma propuesta, los legisladores habrán abierto la posibilidad de financiar los excesos de gasto del Gobierno con impuesto inflacionario libre. Así se diluirán las limitaciones para que nos metan la mano en el bolsillo y nos quiten parte del valor de nuestros ingresos y ahorros en moneda nacional.

Si la reforma se convierte en ley, se puede anticipar otra grave consecuencia: la Argentina no volverá a tener un mercado de cambios libre. Debido a la necesidad del Gobierno de exprimir las reservas para pagar gasto electoral, durante 2011 cayeron las reservas de tal manera que terminaron en el actual control de cambios. Lo malo es que la reforma de la Carta Orgánica permite un uso más intensivo aún de las reservas para financiar gasto público; esto nos garantiza que iremos hacia mayores limitaciones en las compras de moneda extranjera, historia que nunca terminó bien en el pasado. No hay ningún país del mundo que se haya desarrollado sin una moneda que pueda ser cambiada libremente, y nosotros no vamos a ser la excepción.

Por último, llama la atención que en su discurso al Congreso la Presidenta haya dicho que no promovería la modificación de las reglas de juego del sistema financiero y luego "meta por la ventana" la reforma de la Carta Orgánica. La propuesta oficial para la banca tenía como puntos principales que el Estado pueda fijar arbitrariamente la tasa de interés y direccionar crédito bancario, además de limitar el crecimiento de las entidades. Estos tres puntos, prioritarios para el "kirchnerismo", están en la propuesta de reforma presentada, que le da esas facultades discrecionales al Banco Central.

Lamentablemente, eso implicará que los depósitos del sistema financiero serán utilizados como un instrumento más de la política económica oficial. Cabe recordar que los recursos que están en los bancos no son de éstos ni del Gobierno, sino de los ahorristas, que al elegir en qué institución colocan su dinero deciden a quién le confían su administración. A partir de sancionada la reforma, serán los funcionarios del Banco Central los que se arrogarán el derecho de determinar qué hacer con la plata de los depositantes. Será otro "mazazo" a la credibilidad del sistema financiero, ya que, cuanto más cerca de los bancos están las "manos" de nuestros gobiernos, más lejos de las entidades queremos tener los argentinos nuestros ahorros.

No existen países en el mundo que hayan logrado incrementar la posibilidad de progreso de sus habitantes sin una banca confiable que pueda brindar crédito para la inversión productiva de largo plazo. Dado que los depósitos son el insumo genuino para dicho financiamiento, la reforma propuesta reducirá la capacidad de dar préstamos bancarios. Sin embargo, la nueva Carta Orgánica también le otorga al Gobierno la posibilidad de emitir para dar créditos y compensar la ausencia de los depositantes; eso redundará en más inflación y controles cambiarios. No hay duda de que la reforma propuesta nos meterá en un círculo vicioso del que será difícil salir sin pagar un alto costo social y económico.

© La Nacion

El autor, economista, es director de la fundación Libertad y Progreso.

Por: Aldo Abram
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