Peralta Ramos, el bienamado

El legado de este pionero del arte conceptual es rescatado por Esteban Feune de Colombi en una "biografía coral"
Celina Chatruc
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14 de septiembre de 2019  

Federico Peralta Ramos posa como presidente para la cámara de Silvio Fabrykant, a fines de la década de 1980
Federico Peralta Ramos posa como presidente para la cámara de Silvio Fabrykant, a fines de la década de 1980 Crédito: Silvio Fabrykant/Caja Negra

"¡Policía Federal!", gritaron los hombres que irrumpieron con linternas en el Instituto Torcuato Di Tella, tras apagar las luces en medio de una reunión de artistas realizada en plena dictadura militar. Desde la oscuridad, otra voz respondió: "Jodansé por no estudiar".

"Creo haber escuchado la anécdota vía Guido Indij contando lo que le contó otra persona, así que puede haber varias versiones de la misma", dice el escritor Osvaldo Baigorria citado por Esteban Feune de Colombi en Del infinito al bife. Una biografía coral de Federico Manuel Peralta Ramos (Caja Negra), libro que se presentará el miércoles en la Fundación Cazadores.

Aunque la recopilación de testimonios de más de ciento cincuenta personas revela hasta qué punto se multiplicaron de boca en boca los relatos sobre la vida de Peralta Ramos, resulta verosímil creer que aquella voz era la del mítico personaje porteño considerado por muchos un "loco lindo" o un cómico del elenco del programa televisivo de Tato Bores, que tardaría en reconocerse como lo que fue: un pionero de la performance y del arte conceptual.

Así lo demostró por ejemplo con Nosotros afuera, aquel huevo gigantesco con el que participó en 1965 del Premio Nacional del Instituto Torcuato Di Tella. Medio siglo más tarde fue recreado en el Malba para una muestra curada por la española Chus Martínez, de título contundente: La era metabólica. De cómo Federico Manuel Peralta Ramos predijo Internet. "Federico Manuel es un artista conceptual con todas las letras. No se puede hablar de arte conceptual argentino sin hablar de él", opina en el libro Laura Buccellato, exdirectora del Museo de Arte Moderno de Buenos Aires, que le dedicó una retrospectiva en 2003.

Otra prueba fue el éxito de ventas que cosechó el año pasado con sus obras la galería Del Infinito en la feria madrileña ARCO. Ahora, la flamante fundación impulsada por la familia de Federico está abocada a la compleja tarea de realizar un catálogo razonado que estará disponible online para preservar un legado fácilmente expuesto a las falsificaciones, ya que a los pocos registros de sus acciones se suman muchas piezas desaparecidas y frases escritas en bares sobre servilletas de papel.

"Confirmé que es un artista único, irrepetible, que es lo más porteño que se te pueda ocurrir y al mismo tiempo lo más universal. Que forma parte de un extraño linaje en el cual están también Macedonio Fernández y Jorge Luis Borges", dijo a LA NACION Feune de Colombi, citando al artista Pedro Roth. Este último señala en su libro que Borges y Peralta Ramos "se parecen mucho entre sí, salvo que Federico es de 140 caracteres", en alusión al [anterior] límite impuesto por Twitter y a sus célebres frases. Como aquella que anotó en un papelito, en 1977: "Serás lo que te tocó ser y dejate de joder".

Espíritu vs. materia

"Del infinito al bife", escribió Peralta Ramos en el cuaderno de visitas de un amigo. Es el título de un libro que pensaba publicar y que según Feune de Colombi incluiría "páginas en blanco para recetas de comida, teléfonos, direcciones". "Él decía que la 'gente infinito' era la gente más espiritual, más esotérica, y la 'gente bife' es la gente materia, más terrenal. Entonces, 'Del infinito al bife' era un recorrido entre esas dos posibilidades", explica el autor de esta biografía coral, concebida como un "lejano epílogo de la obra" del artista al que tanto admira.

La idea del libro surgió el año pasado, a partir de una nota que escribió para LA NACION revista, a cincuenta años de la célebre comida financiada con la Beca Guggenheim. La historia es conocida: Peralta Ramos pidió que le giraran a Buenos Aires los dólares-hay distintas versiones sobre la cantidad-, que invirtió en una serie de acciones. Entre ellas se destacó La última cena ofrecida para veinticinco amigos en el hotel Alvear. Ese mismo año difundió los mandamientos de la "Religión Gánica", centrada en hacer lo que uno tiene ganas.

"Lo primero que hice fue juntarme con Diego, uno de los hermanos de Federico -recuerda Feune de Colombi-. Las cosas que me contó él, que había estado en la comida, en muchos casos se contradecían con la leyenda popular. Me pareció que ahí había una piolita de la cual tirar".

Tiró y tiró. Y salió de todo. Incluso testimonios que se contradicen entre sí y que conviven en el libro como una prueba más de los múltiples sentidos de su legado. "En un momento entendí que no había necesidad de encontrar una supuesta verdad, porque no existe -señala-. Federico es un personaje que sembró eso. Al principio me distraje con lo anecdótico, y después me fui dando cuenta de que la anécdota develaba aspectos muy profundos de la obra".

Un buen ejemplo es el recuerdo de Marta Minujín sobre las sesiones con Jaime Rojas-Bermúdez, el psiquiatra que diagnosticó a Federico como "psicodiferente" y lo medicó con antipsicóticos luego de otro gesto que pasó a la historia. En 1966 había hecho la oferta ganadora en una subasta para comprar un toro que quería convertir en obra; como no tenía un peso, la familia pidió disculpas y lo devolvió. "A mí, a otros amigos y a linyeras que levantaba por la calle nos llevaba a sus sesiones con Rojas-Bermúdez -asegura la artista-. Me contó que un día se desnudó por completo frente a él".

"Todo es un atisbo de obra"

"Como artista me conmueve profundamente. Muchas de sus performances me dejan atónito, y creo que hoy tenemos más herramientas para juzgarlas que antes. Él recitaba poemas en las barras de los bares todo el tiempo. Todo es un atisbo de obra. Si yo te dijera hoy que estoy haciendo una performance que consiste en ir a mis sesiones de terapia con alguien y vos venís conmigo, sería una locura", dice Feune de Colombi, meses después de haberse puesto e n la piel de trabajadores precarizados para participar de la última edición de la Bienal de Performance.

Ya en 1986 Peralta Ramos había montado en el Centro Cultural Recoleta La salita del Gordo. Era una mesa con un mantel y dos sillas, un espacio abierto a quien quisiera compartir un rato. "Él te recibía sentado ahí, en silencio o charlando", recuerda el artista Miguel Harte en D el infinito al bife. Eso ocurrió más de un cuarto de siglo antes de que Marina Abramovic, considerada "la abuela de la performance", realizara una acción similar en el Museo de Arte Moderno de Nueva York (MoMA): La artista está presente (2010) era una invitación a sentarse varios minutos frente a ella, que se limitaba a sostener la mirada en silencio.

"Hay obras de Federico -como la compra del toro o la cena en el Alvear- que no son un chiste. Por el contrario, él era muy serio respecto del arte que hacía. Estamos ante un pionero del arte de acción y yo, como crítica, lo veo más importante hoy que en aquel momento", opina en el libro la editora Patricia Rizzo.

La incomprensión lo afectaba, coinciden varios de los testimonios. También en que sufrió mucho tras la muerte de Sarita Seré, una exnovia que algunos definen como "el amor de su vida". Ella falleció como consecuencia de la anestesia al operarse una cicatriz que tenía en la cara, provocada por una quemadura. Hay quienes dicen que se había quemado por accidente; otros, que él le arrojó un líquido caliente.

"En el ochenta y ocho por ciento de los casos, la gente con la que hablé sonreía al recordarlo, lo extrañaba. Tenían un recuerdo tierno, grato. En todos supo imprimir algo", señala Feune de Colombi, quien lamenta su final, "entre incomprendido y solo". Falleció de un paro cardíaco a los 53 años, meses después de la muerte de sus padres, con quienes vivía.

"Al viejo, que era EL arquitecto de Buenos Aires y me pagaba lo que consumía su hijo, le cerré los ojos en el Diagnóstico -recuerda en el libro Mario Salcedo, diseñador y fundador de los bares Barbudos y Dadá-. Me decía: 'Cuidameló al Gordo'. Lo entendía totalmente: 'Federico hizo todo lo que yo no pude hacer'".

"Anote", le pidió un día Federico Manuel a la secretaria de su hermano Sebastián, antes de dictarle lo siguiente como parte de su saludo de cumpleaños: "El mundo no se divide en ricos y pobres, se divide en seres bienamados o malamados. El poder total lo tiene un ser bienamado, todo lo que hacemos en la vida es para recibir un poco de cariño."

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